Hace unos días di una vuelta por el Corredor Verde, junto a Valdefierro. En unos pocos años se han construido varios cientos de viviendas y el paraje era desolador.
Ni un solo local comercial en los bloques de viviendas.
Las calles muertas. Era un desierto.
Se oían voces de niños jugando en el interior de los grandes patios de las manzanas. Allí había jardines, piscinas, gente … vida.
Y en el resto de la ciudad, en la llamada ciudad consolidada, veo cómo los comercios echan la persiana poco a poco. La ciudad se va degradando y empobreciendo en cuanto a vida social, a vida urbana.
Se está perdiendo el equilibrio que debe existir en las ciudades.
Si miramos por internet vemos que no es que pase en Zaragoza, pasa en muchos otros países.
¿Qué está pasando en el urbanismo moderno? Porque no solo es en esta zona; en otras muchas pasa lo mismo.
¿No hay política comercial digna en las ciudades actuales?
El comercio es una parte integrante de la ciudad, es lo que da vida al espacio público, da carácter a las calles además de servir para obtener bienes de reposición diaria o superior.
Hace unos años echábamos la culpa a las grandes superficies comerciales, pero internet es quizás un competidor mucho mayor.
Es cierto que por diferentes circunstancias, en los centros de las ciudades la población ha envejecido y han aparecido muchos (cada vez más) hogares unipersonales, que hacen que baje la masa crítica para la rentabilidad de un comercio, lo que conlleva su paulatina desaparición.
Seguramente habría que enfocar el problema sin demonizar ninguna forma de comercio, sino buscando de manera equilibrada que la población pueda cubrir sus necesidades.
Quizá la clave esté en la adaptación a las nuevas formas de comercio y en dar respuesta a lo que los habitantes demandan. Seguramente habrá también que plantear la revitalización urbana y promocionar el comercio local de manera imaginativa.
En este sentido, la pasada Corporación municipal planteó una idea muy ambiciosa que contemplaba galerías comerciales urbanas descubiertas en la mayor parte de los barrios de la ciudad.
Quizá era demasiado ambiciosa y habría que haberla planteado en fases y a pequeña escala para comprobar su eficacia y corregir errores. Una lástima que se haya quedado en nada.
Sin embargo, un éxito sin precedentes ha conseguido la campaña “Volveremos”, ya con varias ediciones y con un seguimiento espectacular.
Podemos ver que cuando se buscan soluciones, se pueden encontrar.
La verdad es que las características que demanda un comercio son ya conocidas y tienen mucho que ver con el precio de los locales.
Cuanta más gente pase por el escaparate, cuanto más ancha sea la acera (hasta unos límites que impidan la lejanía del escaparate) y cuanto más “céntrica” sea la calle (puede ser la de un barrio), más valor comercial tiene.
Por eso en la calle Alfonso, que es totalmente peatonal, las tiendas locales han ido desapareciendo y ahora la mayoría son franquicias.
Al peatonalizarla completamente, la gente circula menos próxima a los escaparates, pero los precios de los locales subieron de tal manera que expulsaron al comercio tradicional, que no podía ser rentable.
Sin embargo, en la calle Don Jaime, peatonalizada en parte, la gente se mantiene próxima a los escaparates porque por el centro circulan vehículos. Si nos fijamos, en esta calle el comercio más o menos tradicional se ha mantenido.
En fin, pasando de lo particular a lo general, hay que insistir en que nuestra ciudad, como la gran mayoría de las ciudades europeas, están perdiendo vida urbana a marchas aceleradas, que vamos hacia ciudades poco deseables, y que las administraciones deberían poner los medios para que esto no pase, para revitalizar cada barrio de la ciudad, no solamente desde el punto de vista urbanístico, sino de manera global.
