La salud dental va mucho más allá de una revisión de dientes.
Muchas veces, ir al dentista ayuda a detectar algunas alteraciones en las encías, las mucosas, o la saliva que, en el peor de los casos, pueden ser señales de problemas de salud más graves.
Francisco Torres, director médico de Torres Centro Dental Integral, explica la importancia de las revisiones y el papel del dentista como profesional sanitario centinela.
La boca puede dar pistas de lo que está ocurriendo en otras partes del cuerpo. ¿Qué señales son las que un dentista puede detectar y qué deberían hacerle pensar que hay algo más detrás?
La boca es una de las partes del cuerpo que más información nos da como profesionales sanitarios, precisamente porque no está aislada del resto del organismo.
Cambios en las encías, en las mucosas, en la lengua, en la saliva o en el patrón de desgaste dental pueden ser la primera pista de algo más amplio.
Nuestro papel no es diagnosticar una enfermedad general mirando la boca, sino reconocer cuándo algo no encaja y activar el proceso adecuado.
Por eso me gusta hablar del dentista como un profesional sanitario centinela.
¿Cuáles son las alteraciones en los dientes, encías, lengua o saliva que normalmente pueden estar relacionadas con otros problemas de salud?
Podemos encontrar desde una periodontitis que evoluciona peor de lo esperado, hasta sequedad de boca, cambios en la lengua, lesiones de la mucosa que no cicatrizan, infecciones que se repiten o determinados patrones de desgaste dental.
Y hay algo tan importante como la propia lesión: su evolución. No es lo mismo un signo puntual que una alteración que persiste, se repite o no responde al tratamiento habitual. Por eso una buena historia clínica no es un trámite: es la mitad del diagnóstico.
Hay enfermedades como la diabetes o la anemia que pueden presentar manifestaciones en la boca. ¿Qué puede observar un dentista en estos casos?
En la diabetes encontramos con frecuencia mayor predisposición a periodontitis, sangrado de encías, sequedad de boca e infecciones.
La relación diabetes-enfermedad periodontal está muy bien estudiada, y funciona en las dos direcciones: la diabetes empeora la salud de la encía, y una encía inflamada de forma crónica dificulta el control de la glucosa.
En la práctica, cuando una periodontitis no responde bien a un tratamiento correctamente hecho, en una parte de los casos hay una diabetes aún no controlada.
En la anemia podemos encontrar alteraciones en las mucosas, en la lengua o sensación de ardor. Pero ninguno de estos signos, por sí solo, permite hacer un diagnóstico: nuestro papel es detectar y recomendar consultar con el médico.
¿Hay signos en la boca que pueden hacer saltar las alarmas para detectar las enfermedades autoinmunes?
Sí. Algunas enfermedades autoinmunes pueden manifestarse en la boca y, en ocasiones, esa manifestación es una de las primeras cosas que observamos.
Encontramos úlceras que se repiten, lesiones persistentes de la mucosa o una sequedad bucal que no se explica solo por factores locales.
Hay procesos como el síndrome de Sjögren o el liquen plano oral en los que la boca forma parte del cuadro clínico.
Pero precisamente por eso hay que evitar la asociación automática: una úlcera no significa que exista una enfermedad autoinmune. Nuestro trabajo es reconocer cuándo una alteración es atípica, persistente o recurrente y necesita valoración.
Respecto a los trastornos de conducta alimentaria. ¿Cómo se pueden detectar en la boca y qué papel puede tener un dentista para detectarlos?
La boca puede mostrar las consecuencias de un trastorno alimentario, especialmente cuando hay vómitos repetidos.
El contacto frecuente con el ácido gástrico produce erosión progresiva del esmalte, con un patrón bastante característico: se ven más afectadas las caras internas de los dientes anteriores superiores.
También pueden aparecer sensibilidad, cambios en las mucosas y alteraciones en las glándulas salivales.
En muchos casos el paciente no cuenta espontáneamente lo que ocurre, y por eso una exploración cuidadosa y una conversación en un entorno de confianza son fundamentales.
El papel del dentista no es diagnosticar un trastorno alimentario ni juzgar a nadie: es reconocer que hay algo que merece atención, abordarlo con sensibilidad y facilitar que el paciente reciba la ayuda de quien corresponde.
¿Puede una revisión dental aportar pistas sobre problemas como la apnea del sueño? ¿Qué puede observar el profesional?
Sí, cuando la valoración no se limita a los dientes. Hay características anatómicas y funcionales que hacen pensar en un posible trastorno respiratorio del sueño: la posición de la mandíbula, el tamaño y posición de la lengua, y determinadas características del paladar o de la vía aérea.
A veces observamos también un desgaste dental compatible con bruxismo nocturno intenso, que puede coexistir con la apnea, aunque la relación causal entre ambos no está claramente establecida.
Muchas veces la información más importante no está en lo que vemos, sino en lo que preguntamos: si el paciente ronca mucho, se despierta cansado, tiene somnolencia diurna o alguien ha observado pausas respiratorias durante la noche.
El dentista puede detectar la sospecha, pero el diagnóstico de la apnea requiere un estudio del sueño.
Nuestro papel es identificar al paciente que puede necesitarlo y derivarlo.
