Cada comunidad autónoma tiene su propia riqueza cultural, gastronómica y lingüística. Aunque haya una historia y una tradición común,cada punto de España posee singularidades.
Entre esas notas características destacan las diferentes palabras para nombrar la misma cosa. Por ejemplo, autobús tiene un uso general en casi toda España pero en algunos lugares se dice bus, autocar o guagua.
Una palabra que utilizan los aragoneses los días de lluvia y que no se entiende en el resto de España es 'chipiarse'.
La lengua castellana posee una riqueza extraordinaria. El diccionario de la Real Academia Española recoge alrededor de 90.000 palabras, aunque una persona media utiliza en su vida cotidiana unas 300, y alguien considerado culto alrededor de 500.
Se trata de las palabras que se usan habitualmente, no de todas las que se conocen.
Además, en cada comunidad autónoma surgen expresiones propias y, en aquellas que cuentan con lengua o dialecto propio, a veces la comunicación puede resultar compleja, ya que es habitual la mezcla de términos.
En Aragón, por ejemplo, existe una gran variedad de palabras que se emplean exclusivamente en la comunidad: escobar, escaparrar, ababol, a corderetas…
Cuando se utilizan fuera de este contexto, es necesario explicar su significado: escobar equivale a barrer; escaparrar, a mandar a alguien a paseo; ababol es un insulto cariñoso; y a corderetas significa llevar a alguien a hombros. Y así podríamos seguir enumerando ejemplos casi sin fin.
Chipiarse
Entre estas palabras aragonesas está la que utilizan los días de lluvia: chipiarse.
Chipiarse es un verbo coloquial muy usado en Aragón que significa mojarse mucho, normalmente de forma accidental o no deseada, ya sea por lluvia, agua o barro.
Se emplea sobre todo cuando alguien acaba empapado más de lo normal, no solo un poco húmedo.
Por ejemplo: “Me he chipiado entero cruzando el río” o “Con la tormenta nos chipiamos hasta los calcetines”. Tiene un matiz muy expresivo y cotidiano, típico del habla popular aragonesa.
Además, chipiarse transmite cierta sensación de molestia o fastidio por haberse mojado, no es un término neutro.
No se usa igual que “mojarse” en español estándar, porque suele implicar abundancia de agua y una situación algo torpe o inesperada.
Otras palabras aragonesas
Aunque el aragonés no se utiliza de forma bilingüe por la mayoría de la población, está presente en el habla diaria de Aragón.
A través de palabras y expresiones heredadas, esta lengua continúa transmitiendo la identidad y la cultura de la comunidad. Muchas de ellas son tan locales que, al emplearse fuera del territorio aragonés, suelen provocar sorpresa o incomprensión.
Una de las expresiones más representativas es “ir de propio”, utilizada para indicar que se va a un sitio con una intención concreta, dejando de lado cualquier otro asunto.
En Aragón es habitual escucharla, pero en otras zonas de España rara vez se entiende su significado. Algo parecido ocurre con “laminero”, un término muy arraigado para describir a alguien especialmente aficionado a los dulces, una palabra prácticamente desconocida fuera de la comunidad.
También destacan vocablos como “ababol”, que en su sentido literal hace referencia a la amapola, pero que coloquialmente se usa para señalar a una persona despistada o ingenua, casi siempre con un matiz cariñoso.
En la misma línea expresiva aparece “dar pampurrias”, una expresión que se emplea cuando algo produce una sensación intensa de repulsión o desagrado, más fuerte incluso que el simple escalofrío, lo que suele resultar chocante para quienes no la han oído antes.
Por último, encontramos “zaborrero”, una palabra contundente para calificar a alguien poco cuidadoso o chapucero, con una fuerza expresiva mayor que su equivalente en castellano.
Todas estas formas de hablar, y muchas más, demuestran que el aragonés sigue vivo en el lenguaje cotidiano.
Aunque no siempre sean comprendidas en el resto de España, forman parte esencial del día a día de sus habitantes y contribuyen a mantener vivo un valioso patrimonio lingüístico y cultural.
