A aquellos que no tengan pereza de coger un coche y conducir un par de horas, se les abre un horizonte infinito de posibilidades. Sobre todo si viven en Zaragoza.
National Geographic siempre tiene reportajes en profundidad preciosos que nos descubren historias y lugares recónditos, y con ganas y un coche podemos llegar a muchos de esos parajes.
Uno de los pueblos que National Geographic recomienda es Calaceite. A los aragoneses seguro que les suena, pero a menudo, lo cercano por conocido pasa inadvertido.
Durante la pandemia se puso de moda el turismo urbano; como no se podía viajar la gente hizo turismo por su propia ciudad.
Aunque haya vuelos a Roma por 60 euros, hacer escapadas de fin de semana a los pueblos de tu comunidad también puede ser un viaje de ensueño.
Matarraña
Calaceite está en Teruel, concretamente en el Matarraña. Los aragoneses habrán asentido entendiendo porqué lo recomienda National Geographic.
Para el resto de españoles que siguen con la duda, hay que aclarar que a la zona se la conoce como la 'Toscana española'.
Vista de Valderrobres, capital de los 18 pueblos de la comarca del río Matarraña, en Teruel.
El lugar cuenta con una belleza natural espectacular que cambia de color con las estaciones, y una serenidad que envuelve sus antiguos castillos y calles empedradas.
Esta comarca, compuesta por 18 municipios y bañada por el río Matarraña, posee un marcado carácter mediterráneo debido a su proximidad (a unos 20 kilómetros en línea recta) con el mar y su ubicación fronteriza con las comunidades valenciana y catalana.
Aunque pueblos como Valderrobres o Beceite destacan por su encanto medieval, Calaceite es reconocida como la capital cultural y monumental de la región.
La zona hay que visitarla sí o sí.
Qué ver en Calaceite
Calaceite es uno de esos pueblos que se descubren sin prisas, entregándose a una caminar lento y ocioso que permita apreciar cada rincón de su excepcional conjunto urbano renacentista y barroco, uno de los mejor conservados del Matarraña.
El pueblo cuenta con poco más de 900 vecinos, y si vamos con calma y tenemos la suerte de cruzarnos con alguno, nunca está de más preguntar; seguro que aparte de indicaciones nos regalan alguna que otra anécdota del lugar.
Plaza de Calaceite.
Calaceite no es muy grande y el paseo no se hace pesado. Eso sí, hay que fijarse bien para que no nos pasen desapercibidas sus joyas arquitectónicas.
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Portal de Maella y capilla de la Virgen del Pilar. Situados en la entrada norte del casco histórico, este antiguo portal defensivo fue uno de los cuatro accesos a la villa. En el siglo XVIII se construyó sobre él la capilla dedicada a la Virgen del Pilar, transformando su función militar en religiosa. En este punto confluyen cinco calles que conectan distintas zonas del pueblo.
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Calle Maella. Una de las calles más bonitas de Calaceite, unida al Portal de Maella. Se encuentra en el núcleo antiguo y destaca por sus casas señoriales de estilo barroco, con balcones de forja, portales de piedra de sillería y escudos nobiliarios.
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Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Iniciada en el siglo XVIII, es uno de los edificios barrocos más importantes del Matarraña. Fue construida sobre los restos de la antigua iglesia gótica de Santa María del Pla, del siglo XIV. Destaca su portada con columnas salomónicas. Frente a ella se encuentra la Casa de la Justicia, uno de los edificios civiles más destacados del municipio.
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Plaza de España (Plaza Mayor). Centro neurálgico de la localidad. De planta irregular y con soportales, alberga el Ayuntamiento, construido en 1609 y de estilo manierista. Bajo la plaza se conservan los antiguos silos donde se almacenaban los cereales que se pagaban como tributos. El mercado, tradicionalmente celebrado bajo los porches, sigue teniendo lugar cada miércoles.
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Calle Mayor. Vía principal del casco histórico, donde se conservan grandes edificios nobles del siglo XVIII.
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Portal de Orta y capilla de Santa Antoni. Antiguo acceso que conducía a Horta de Sant Joan. En el siglo XVIII se construyó sobre el portal la capilla dedicada a Santa Antoni.
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Capilla de San Roque. Documentada en 1555, se encuentra en el antiguo hospital. El edificio actual corresponde a una ampliación de principios del siglo XVII, de estilo renacentista, atribuida a Pedro Pizarro. Está situada junto al antiguo camino hacia Caseres, en una zona que fue frontera con Cataluña.
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Casa Teresa Jassà. Construida sobre el terreno del antiguo molino de la Vila, fue adquirida en 1960 por Teresa Jassà, ceramista y escritora nacida en Calaceite en 1928. Desde esta casa impulsó importantes iniciativas culturales en la localidad hasta su fallecimiento en 1999.
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Casa Moix y Casa Jassà. La Casa Moix, del siglo XVIII, destaca por su gran balcón sostenido por ménsulas decoradas. La Casa Jassà es de estilo gótico. Ambas edificaciones fueron reproducidas en el Pueblo Español de Barcelona.
Panorámica de Calaceite (Teruel).
Calaceite cuenta con un conjunto urbano renacentista y barroco muy bien conservado, y un entorno natural que es un auténtico tesoro, lo que ha atraído históricamente a artistas y escritores.
Entre ellos destacan los chilenos José Donoso y Mauricio Wacquez, vinculados al boom latinoamericano y pioneros del turismo rural en la zona.
“El paisaje sigue bello, casi intocable, el río Matarraña, los ancianos olivares y sus cipreses…”, así describió Donoso el Matarraña, una definición que sigue vigente hoy en día.
El entorno del municipio está dominado por amplias extensiones de olivos, una tradición agrícola profundamente arraigada. ¡En el siglo XVIII, el aceite producido en Calaceite y pueblos vecinos llegó a utilizarse para iluminar las calles de París! En la actualidad, esta producción se orienta hacia la gastronomía de calidad y a la agricultura ecológica.