En algunos casos se habla incluso de lesiones orales que pueden estar relacionadas con un cáncer. ¿Qué señales deberían hacer que el dentista recomiende al paciente acudir a otro especialista?
La exploración de la boca tiene aquí una importancia especial. Una lesión que no cicatriza, una mancha blanca o roja persistente, un bulto, un engrosamiento, un sangrado sin explicación clara, un adormecimiento o dificultad para masticar, tragar o mover la lengua son situaciones que requieren atención.
Cuidado con una cosa: que una lesión tenga estas características no significa que sea un cáncer. Muchas lesiones de la boca tienen causas benignas.
Pero sí significa que no debemos ignorarla. La regla práctica que utilizo con mis pacientes es sencilla: cualquier lesión de la boca que no ha cicatrizado en dos o tres semanas necesita ser valorada. Detectar y actuar a tiempo cambia el pronóstico.
¿Hasta dónde puede llegar realmente un dentista con el paciente y dónde empieza el terreno del médico?
El límite está claro: el dentista puede detectar signos, establecer una sospecha clínica dentro de su ámbito y decidir que algo necesita una valoración adicional, pero no debe convertir una señal en un diagnóstico que no le corresponde. La clave está en la colaboración entre profesionales.
Si veo una alteración que puede estar relacionada con la salud general, mi responsabilidad no termina diciendo "esto no es dental": tengo que explicárselo al paciente, orientarle sobre el siguiente paso y, si el caso lo requiere, hablar con su médico. La medicina y la odontología no son dos mundos separados.
Trabajamos con el mismo cuerpo y con el mismo paciente.
¿Recuerda algún tipo de señal que, aunque pueda parecer aparentemente menor para el paciente, haya resultado importante a la hora de detectar otro problema de salud?
Recuerdo el caso de una paciente que llevaba tiempo en tratamiento por lo que se había interpretado como una gingivitis crónica asociada a placa.
Se le realizaron higienes, se reforzaba el cepillado, y la encía seguía inflamada más de lo esperado.
En una revisión observamos algo que no encajaba: el epitelio de la encía se desprendía en placas, de forma llamativa.
Solicitamos una biopsia y el patólogo confirmó el diagnóstico: un penfigoide de mucosas, una enfermedad autoinmune que puede afectar seriamente a la boca y también a otras mucosas, entre ellas la ocular.
Con el diagnóstico correcto pudimos plantear el tratamiento adecuado, coordinar el seguimiento con otros especialistas y, después de mucho tiempo, la paciente pudo reconciliarse con su boca.
No fue una prueba sofisticada lo que cambió las cosas: fue reconocer que algo no respondía como debería, hacer la pregunta correcta y activar el circuito adecuado.
¿Qué importancia tiene que el paciente explique al dentista sus antecedentes, medicamentos o síntomas que quizá considere que no tienen relación con la boca?
Es fundamental. Saber qué medicamentos toma una persona, qué enfermedades tiene diagnosticadas, si sigue algún tratamiento o si ha notado ciertos síntomas puede cambiar completamente la interpretación de lo que vemos en la boca.
Algunos medicamentos habituales producen sequedad de boca o alteraciones de las mucosas. Y, al revés. Una manifestación oral puede ser la primera pista para preguntar por algo que el paciente no había considerado relevante.
La historia clínica no es un trámite: es parte central de la exploración.
¿Qué mensaje le daría a quienes ven la visita al dentista como una simple revisión dental?
Una revisión dental es mucho más que mirar si hay caries. Cuando exploramos la boca no solo miramos dientes: miramos encías, mucosas, lengua, saliva, articulación, mordida.
Y, sobre todo, hablamos con una persona sobre sus hábitos, sus síntomas y su salud.
La prevención no consiste únicamente en evitar que aparezca una caries, sino en detectar cuanto antes cualquier alteración que no debería estar ahí, y eso pasa, en buena parte, por lo que el paciente hace en casa y por revisiones periódicas.
Si tuviera que darle al lector una sola razón para no considerar la visita al dentista como una simple revisión de dientes, ¿cuál sería?
Porque la boca forma parte del cuerpo. Parece una obviedad, pero durante mucho tiempo hemos tendido a separar la salud bucodental de la salud general.
Una revisión dental es mucho más que mirar si hay caries: cuando exploramos la boca no solo miramos los dientes, también las encías, mucosas, lengua, saliva, articulación y mordida y, sobre todo, hablamos con una persona sobre sus hábitos, sus síntomas y su salud.
La prevención no consiste únicamente en evitar que aparezca una caries, consiste en detectar cuanto antes cualquier alteración que no debería estar ahí, y eso pasa, en buena parte, por lo que el paciente hace en casa y por revisiones periódicas.
Una revisión dental también puede ayudarnos a detectar señales que nos hagan preguntar si todo lo demás está bien.
El dentista no sustituye al médico, ni pretende hacerlo, pero puede ser, en determinadas ocasiones, el profesional que ve primero una señal y dice: "esto merece que lo revisemos un poco más".
Ese es el verdadero valor de una revisión: no solamente tratar lo que duele, sino detectar lo que todavía no ha dado la cara.
