Zaragoza
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Pilar Artola sabía que el momento de viajar por el mundo no le iba a esperar. Con 26 años, recién terminado el Máster de Profesorado, sin un trabajo estable y con algunos ahorros, tomó la decisión que cambió su manera de pensar: viajar durante 100 días por Latinoamérica con su pareja.

"Estuvimos hablándolo durante meses y al final, dijimos, venga, nos cogemos el vuelo y ya no hay marcha atrás", recuerda Pilar. A lo que además añade: "No voy a volver a tener tanto tiempo y ganas".

La idea era hacer un voluntariado y alternarlo con turismo para disfrutar de manera más económica al intercambiar trabajo por alojamiento -y en algunos casos también comida-. En total, realizaron cuatro voluntariados de entre 10 y 14 días cada uno por Argentina y Chile.

"Más o menos la mitad del viaje fue voluntariado; lo demás, turisteo puro”, explica.

El punto de partida fue Argentina. Allí trabajaron en un hostal realizando tareas de mantenimiento y recepción. Y al terminar sus días de trabajo, aprovecharon para visitar parte del país como las ciudades del Puerto Iguazú, hasta llegar al noroeste, a San Salvador de Jujuy y Salta.

El viaje los llevó también hasta Chile, y con él su primer trabajo de construcción. "Fue la construcción de una casa ecológica con barro y materiales reutilizables. Era el proyecto de una señora, nada que ver con un negocio", explica.

Aunque ninguno de los dos tenía experiencia previa en construcción, la acogida fue clave. “Sabían que no éramos profesionales. Nos ayudaron y nos enseñaron todo. Eran tareas asequibles para cualquiera sin conocimientos previos”, detalla Pilar.

A este voluntariado se sumó el trabajo de recepcionistas en un camping con la ayuda de construcción de una cocina, y, finalmente, la convivencia con una familia a la que ayudaron en tareas domésticas y mantenimiento.

Allí sus tareas se centraron en la colocación de bambúes en el techo y en mantener el huerto.

En cuanto al recorrido por Chile, fue prácticamente de norte a sur. "Cruzamos la frontera hasta San Pedro de Atacama y después fuimos bajando por distintas ciudades hasta llegar a la región de los lagos, los ríos y ya finalmente acabamos el viaje en el parque Torres del Paine, en la Patagonia", detalla.

Una ruta por el país chileno para la que tiene solo palabras buenas: "Fue súper bonito", asegura.

Pero aunque el voluntariado permitió abaratar costes, hubo muchos otros gastos. "Entre vuelos, seguros de viaje o distintas compras, nos dejamos cerca de 6.000 euros", señala.

Por eso, Pilar asegura que se ha gastado todos sus ahorros: "Me he quedado a cero", dice.

Lejos de arrepentirse, Pilar recomienda la experiencia sin dudarlo: "Es una salida total de la zona de confort, de animarte a hacer cosas que no te atreverías normalmente", comenta. Y añade una reflexión: "Somos muy afortunados de poder estar 100 días sin trabajar ".

Consciente de que no todo el mundo puede permitírselo, insiste precisamente en su suerte: "No todo el mundo puede, obviamente, pero si alguien tiene la oportunidad, te cambia totalmente la perspectiva. Es plantearte la vida con otra mentalidad", asegura.

"No todo el mundo puede ni tiene el mismo pensamiento de estar viviendo al día. Sin esa idea de a largo plazo sacar unas oposiciones, o de pensar que ahora no puedo ir porque tengo que estudiar, trabajar...", explica.

Por eso, para Pilar, son experiencias que probablemente solo se viven una vez. Y cuando llegan, hay que aprovecharlas.