Viajar es cada vez más fácil. Los jóvenes no tienen problema en coger un avión e irse a la otra punta del mundo por un precio irrisorio.
Las gangas existen, pero hay que saber encontrarlas. Además, estas se dan solo para algunos destinos; hay otros en los que, sí o sí, hay que estar dispuesto a vaciar la billetera.
Islandia pertenece a este segundo grupo. No obstante, a pesar de no ser un país barato, su naturaleza salvaje, sus paisajes espectaculares, las auroras boreales y su accesibilidad hacen que muchos aventureros no se lo piensen dos veces.
Además, estos aventureros no tienen por qué ser mochileros de 26 años. El país está adaptado para que personas de 60, 70 u 80 años puedan disfrutar también de su belleza natural.
Emilio Mateo trabaja como guía turístico en la zona. Es aragonés, de Teruel, pero lleva varios años viviendo en el país nórdico y recomienda hacer "el viaje cuanto antes, porque los precios no van a bajar".
Viajar a Islandia
Islandia se ha consolidado como el destino soñado para los amantes de la naturaleza extrema, pero visitar la tierra de hielo y fuego requiere una planificación financiera importante.
Emilio, un guía turístico originario de Teruel que divide su vida entre Aragón y el Ártico, advierte a los viajeros sobre la realidad de los costes y los riesgos de buscar ofertas imposibles en un país con una estructura económica única.
Para quienes planean visitar la isla, la primera lección es ajustar el presupuesto. Según explica Emilio, “Islandia no es un país nada barato” y la tendencia no indica que vaya a cambiar: “Es un país que yo creo que no va a bajar ya el precio”.
Para un viaje estándar de una semana, que incluya hoteles, cenas, guía y actividades típicas como visitar una cueva de hielo o baños termales, el coste medio “suele rondar los 3.000 euros”.
Este precio elevado no es un capricho del mercado turístico, sino un reflejo de la carga fiscal que soportan los servicios en la isla.
Emilio, que trabaja como freelance, detalla la presión impositiva: “Se me va al tercer tramo. Es un 47 % de impuesto lo que pago, pero luego tengo que pagar un fondo de pensión obligatorio”, lo que eleva sus retenciones a cerca del “62 % de lo que gano mensualmente”. Esta estructura de costes provoca que “luego todo sea tan caro” para el turista final.
Una aurora boreal en Islandia.
Uno de los puntos más críticos que señala el experto es la proliferación del turismo ilegal, impulsado a menudo por las redes sociales. Emilio denuncia la aparición de “guías falsos o agencias falsas que nos vienen sobre todo de España y de Italia”.
El modus operandi suele pasar por los influencers: “Los típicos de Instagram que montan un viaje… Gente con muchos seguidores organizan un viaje aquí a Islandia, alquilan una furgoneta normal y ya”.
El problema, advierte, es la falta de cobertura legal y de seguros adecuados. “Mientras todo va bien, no pasa nada. Pero en cuanto hay un problema, un accidente o les para la policía, descubren que no tienen los seguros”, explica, señalando que estos operadores actúan así “para no pagar los impuestos aquí”.
Para evitar estafas, Emilio, que opera legalmente a través de agencias autorizadas, insiste en que él no puede vender el tour directamente a un particular en la isla, sino que debe ser contratado a través de empresas que cumplan con la normativa islandesa.
A pesar de los costes, la experiencia islandesa ofrece una accesibilidad difícil de encontrar en otros lugares. Emilio describe el país como una mezcla de paisajes “abrumadores” y comodidades de “primer mundo”.
La infraestructura permite que la naturaleza extrema sea accesible para todos los públicos, desde familias hasta personas con movilidad reducida. “Todo está a pie de carretera casi. Es el parking, aparcas el autobús, caminas 500 metros y llegas al glaciar. Y lo tocas”, relata el guía, destacando que esta facilidad “no ocurre en otro lugar del mundo”.
Viajar a Islandia no es un plan improvisado, pero quienes se animan a hacerlo descubren que es una experiencia única e inolvidable. Desde glaciares que parecen infinitos hasta cielos iluminados por auroras boreales, cada momento justifica la inversión.
