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Dieciocho años después de la inauguración de la Expo Zaragoza 2008, es inevitable mirar atrás y reconocer la magnitud de aquella aventura colectiva que transformó la ciudad y proyectó su nombre al mundo.

La recuperación de las riberas del Ebro, la construcción de nuevas infraestructuras, la regeneración de amplios espacios urbanos y la creación de equipamientos emblemáticos forman parte de una herencia tangible que sigue definiendo el paisaje contemporáneo de Zaragoza.

La Asociación Legado Expo entiende que, además de la herencia material, el auténtico legado de la Expo reside en las personas, en las ideas y en los valores que impulsaron aquel proyecto y en la capacidad de transmitirlos a las generaciones futuras.

La celebración del 18º aniversario de la Expo Zaragoza 2008 adquiere precisamente ese significado. Al alcanzar simbólicamente su mayoría de edad, el legado de la Exposición deja de ser únicamente un recuerdo para convertirse en una responsabilidad compartida.

En los actos del aniversario estarán presentes dieciocho personas reconocidas como artífices de la Expo Zaragoza 2008.

Hombres y mujeres que, desde diferentes ámbitos de responsabilidad, contribuyeron a hacer realidad uno de los proyectos más ambiciosos de la historia reciente de Aragón. Junto a ellos participarán dieciocho jóvenes nacidos precisamente en 2008, el mismo año en que la Exposición abrió sus puertas al mundo.

La coincidencia no es casual. Es una declaración de principios.

Durante los primeros meses de 2026, estos jóvenes han participado en un programa de formación que les ha permitido conocer de primera mano los principales elementos del legado de la Expo.

Han visitado espacios emblemáticos, han dialogado con algunos de sus protagonistas y han descubierto cómo una ciudad fue capaz de movilizar talento, recursos e ilusión para construir un proyecto compartido.

Estos jóvenes pertenecen a una generación que no recuerda la Expo porque nació al mismo tiempo que ella. Para ellos, el recinto de Ranillas, el Acuario, la Torre del Agua o el Puente del Tercer Milenio han formado siempre parte del paisaje urbano.

Sin embargo, desconocían en gran medida el esfuerzo colectivo, la visión estratégica y la ambición internacional que hicieron posible aquella transformación.

El programa formativo ha permitido precisamente tender un puente entre el presente y el pasado. Ha demostrado que el legado no consiste únicamente en conservar espacios físicos, sino en comprender el significado de las ideas que los originaron.

La Expo Zaragoza 2008 fue una invitación a reflexionar sobre la gestión sostenible del agua, sobre la cooperación entre pueblos, sobre la necesidad de preservar los ecosistemas y sobre la importancia de construir un desarrollo compatible con el respeto al medio ambiente.

Dieciocho años después, esos desafíos no solo siguen vigentes, sino que han adquirido una relevancia aún mayor.

Por eso resulta tan importante que los jóvenes conozcan aquella experiencia. Porque las soluciones del futuro no surgirán de la nada. Necesitan apoyarse en el conocimiento acumulado, en las lecciones aprendidas y en los ejemplos de quienes fueron capaces de convertir una idea en una realidad.

El encuentro entre los artífices de la Expo y los jóvenes nacidos en 2008 representa, en este sentido, un auténtico pacto intergeneracional.

Un compromiso entre quienes construyeron una parte importante de la Zaragoza contemporánea y quienes tendrán la responsabilidad de imaginar y liderar la Zaragoza del futuro.

Toda sociedad necesita mecanismos de transmisión. Los conocimientos, los valores y las experiencias no pueden quedar encerrados en una generación.

Cuando esa transmisión se interrumpe, se debilita la memoria colectiva y se empobrece la capacidad de afrontar nuevos retos. Por el contrario, cuando las generaciones dialogan, la sociedad se fortalece y se hace más capaz de innovar sin renunciar a sus raíces.

Este espíritu de colaboración y continuidad es el que también encarnan las personas premiadas este año por la asociación Legado Expo: mención de honor para Antonio Cuenca Bueno, CEO de Ebrobizi, por su impulso, colaboración y apoyo constante al futuro del Legado Expo.

Agradecimiento especial a Jesús Morte Bonafonte, cuya labor permitió mantener activo el Acuario y seguir desarrollando su función educativa y científica en circunstancias extraordinariamente complejas. Además, acogió a la Asociación Legado Expo y facilitó el desarrollo de numerosas actividades de divulgación y formación en su sede.

El Premio Anual es para Roque Gistau Gistau, presidente de la Sociedad Estatal Expoagua, por conducir como magistral director de orquesta aquel proyecto integrado por cientos de “profesionales con corbata y genios con coleta”.

Estos reconocimientos son importantes porque ponen rostro al legado. Nos recuerdan que detrás de cada proyecto colectivo existen personas concretas, comprometidas y generosas. Personas que entienden que el futuro se construye a partir de la colaboración y de la responsabilidad compartida.

Quizá esa sea la principal enseñanza que nos deja esta celebración de la mayoría de edad de la Expo Zaragoza 2008. El legado no pertenece exclusivamente a quienes lo crearon ni tampoco a quienes lo heredarán. Pertenece a ambos. Es una construcción continua que pasa de unas manos a otras, enriqueciéndose en cada etapa.

La imagen de los dieciocho artífices junto a los dieciocho jóvenes nacidos en 2008 resume mejor que cualquier discurso el sentido profundo de esta conmemoración. Unos representan la experiencia, la memoria y el esfuerzo realizado. Los otros simbolizan la innovación, la esperanza y las oportunidades del futuro.

La mejor noticia que nos ofrece hoy el legado de la Expo: comprobar que sigue vivo, que continúa generando compromiso y que ya ha comenzado a pasar, con ilusión y responsabilidad, de una generación a otra.

*Francisco Pellicer, presidente de la Asociación Legado Expo Zaragoza 2008