Zaragoza
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Con 16 años apenas te ha dado tiempo a hacer nada con tu vida; y sin embargo, Rocío Lázaro Cano cuenta ya con ocho años de trabajo frente a un lienzo.

La joven zaragozana inaugura este miércoles, 9 de septiembre, su primera exposición individual, una muestra en la que reúne 18 cuadros y que sirve también para repasar su propia evolución como artista.

Todo comenzó cuando tenía ocho años. Una amiga del colegio se apuntó a una academia de pintura y Rocío decidió acompañarla.

Aquella amiga terminó dejando las clases, pero ella se quedó. Y desde entonces no ha parado. Todas las semanas, durante dos horas, ha ido aprendiendo técnicas, probando materiales y, sobre todo, desarrollando una forma propia de mirar.

“Siempre me han interesado las pinturas, el lápiz, los pinceles...”, explica Rocío. Una afición que tampoco le resultaba completamente ajena en casa: tanto su madre como su abuela tienen facilidad para pintar. Sin embargo, reconoce que el interés nació principalmente de ella misma. Incluso su tutora de Primaria se dio cuenta de sus habilidades y animó a su madre a potenciarlas.

Ahora, aquella niña que empezó experimentando con la madera prepara su primera exposición.

La idea surgió hace aproximadamente un año, precisamente mientras Rocío trabajaba en una de sus obras más importantes hasta la fecha: el retrato del Duque de Lerma.

Cuadro pintado por Rocío. Cedida a EL ESPAÑOL

Mientras comía en Labamba Cook-Art, el espacio que acogerá la muestra, le plantearon la posibilidad de organizar allí una exposición.

Ella prefirió esperar.

Quería terminar primero el Duque de Lerma y reunirlo con el resto de trabajos. “A día de hoy es la mejor obra que tengo”, asegura.

El resultado será una exposición que no pretende mostrar únicamente sus cuadros actuales, sino contar su recorrido: desde sus primeros trabajos hasta las obras más recientes, pasando por la acuarela, el acrílico y el pastel.

"Es un sueño que tenía desde pequeña. La pintura me acompaña desde los ocho años y poder compartir mi trabajo es algo muy emocionante", relata.

Su técnica favorita, por ahora, es precisamente el acrílico. Es la que más ha trabajado y desarrollado en la academia, aunque todavía tiene asignaturas pendientes. Entre ellas, el óleo y volver a experimentar con la témpera.

Cuadro pintado por Rocío. Cedida a EL ESPAÑOL

Su estilo también está empezando a definirse. Rocío se mueve principalmente en el realismo, aunque todavía siente que tiene mucho camino por recorrer. Le atrae especialmente la naturaleza y la biología y eso se refleja en sus cuadros, donde los animales tienen un papel protagonista.

Los retratos humanos, en cambio, son uno de sus retos para el futuro.

“Me siento más cómoda con los animales que con los rostros de las personas”, reconoce. Precisamente por eso se ha propuesto soltarse y comenzar a trabajar más con caras y retratos.

Su pasión por la pintura también está muy ligada a otra de sus aficiones: viajar y visitar museos. Allí ha encontrado inspiración en los grandes maestros de la pintura clásica. “Quiero alcanzar y llegar a ser como ellos”, explica.

De momento, Rocío no plantea convertir el arte en una profesión, y ha comenzado Bachillerato de Salud: "Tengo pensado mantenerlo como hobby, porque puede ser un buen apoyo para conseguir un poco de dinero para la carrera o para algún máster que quiera hacer... porque no tengo muy claro a lo que me quiero dedicar", reconoce.

Cuadro pintado por Rocío. Cedida a EL ESPAÑOL

Algunos de los cuadros de la exposición estarán a la venta, con precios de entre 200 y 300 euros. Una cantidad que, para Rocío, no solo representa el resultado final: “La mano de obra y el tiempo dedicado tienen un valor”, defiende.

Sus amigas han seguido de cerca todo el proceso y han visto cómo nacían algunos de los cuadros a través de las fotografías que Rocío les enviaba durante el proceso.

Ahora esperan verla cumplir un sueño que, durante años, fue creciendo pincelada a pincelada.

El miércoles llegará ese momento. En Labamba Cook-Art, Rocío no solo colgará 18 cuadros. Colgará también ocho años de aprendizaje, paciencia y una pasión que comenzó cuando apenas tenía ocho años y que, por ahora, no parece tener intención de desaparecer.