Rafael Guía, secretario general del PSOE Teruel
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A Azcón no le han salido bien las elecciones autonómicas convocadas con el único objetivo de desgastar a Pedro Sánchez en favor del aspirante Feijóo y sin tener en cuenta el interés de Aragón.

Su consuelo parece pasar solo por la pena del PSOE. Reconocemos sin paños calientes que hemos obtenido un mal resultado y trabajaremos desde la oposición por recuperar la confianza de los aragoneses. Aunque quienes se regodeaban previamente con “la debacle absoluta” del socialismo han hecho que no lo parezca tanto.

Nunca está mal recordar que la última vez que los socialistas tuvimos 18 diputados en las Cortes, gobernamos. Entonces fue Podemos la tercera fuerza con 14 diputados y más votos de los obtenidos por Vox, por cierto.

Hoy Podemos ya no tiene representación en Aragón. Este domingo perdió su único diputado cuando hace menos de tres años estaba gobernando. El PAR tampoco estará. El antaño “garante de la estabilidad” no encuentra su sitio en un escenario polarizado.

Claro que, atendiendo al trasvase de votos en localidades donde fueron hegemónicos, quizá quienes antes votaban y representaban al aragonesismo nunca tuvieron ideología. Porque no se puede pasar de ser autonomista un día a votar al centralismo más rancio al siguiente. Sin un mínimo de valores básicos, no hay forma de dar sentido a una fuerza política.

Pero al final, y digan lo que digan los voceros de la prensa subvencionada para convencernos de lo contrario, el revés más grande del 8 de febrero se lo ha llevado Jorge Azcón. No ha cumplido objetivos y los resultados escuecen. “Para este viaje no hacían falta alforjas”, le habrá dicho alguno.

No lo ha podido disimular ni con su impostada celebración, donde también dejó meridianamente claro que su verdadero interés nunca fue garantizar la estabilidad aragonesa, sino buscar la inestabilidad nacional.

Azcón nos quiso tomar a todos por tontos. Mintió incluso sobre la mismísima razón para convocar elecciones: nunca hubo presupuesto alguno que aprobar. Teníamos claro que los intereses de partido estaban por encima del de los ciudadanos aragoneses. Y, en clave turolense, el PP no tenía nada por lo que sacar pecho de su desastrosa gestión en esta provincia.

Han ganado sí, pero sin convencer a nadie más de los que ya lo estaban y perder apoyos con apenas dos años y medio de gobierno. Y estoy convencido de que muchos votantes moderados se han quedado en casa avergonzados por la actitud impropia de un presidente abonado al bulo y al menosprecio personal y una estrategia que pasa por abrazar a ultras como Vito Quiles animando a los jóvenes populares a “colgar de un pino” a Pedro Sánchez.

Reivindico aquí los resultados del PSOE en la provincia de Teruel. En un marco general adverso, mantuvimos la representación y subimos en porcentaje de voto. Lo hicimos con una campaña limpia en la que lanzamos propuestas y no insultos. Hablamos de la provincia y de las competencias del Gobierno de Aragón, mientras los demás gastaban más tiempo en hablar del Gobierno de España.

Me dejo para el final al partido que más crece en estas elecciones. El de Vox puede ser voto protesta, sí, pero da fuerza a una propuesta destructiva e intolerante. Los discursos de Abascal y Nolasco rezuman racismo y odio al diferente, convirtiendo al adversario en enemigo.

Hay que analizarlo, claro. Es necesario entender qué lleva a tanta gente, especialmente a los jóvenes, a abrazar a un partido que ni siquiera cree en Aragón como realidad diferenciada con capacidad política. También el por qué no son capaces de ver las incoherencias que rodean al líder Abascal y a sus propuestas.

Ante un futuro incierto y el previsible aumento de la inestabilidad, la única realidad es que Azcón se ha gastado 10 millones de euros de los aragoneses, casi la mitad del presupuesto nunca ejecutado para políticas de despoblación, por capricho suyo y de Feijóo.