Zaragoza es una ciudad abierta y muy cómoda para vivir. No tiene un gran tamaño como Madrid o Barcelona, en 15 minutos llegas a cualquier lado, y cuenta con todos los servicios.
Entre las personas que disfrutan de la capital aragonesa, hay casi 80.000 hispanos. Uno de ellos es Diego Tejada, colombiano que lleva 16 años en la localidad, y trabaja tras la barra de su bar que gestiona junto a su mujer.
Tejada llegó a Zaragoza en el 2010. Su madre ya vivía aquí y, como "se sentía un poco sola", decidió venir para acompañarla y empezar de nuevo juntos.
Un par de años después, fue ella quien le empujó a dar el paso de emprender con un bar en el barrio de Las Fuentes.
El sector de la hostelería no le venía de nuevas. En Colombia había crecido entre fogones y mostradores. "Yo me he criado con mi madre entre restaurantes, panaderías y negocios. Siempre he estado a su lado. Esto lo llevo desde pequeño", explica.
Puerta del bar-restaurante Yoli.
Así nació el Bar Restaurante Yoli, en la calle Monasterio de Siresa. Al principio, el local mezclaba cocina española y colombiana. "Tenía tapas de aquí y tapas de mi país, era un sitio mixto", recuerda.
La pandemia lo cambió todo. Los clientes habituales dejaron de bajar por miedo, pero muchos hispanoamericanos seguían acudiendo. "A raíz del COVID nos reinventamos y lo dejamos 100% colombiano".
"Aquí no vendemos solo comida, vendemos cultura. La música, la vestimenta, el ambiente… el que no conoce Colombia siente que viaja y el que es colombiano se siente en casa", comenta Diego.
Hoy el bar Yoli se ha convertido en un punto de encuentro. "Viene gente de todos lados. Estamos en un barrio trabajador, normal, pero nos visitan personas de todas partes", cuenta con orgullo. Esa identidad clara, dice, ha sido clave para consolidar el negocio.
Sin embargo, como en todo el sector Diego y su mujer Kathe hacen frente a una realidad compleja. "Todo ha subido muchísimo, y hacer frente a los gastos es complicado", pero el verdadero problema comenta, es la mano de obra: "El problema más grande ahora mismo es el personal. Conseguir trabajadores es muy complicado, porque casi nadie quiere sacrificar los fines de semana".
Diego y su mujer Kathe en el bar-restaurante Yoli.
En ese punto menciona la ayuda de John Jairo Escudero y su asociación ASOLAINT: "Nos han ayudado mucho a conseguir gente para trabajar y siempre intentamos colaborar con ellos", agradece.
El restaurante abre todos los días y detrás hay 14 trabajadores, "14 familias que dependen de que la persiana esté arriba".
Los gastos son muchos y los márgenes ajustados, pero Diego lo ve con optimismo:"Después del COVID nos hemos fortalecimos mucho. Fue tan duro aquello que ahora afrontamos todo con más resistencia".
A pesar de llevar media vida en Zaragoza y de estar contento porque "aquí le ha ido bien", hay algo que echa de menos: "En mi país la gente es más alegre", dice sin pensarlo.
Trabajar rodeado de colombianos le ayuda, aunque sigue notando diferencias. "Aquí la gente es muy educada, pero el zaragozano es un poco más frío. En Colombia puedes hablar con cualquiera; aquí cuesta más romper el hielo", reflexiona.
Diego no habla de nostalgia con tristeza, sino con cariño. Ha construido una vida feliz en Zaragoza, ha levantado un negocio familiar y ha encontrado su sitio sin dejar de mirar a Colombia.
