Zaragoza
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Un asesinato de una influencer, un médico recién llegado, masificación turística, especulación inmobiliaria y los secretos de una pequeña comunidad se entrelazan en la nueva novela de Ibon Martín, Bajamar.

Cuando la marea baja, el paisaje cambia y quedan al descubierto secretos y cadáveres.

En el nuevo thriller del donostiarra, conocemos a Jon, un médico de familia llegado de Madrid a Lekeitio en busca de una segunda oportunidad.

Para conocer su historia hay que leer Bajamar, pero para conocer lo que esconde el trasfondo hay que hablar con el autor.

Martín ha estado en Zaragoza presentando la novela, y EL ESPAÑOL DE ARAGÓN, hemos podido bucear un rato con él.

La historia aborda un problema cada vez más presente en España: la masificación turística. ¿Por qué quería hablar de este tema?

En cuanto viajas, te das cuenta del problema que tenemos, sobre todo en temporada alta. La masificación turística está robando el alma a los lugares, cambiando pueblos enteros y convirtiéndolos en decorados de cartón piedra.

Además, está dejando a muchos vecinos sin la posibilidad de vivir allí. Ven cómo sus casas se convierten en pisos turísticos. Es un círculo vicioso en el que, de algún modo, todos somos culpables, pues todos viajamos y recurrimos a pisos turísticos que antes eran viviendas.

Es muy complicado, pero para mí era importante abordar esta cuestión y convertirla en el telón de fondo de Bajamar, que sigue siendo un thriller con una investigación policial muy ágil y rápida.

Portada de 'Bajamar'. Plaza Janés

El protagonista también cambia. En lugar de un policía, tenemos a un médico que abandona Madrid para empezar una nueva vida en un pueblo. ¿Estamos viendo cada vez más ese regreso al mundo rural?

Quería tener otro protagonista porque necesitaba aire fresco; y sí, creo que cada vez irá a más. En los últimos años hemos visto cómo mucha gente abandona las grandes ciudades, donde se vive a un ritmo que no está pensado a escala humana y que resulta agotador.

Quien se para a pensar a veces se da cuenta de que esa casa que tiene en el pueblo podría convertirse en un refugio. Sobre todo, ocurre entre quienes pueden teletrabajar. Porque otra cosa es dejar el trabajo e irse a un pueblo en busca de oportunidades, cuando en muchos de ellos no hay demasiadas, salvo en aquellos que viven del turismo.

En Aragón conocemos bien el problema de la despoblación. Muchos pueblos quieren atraer a quienes buscan salir de las ciudades, pero se encuentran con la falta de vivienda. ¿Cómo se resuelve esa contradicción?

El problema de la vivienda en España afecta tanto a los pueblos como a las ciudades. En los pueblos más atractivos, por su valor turístico, hay segundas residencias y viviendas que se alquilan para uso turístico. Así resulta muy difícil mudarse allí para empezar una nueva vida.

En el caso de Jon, el protagonista, aprovecha que tiene una segunda residencia en la costa vasca, una casa que ya pertenecía a sus padres. Así es como llega a Lekeitio.

Pero no encuentra el pueblo que tenía idealizado, el de los veranos de su infancia, sino una localidad con un grave problema de acceso a la vivienda y una realidad distinta de la que esperaba.

Recuerdo que antes, cuando iba al pueblo, la gente se sentaba por la noche a la fresca a charlar. Eso se ha perdido bastante.

La víctima del asesinato es una influencer que defiende el turismo sostenible. ¿Qué te interesaba explorar al elegir este personaje?

Quería que la novela estuviera situada en nuestros días. ¿Quién tiene hoy el poder de recomendar lugares, hacer que crezcan e incluso acabar con ellos? Los influencers.

Cuando uno publica un vídeo dándose un baño en un ibón del Pirineo, ese lugar, sobre todo si es accesible, puede echarse a perder enseguida.

Lea, la influencer de Lekeitio, proponía un turismo más sereno y tranquilo. Descubría lugares menos trillados. Sin embargo, la asesinan justo antes de la llegada de unos influencers estadounidenses a los que un empresario turístico local lleva para promocionar el destino y atraer a un turismo más masivo.

Supongo que hay influencers buenos y malos, no lo sé; pero creo que están contribuyendo muchísimo a masificar los lugares. Basta con ver las colas que se forman de repente en una cafetería para probar un pincho de tortilla. Te preguntas cómo es posible que alguien espere una hora y media si el pincho es igual que el de dos calles más allá. Y todo porque lo ha recomendado un influencer...

