En un paseo reciente por el Corredor Verde he podido comprobar que en las últimas promociones de varios cientos de viviendas junto a Valdefierro, no existen locales comerciales, solo porches vacíos.
¿A qué se debe? Parece que aunque la normativa urbanística los contempla, a los promotores no les sale rentable, prefiriendo transformar la edificabilidad en vivienda. Parece un modelo similar al de los años 70 de La Romareda, fruto de una tendencia de moda en aquellos momentos y demostrada claramente equivocada.
Desde que se generalizó la sectorialización del urbanismo (aquí vivimos, allí trabajamos y más allá vamos de compras o de ocio), hemos perdido el concepto de ciudad funcional, accesible y, sobre todo, vital. Porque una ciudad sin comercio (o un comercio sin ciudad) no son posibles, o no deberían serlo. En la ciudad lo deseable es que se integren las viviendas, el comercio y los servicios.
Aunque los modos de vida cambien, lo que llamamos el comercio de reposición diaria y el comercio de proximidad (ya sean ferreterías, floristerías, mercerías, peluquerías o cualquier otro) son absolutamente necesarios para una vida urbana normal en un barrio o en un vecindario. También hay comercio especializado que solo se encuentra en el centro de la ciudad o en los parques comerciales, pero no podemos, ni debemos, desplazar la totalidad a ellos.
El problema es que la ciudad ya existe, ya está construida, por lo que el esfuerzo debería centrarse en mejorar sus condiciones para que no desaparezca. Y ahí es donde, más que el urbanismo, el diseño del espacio urbano debe ser protagonista.
En la pasada corporación del ayuntamiento de Zaragoza, junto con la Cámara de Comercio, se elaboró un estudio profundo sobre las características del comercio de la ciudad que pretendía la ejecución de diferentes galerías comerciales abiertas, entre otras muchas medidas, para lo que era necesaria una inversión importante. Sin embargo, nada de lo previsto se ha llevado a cabo. Lo paradójico es que toda la investigación llevada a cabo y sus conclusiones seguramente están en un cajón de algún despacho, sin que nadie las utilice.
Por otra parte, en enero de este año Barcelona fue elegida la primera Capital Europea del Comercio de Proximidad 2026, imponiéndose en la categoría de ciudades de más de 250.000 habitantes a Zaragoza y Utrecht. Ganó el premio por su liderazgo estratégico en el crecimiento económico y su apuesta por el comercio local. Zaragoza fue reconocida a nivel europeo por su modelo de comercio local, incluido “Volveremos”. A la vista está que queda mucho por mejorar.
Como decíamos, mejorar el entorno, mejorar el espacio urbano, hacerlo atractivo, hacerlo accesible, ensanchar aceras, peatonalizar, crear lugares de encuentro, volver al mercado en la calle (en Francia hay ciudades en las que un día a la semana el comercio local sale a algunas calles a modo de mercadillo), ferias semanales o mensuales en espacios peatonalizados, como ya ocurre en la universidad los viernes o en la plaza del Pilar los fines de semana … Hay muchas medidas posibles, pero hay que adoptarlas.
Pero por falta de espacio y resumiendo ¿qué ciudad queremos? ¿una en la que solo haya viviendas? Como creo que la respuesta es negativa, el ayuntamiento tiene que motivar el tejido comercial, tiene que procurar que se construyan locales, tiene que rebajar su fiscalidad, tiene que incentivarlo; y el comerciante tiene que motivar al ciudadano, tiene que buscar fórmulas para reinventarse y hacer más atractiva su oferta. Es evidente que hay que llegar a acuerdos, porque en los últimos 10 años en España se han perdido 142.000 comercios, mayoritariamente comercio local, y sí, la pandemia tuvo efectos nefastos.
Pero si queremos una ciudad vital, el ayuntamiento debe tener un modelo comercial, una hoja de ruta que pasa por aprovechar el ingente estudio que se ejecutó por la Cámara de Comercio en la pasada corporación municipal. Desaprovecharlo es un lujo que la ciudad no puede permitirse. Coordínense las diferentes áreas municipales para mejorar Zaragoza, por lo menos en el ámbito comercial. Todos los ciudadanos lo agradeceremos.
