Hemos empezado el año con los mismos problemas en el ámbito sanitario: urgencias hospitalarias saturadas, retrasos en atención primaria, listas de espera, falta de personal, profesionales agotados… Quizá la única novedad sea la puesta en marcha, el pasado 1 de diciembre, de los Dispositivos de Urgencias de Atención Primaria (DUAP) en Zaragoza.
Transcurridos casi dos meses, es momento de hacer un balance con calma. Y el resultado, como ya preveíamos y advertimos, es negativo.
Los DUAP abrieron en cuatro centros de especialidades (Grande Covián, Ramón y Cajal, Pablo Remacha e Inocencio Jiménez) para prestar asistencia sanitaria fuera del horario ordinario de los centros de salud: por las tardes, fines de semana y festivos. Nacieron para completar la atención primaria de proximidad y, también, para desahogar las urgencias hospitalarias. Pero no han conseguido ni una cosa ni otra.
En esos espacios se han instalado profesionales médicos y enfermeros de Atención Continuada, auténticos todoterreno del sistema sanitario: resolutivos, camaleónicos, acostumbrados a navegar entre la Atención Primaria y la urgencia extrahospitalaria.
Son profesionales con trayectorias laborales extensas y excelentes, curtidos en la presión asistencial, en la toma rápida de decisiones y en la gestión de la incertidumbre.
Durante todo el año 2025 se trabajó intensamente en torno a las distintas propuestas que iban surgiendo. Desde CSIF se intentó hacer prevalecer la voz de los profesionales de Atención Continuada, porque eran y son los principales protagonistas de este cambio. Merecedores absolutos de recibir reconocimiento y dignidad en su trabajo.
Después de un año de expectativas, llega la realidad. La Atención Primaria sigue igual, con esperas de dos y tres semanas para conseguir cita con tu médico de cabecera. Las urgencias hospitalarias continúan desbordadas: pacientes en pasillos, horas infinitas esperando una cama, camillas alineadas en espacios indiscretos y hacinados.
En algunos casos, con suerte, derivados a un gimnasio adaptado para acoger pacientes, sin los recursos imprescindibles para tratar una complicación grave. Es una paradoja cruel: estar ingresado en un servicio de urgencias donde la urgencia real no puede atenderse con garantías.
Mientras tanto, los DUAP atienden colas interminables de personas que acuden a conocer el servicio, a solicitar adelantar radiografías pendientes desde hace tiempo o a consultar síntomas que les preocupan desde hace meses, pero que no pueden esperar los 10–15 días de demora para ser valorados por su médico de familia. Siguiendo muchos de ellos las instrucciones de derivación desde su centro de salud abierto en el mismo horario.
Los médicos y enfermeros de Atención Continuada trabajan ubicados en salas compartidas, como en una fábrica en cadena, pasando pacientes contrarreloj. La escena se repite: abrir puerta, atender, cerrar puerta… y, si hay suerte, comer una mandarina entre paciente y paciente.
Se presencian agresiones, tensión constante en las salas de espera, ansiedad y desgaste emocional en los trabajadores. El proyecto nace con ambición y con la valentía de apostar por el cambio, empujado por la necesidad asistencial. Pero nace también con carencias importantes.
¿Dónde quedó la esencia de la Atención Primaria?
Los DUAP no han apostado por la educación sanitaria, ni han delimitado con rigor sus campos de actuación. Se diluye la longitudinalidad en la atención a las personas y se pierde la continuidad asistencial. Se deshumaniza la atención y, con ella, también a quien la presta.
La Atención Continuada no es una Atención Primaria acelerada ni debe percibirse como una consulta "sin cita". La Atención Continuda es un nivel asistencial con identidad propia, objetivos diferenciados y una complejidad clínica específica. Sin estos pilares, dispositivos como los DUAP pierden sentido.
Los DUAP no son un apéndice de la Atención Primaria, ni un recurso accesorio al que recurrir cuando el sistema se satura. No son un filtro improvisado para contener la demanda ni un muro de contención frente al colapso hospitalario. Son un ámbito clínico específico, que exige reconocimiento institucional, recursos adecuados y respeto profesional.
Hay que dignificar la Atención Continuada, reconociendo su especificidad, complejidad y valor dentro del sistema sanitario. La Atención Continuada se caracteriza por: la capacidad resolutiva inmediata, adaptada a contextos de urgencia; la polivalencia profesional, que permite atender a pacientes de todas las edades y con problemas de salud muy diversos; la seguridad clínica, basada en recursos suficientes, circuitos claros y apoyo estructural para la atención urgente; el trabajo en equipo real, con roles definidos y reconocimiento mutuo entre categorías profesionales; y la protección del profesional, frente a la sobrecarga, las agresiones y el desgaste emocional inherente a la atención urgente.
Los DUAP corren el serio riesgo de convertirse en el felpudo de la atención sanitaria en Zaragoza: un dispositivo de entrada donde todo se limpia, todo se absorbe y todo se deriva, sin respaldo estructural, sin criterios bien definidos y sin responder realmente a los objetivos para los que fueron creados.
No se trata de negar el esfuerzo de los profesionales ni de rechazar cualquier intento de cambio. Se trata de evaluar con honestidad si este modelo está cumpliendo su función o si, por el contrario, está desplazando problemas sin resolverlos.
Es momento de parar, analizar datos, escuchar a los profesionales y a la ciudadanía, y replantear el modelo. Porque sin inversión real en Atención Primaria, sin educación sanitaria, sin criterios claros y sin humanización, ningún dispositivo —por innovador que parezca— podrá sostener un sistema que hace tiempo que pide auxilio. Los DUAP pueden ser una oportunidad. Pero también puede convertirse en una solución fallida si no se corrige el rumbo.
El tiempo —y la salud de profesionales y pacientes— no es infinito.