Entonces, ¿en contra de dar visibilidad en redes sociales a rincones escondidos?

Totalmente en contra. Si descubres un lugar, lo mejor que puedes hacer es guardarlo en el círculo más reducido posible.

Pero las redes sociales también pueden ayudar a recuperar la economía de esos pueblos

Sin ninguna duda. Por desgracia, los influencers suelen acabar publicando lugares que socialmente no interesa que recomienden. Pero podrían ser una herramienta inmejorable para conseguir que la gente visitara localidades que realmente necesitan recibir visitantes.

En Bajamar, el paisaje está muy vivo. ¿Cómo consigues que el lector sienta que está allí?

He pasado muchísimos días en Lekeitio, paseando con el cuaderno en la mano y buscando los mejores lugares. Cada pequeño escenario puede permitirte contar una historia diferente o plantear un tipo de acción o de tensión.

Voy buscando los lugares más interesantes y llenando todo de posits para construir el esqueleto de la novela. Después, cuando empiezas a escribir, te das cuenta de que muchas de esas ideas no tienen demasiado sentido y acabas cambiándolo todo. Pero, al menos, sirven como punto de partida.

Las mareas marcan el ritmo. Cuando baja el agua puedes llegar a la isla, pero, en cuanto vuelve a subir, te quedas allí encerrado durante las seis horas que tarda en bajar de nuevo. Las brumas que flotan sobre las marismas, el río Lea y el propio clima contribuyen a generar la atmósfera de la novela.

El paisaje no es un decorado sin más. Está vivo.

El título, Bajamar, también parece tener un significado que va más allá de la trama. ¿Qué querías transmitir con él?

Cuando observas la costa cantábrica, ves cómo el mar se retira durante unas horas al día y después vuelve a subir. El paisaje cambia por completo. Con la marea alta, todo parece perfecto, se refleja en un espejo de agua y resulta muy bucólico. Pero, cuando baja, quedan al descubierto las imperfecciones de la costa, las barcas abandonadas o hundidas y sus esqueletos.

Es como si el paisaje mostrara todos sus secretos. Con Bajamar quería transmitir también que la marea no solo deja al descubierto los secretos del paisaje, sino los de quienes viven junto a él. En un pueblo pequeño como Lekeitio, donde todos se conocen, los habitantes guardan secretos que, en algún momento de sus vidas, terminan saliendo a la luz.

¿Hay personajes de la novela inspirados en personas reales que hayas conocido?

Hay personas que conozco del centro de salud y del ambulatorio que me han servido para imaginar al médico. También he paseado por Lekeitio y he entrado en tabernas para imaginar cómo sería un bar allí.

Y, sobre todo, hay un personaje muy entrañable, Lourdes, la pescatera, que se coloca todos los días junto a los muelles. Existe realmente en Lekeitio. Su pescadería ambulante se convierte en un lugar al que acudir para hablar e intercambiar información. Para John es un sitio donde consigue muchas pistas, pero también apoyo.

En los pueblos, las relaciones entre vecinos son más estrechas que en las grandes ciudades, donde a veces ni siquiera conocemos a quien vive al lado. ¿Cómo ves esa diferencia?

Yo prefiero la vida de pueblo, aunque vivo en la ciudad. Me gusta esa relación de conocer a los vecinos. Recuerdo que antes, cuando iba al pueblo, la gente se sentaba por la noche a la fresca a charlar. Eso se ha perdido bastante. Ahora estamos más de puertas para dentro, con la televisión o el móvil.

Aun así, quiero pensar que todavía queda algo de aquello. La vida de pueblo también tiene su lado malo: si perteneces a una familia determinada, puedes acabar marcado. Pero creo que el hecho de que todo el mundo se conozca puede aportar mucho a la hora de vivir y, desde luego, ofrece muchas posibilidades para una novela.

Nunca localizo mis novelas en ciudades porque el anonimato no me funciona para crear relaciones entre los personajes. En un pueblo, en cambio, las relaciones están mucho más a flor de piel.

Bajamar combina cuestiones sociales, como la masificación turística, con una trama de suspense y un asesinato. ¿Cómo encuentras el equilibrio?

El equilibrio está en que los temas que sirven de trasfondo aparecen a través del contexto y de las conversaciones de la gente. Los personajes hablan en el bar o en el ambulatorio de aquello que les preocupa, de los problemas que tienen más presentes en ese momento.

Pero el motor de la novela es siempre la trama policial. Lo demás son añadidos y pinceladas que permiten hacerse una idea del contexto.