Félix Gil, presidente de Tecnara y CEO de Integra
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Hay momentos que no se entienden del todo mientras se viven, pero que con el tiempo se revelan como decisivos. Aragón está atravesando uno de ellos.

Un momento en el que confluyen visión, capacidad empresarial, talento y una apuesta clara por la tecnología como eje de transformación económica y social. Y esto es el resultado de años de trabajo y de decisiones que hoy empiezan a mostrar todo su potencial.

Este punto de inflexión se apoya, a mi juicio, en tres grandes factores que están marcando el presente y, sobre todo, el futuro de Aragón: la llegada de los centros de datos, la consolidación del congreso tecnológico internacional The Wave y el impulso del Distrito Aragonés de Tecnología, DAT Alierta.

Tres elementos distintos, pero profundamente conectados por una misma ambición: situar a Aragón en una posición relevante dentro de la economía del conocimiento, que es la que marcará la sociedad de las regiones en un futuro muy cercano.

La apuesta por los centros de datos es, probablemente, el cambio más estructural y el que tendrá un impacto más profundo a largo plazo. No hablo solo de inversión o de cifras, sino de lo que supone para un territorio convertirse en una pieza clave de la infraestructura digital global.

Tuve la oportunidad de comprobarlo de primera mano durante la visita institucional del Gobierno de Aragón al Condado de Loudoun, en Virginia, considerado el mayor hub de centros de datos del mundo. Caminar por ese territorio, escuchar a sus responsables y entender cómo ha evolucionado su modelo económico fue, sinceramente, revelador.

Loudoun no siempre fue lo que es hoy. Hace apenas unas décadas era una zona más, sin un posicionamiento diferencial claro. Hoy concentra más del 70% del tráfico de datos mundial y ha construido en torno a esa realidad una nueva industria, con empleo cualificado, empresas tecnológicas, servicios avanzados y una identidad propia ligada a la economía digital.

Allí entendí que los centros de datos no son un fin en sí mismos, sino un punto de partida. Son la base sobre la que se articulan ecosistemas completos de innovación, servicios y talento.

Esa experiencia me hizo ver con más claridad el alcance de lo que está empezando a suceder en Aragón. Nuestra comunidad reúne condiciones muy similares: capacidad energética, ubicación estratégica, disponibilidad de suelo y una apuesta institucional decidida.

Pero también aprendí que el éxito no está garantizado. Requiere planificación, diálogo con el territorio y una visión de largo plazo que asegure que esta nueva industria genere valor real para la sociedad. El reto será convertir estas infraestructuras en oportunidades de empleo, conocimiento y desarrollo económico sostenible, evitando que se perciban como proyectos ajenos o desconectados de la realidad local.

El segundo gran factor es The Wave, un congreso que en apenas tres ediciones ha demostrado una ambición poco habitual. A través de un relato construido para ello, le estamos diciendo al mundo que Zaragoza y Aragón quieren jugar en la liga de la innovación, del talento y de la tecnología.

The Wave es un escaparate, sí, pero también un punto de encuentro entre empresas, startups, instituciones, universidades y profesionales que comparten una misma visión de futuro.

Este tipo de iniciativas son clave para posicionar a un territorio, pero también exigen coherencia y continuidad. El verdadero valor de The Wave no está solo en los ponentes o en la agenda, sino en su capacidad para generar conexiones, proyectos y orgullo de pertenencia al ecosistema tecnológico aragonés.

El desafío es que su impacto trascienda los días del congreso y se traduzca en oportunidades reales durante todo el año.

La tercera palanca es el Distrito Aragonés de Tecnología, DAT Alierta. Un proyecto que aspira a ser mucho más que un parque tecnológico tradicional. Su vocación es convertirse en un espacio vivo de innovación, donde convivan instituciones, centros de investigación, universidades y empresa privada.

Un lugar pensado para atraer y fidelizar talento TIC, ofreciendo empleo cualificado en un sector estratégico y, al mismo tiempo, una calidad de vida alineada con los valores del territorio.

En un contexto global de competencia feroz por el talento, Aragón necesita propuestas sólidas y creíbles. DAT Alierta tiene el potencial de ser una de ellas, siempre que se gestione con visión integradora, gobernanza clara y un enfoque que priorice la colaboración frente a la fragmentación.

El éxito no se medirá solo en metros cuadrados ocupados, sino en la capacidad de generar innovación útil, empleo estable y oportunidades para las nuevas generaciones.

Estos tres factores configuran un escenario lleno de oportunidades, pero también de responsabilidades. Aragón está a tiempo de convertir la tecnología en un verdadero motor de progreso económico y social. Para ello, será fundamental seguir apostando por la formación, el talento y el diálogo con la sociedad, asegurando que este crecimiento tecnológico se traduzca en bienestar y calidad de vida para todos los aragoneses.

El momento es ahora. Y lo que está en juego no es solo el posicionamiento de Aragón en el mapa tecnológico, sino el modelo de futuro que queremos construir como sociedad.

*Félix Gil. Presidente del clúster de empresas de tecnología de Aragón, Tecnara

CEO de Integra Tecnología