A poco más de una hora en coche de Zaragoza, en dirección Madrid, se esconde uno de esos lugares que sorprenden incluso a quienes creen conocer bien Aragón.
Hablamos de Daroca, un municipio que ha sabido conservar su carácter defensivo a lo largo de los siglos. Pasear por sus calles es hacerlo por un auténtico escenario medieval, donde cada piedra parece tener algo que contar.
Su gran seña de identidad es la muralla que abraza el casco urbano. Con cerca de 4 kilómetros de longitud y nada menos que 114 torreones, se trata de una de las fortificaciones mejor conservadas y más espectaculares de Aragón.
Además de ser una de las más largas de España, con respeto de la de Badajoz (más de 6,5 km) y la de Pamplona (con 5 kilómetros).
Historia de la muralla de Daroca
National Geographic la denomina como una de las "obras de ingeniería más colosales de la península", y razón no le falta.
En sus orígenes contaba con nada menos que 116 torreones, de los cuales 14 eran de gran tamaño, dibujando un perfil defensivo imponente. A día de hoy todavía cuenta con alguna de ellas, como la Torre de la espuela, la Torre de las cinco esquinas o la Torre de los huevos.
Su construcción tenía como objetivo la defensa militar. Primero, en época musulmana (del s. IX hasta el s. XI con la construcción del Castillo Mayor) para protegerse de las tropas que avanzaban desde el norte.
Más tarde, durante la Reconquista (s. XIV y XV), los cristianos ampliaron el Castillo Mayor y el recinto del pueblo para acoger a más darocenses, uniendo el cerro de San Cristóbal y el de San Jorge.
Con el paso de los siglos, las guerras y el desgaste del tiempo fueron debilitando su estructura. Sobre todo en el s. XIX, durante la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas, cuando se perdieron importantes elementos defensivos.
En 1931 fue declarada Bien de Interés Cultural, un reconocimiento clave para su conservación y posterior restauración en los 70', 80' y más adelante, entre el 2006 y el 2010.
Aún hoy es posible caminar entre los restos de esta antigua fortificación. El Portal de Valencia, la Puerta Baja o la Puerta del Arrabal siguen en pie, puertas históricas que, todavía, dan la bienvenida al pueblo.
Vistas de Daroca desde otra perspectiva
Qué ver en Daroca
Sorteando sus murallas, se accede a un casco histórico que sorprende desde el primer paso, recorriendo sus callejuelas con un característico trazado medieval.
Uno de los grandes imprescindibles es la basílica de Santa María. En su interior se conservan los Sagrados Corporales, ligados a uno de los milagros más conocidos de Aragón, en el que unas hostias sangraron ante una inminente incursión musulmana.
El recorrido monumental continúa con la iglesia de San Miguel, de origen románico. En su interior se conservan valiosas pinturas murales góticas, de gran colorido y notable estado de conservación.
Asimismo, bien merecen otra visita las iglesias de San Juan y Santo Domingo de Silos, las cuales muestran una interesante combinación de románico y el mudéjar, visibles sobre todo en torres y ábsides.
Si de monumentos se trata, no puede faltar un vistazo a las casas señoriales de Daroca, destacando 'El palacio de los Luna', la antigua 'Casa de Canónigos' o el 'palacio de Gil Bernabé', testigos del poder de algunas de las familias más poderosas de la época.
Otro edificio singular es el antiguo Hospital de Santo Domingo, sede del actual Museo de la Historia y las Artes. Una parada recomendable para entender la evolución del pueblo y su papel estratégico durante siglos.
Finalmente, ideales para hacer un merecido parón entre monumento y monumento, Daroca cuenta con una rica oferta gastronómica. Entre las opciones destaca el Bar-Restaurante La Roca (especializado en parrilla), el Perragorda o el bar Brasas 77.
Aunque todavía guarda muchos secretos por descubrir, esta localidad de Zaragoza promete una escapada llena de historia. Un lugar que sorprende por su pasado, por sus rincones y, sobre todo, por su impresionante muralla difícil de franquear.
