Ya está hecho. Hemos convocado una huelga general en la legislatura de Pedro Sánchez; algunos nos lo estaban demandando desde hace casi ocho años. Sin embargo, me sorprende que esos mismos hoy estén escandalizados. Nos llamaban “apesebrados” por no hacerla y ahora nos critican por lo contrario ¿En qué quedamos?
No hace ni quince días que en este mismo espacio en otro artículo sobre negociación colectiva advertía sobre que nos acercábamos a un otoño “caliente”. Sinceramente, no estaba pensando en una huelga general, como sí lo hice cuando se rechazó el decreto de reducción de la jornada laboral, sino más bien en una serie de movilizaciones sectoriales.
Todo cambio hace poco más de una semana con el desahucio de la hoy fallecida Mª Carmen. Fue la gota que colmó el vaso de la indignación. También veníamos avisando en los últimos meses que el acceso a la vivienda o mejor dicho la falta de ella, y a un precio asequible era el mayor problema de españoles y españolas, de la juventud en mayor medida, pero también del resto y principalmente de la clase trabajadora.
Este verano UGT celebró unas jornadas de vivienda donde quedaron de manifiesto los problemas en torno a ella; la presencia de un mercado del alquiler especulativo es uno de ellos, donde la presencia de los llamados “fondos buitre” alzan los precios de todos los alquileres, buscando un beneficio desorbitado, al que se apuntan casi todos.
Por otro lado, los pisos de alquiler turístico están expulsando del mercado del alquiler viviendas que agravan el problema; por no hablar de la compra, que se ha convertido en misión imposible para una persona. Adquirir una vivienda nunca ha sido fácil, pero ahora se agrava; ni siquiera la opción de protección oficial, que está por encima de los doscientos mil euros más IVA en Aragón.
Eso es solo un breve resumen, evidentemente hay mucho más donde profundizar y con muchos más elementos. El artículo que mencionaba explicaba que existía un bloqueo por parte de las patronales de ámbito nacional del Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), donde primero surgió el proceso para elegir al presidente de CEOE y ahora las elecciones generales del 29N y que supone, decenas de convenios paralizados por no disponer de la guía y el marco estatal, que ofrece el AENC.
Mientras tanto, la inflación se dispara fruto y por culpa de una guerra que nunca debió de empezar, la de Irán e impulsada por Donald Trump - figura aclamada por el líder de algún partido político español - a quien nadie pide cuentas. Tampoco se las piden a las grandes energéticas españolas, que han doblado los beneficios en los primeros seis meses a costa de que los ciudadanos paguemos los carburantes a dos euros, con un barril Brent hoy a 103 dólares y una gasolina a 1,99 euros.
Ante esta situación, que me expliquen esta proporción respecto al inicio de la guerra de Ucrania, cuando en marzo de 2022 llegó el barril a 140 dólares y la gasolina alcanzó un pico de 1,90€. Entonces se obligó a aplicar el descuento de veinte céntimos; hoy los han llevado directamente a beneficios. Y podríamos decir lo mismo del incremento de los precios en los supermercados, que van directamente a sus cuentas de resultados y malpagando a los productores agrícolas.
Siguiendo con las causas por las que alzar la voz, los accidentes laborales, con más de tres víctimas mortales de media al mes en Aragón y la nueva ley de prevención de riesgos laborales sin aprobar por el Parlamento, mejor aún; ni tan siquiera presentada para su debate.
Todas estas razones, ninguna de ellas por sí solas, pero todas en su conjunto, sí son más que suficientes para convocar esta huelga general.
¿Contra quién?: contra todos: políticos: patronales y especuladores de toda índole que están asfixiando a la clase trabajadora. Un Parlamento que vive de espaldas a la ciudadanía en una realidad paralela a la de la calle y que no escucha. Por eso están las plazas llenas de indignación. Las patronales nacionales que ven un cambio de ciclo y esperan a que esta vez sí, el BOE les solucione los problemas; unos Fondos buitre sin escrúpulos que echan de su casa a cientos de familias y unas empresas energéticas sin límite en su ambición por los beneficios. Por todo ello, convocamos la huelga.
Habrá quien eche cuentas, primero augurando un fracaso y segundo, diciendo que el coste para las empresas y el país es insostenible. La gente va a parar o no, porque las dos cosas no pueden ser; son imposibles. Y de ninguna manera es un gasto, es una inversión en dignidad, en nuevos derechos.
Todos los avances de la clase trabajadora se han conseguido así, con movilizaciones, con huelgas que obligan a negociar con ganas de llegar a acuerdos.
Quisiera aprovechar para dirigirme a los políticos, a todos pedirles que hagan la huelga. Párense un día a reflexionar, viene bien; piensen si se está haciendo todo lo posible por escuchar a la mayoría social; si se está legislando o impidiendo que se aprueben leyes que puedan mejorar la vida de las personas o para complicársela más; es necesario parar y pensar.
El próximo día 11 de noviembre, todos y todas estamos llamados a secundar la huelga general por la dignidad de los derechos, de la salud y para que no haya gente sin casa, ni casas sin gente.
