Zaragoza
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La juez del 'caso Tauste' llamará a más testigos tras escuchar a los vecinos y amigos de Javier Sánchez y Esther Latorre, a la amante del detenido, al que fuera su casero y a familiares de Carlota.

La titular del Juzgado de Instrucción de Ejea de los Caballeros tiene que oír aún a Olga, la hermana pequeña, pero su declaración sigue aún sin fecha, ya que la joven vive actualmente en Dublín.

El proceso se está desarrollando en medio de un gran hermetismo por respeto a la familia. No obstante, según ha podido saber EL ESPAÑOL, las ocho personas a las que se ha llamado hasta la fecha en calidad de testigos no serán las únicas.

Tras las primeras declaraciones han salido a la luz más nombres que podrían arrojar más información sobre el doble crimen, cuyo juicio podría demorarse hasta finales de 2027 o principios de 2028, según calculan las partes.

A las nuevas pruebas testificales se podrían añadir otras de carácter forense aún por concretar.

Carlota, embarazada de unas 19 semanas, y Luis Carlos siguen y seguirán mientras tanto en la cárcel de Zuera, sin que esté previsto que la hija mayor del matrimonio pueda ser trasladada a otras dependencias a corto plazo por su estado o sus problemas de salud mental.

La ropa sigue sin aparecer

Más de mes y medio después del terrible suceso sigue sin haberse encontrado ni el cuchillo de cocina que utilizaron para acabar con la vida del matrimonio ni la ropa que llevaron la noche de autos.

Se busca tanto la camiseta de ella como el polo blanco que llevaba él y sus pantalones vaqueros.

El joven colombiano fue aparentemente el único que se cambió por completo tras la violenta muerte de Javier Sánchez y Esther Latorre.

Solo esta última recibió una treintena de puñaladas, una terrible 'carnicería' que les llevó a recurrir a una fregona para tapar sus huellas.

Que Carlota regresase a casa prácticamente con la misma ropa parece reforzar la teoría de que ella fue el 'cerebro' del doble crimen y Luis Carlos, el brazo ejecutor.

Los dos fueron captados a la ida y a la vuelta por las cámaras de la estación de Delicias de Zaragoza, las instaladas en Tauste y las de la estación de Gallur, localidad a la que se desplazaron a pie para volver cuanto antes a la capital aragonesa.

En el caso de Carlota, su vestuario apenas varía en el 'antes' y el 'después'. La única diferencia es la camiseta. Ambas son blancas, pero la primera es lisa y la segunda lleva unas letras negras estampadas.

Los pantalones, los calcetines y las zapatillas parecen las mismas.

No ocurre así con Luis Carlos. Su polo pasa a 'convertirse' en una camiseta azul eléctrico y sus pantalones, unos vaqueros largos, en pantalones cortos oscuros.

Llama la atención que, a la vuelta, ambos optaron por ponerse una gorra negra. Probablemente, para tratar de pasar desapercibidos.

Ni él ni ella han roto su silencio en prisión, y los testimonios escuchados hasta el momento no parecen haber aportado información sobre las que siguen siendo dos de las grandes incógnitas del caso.

Conforme pasen las semanas se empezarán a ver, también, las estrategias de los acusados, defendidos por Juan Manuel Martín Calvente en el caso de Carlota y por Sergio Piracés en el de Luis Carlos.

Hasta ahora, ninguno de los dos ha cargado las tintas contra el otro, aunque la jueza cree que la hija mayor fue "la impulsora".

Él, definido como una persona muy influenciable por su letrado, confesó a dos amigos y al propio médico forense haber matado a los dos, aunque posteriormente ha dado la callada por respuesta.

Por el momento se les juzga por homicidio, aunque podrían terminar respondiendo por homicidio agravado -asesinato- si se reúnen suficientes pruebas.

La planificación del crimen y su crudeza les podría deparar hasta 25 años de prisión por cada víctima mortal.