Zaragoza
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Tras consolidarse como una de las voces más reconocidas de la novela histórica española ambientada en Japón, David B. Gil da un giro a su trayectoria con Ciudad de Sal, un thriller psicológico ambientado en la Costa del Sol.

Periodista de formación y autor de títulos como 'El guerrero a la sombra del cerezo', 'Ocho millones de dioses' o 'Forjada en la tormenta', el escritor gaditano abandona temporalmente los samuráis para adentrarse en una investigación criminal.

Hablamos con él sobre su nueva novela, la construcción de sus protagonistas y su reciente incursión en el cine como guionista.

Tu nueva novela rompe con la temática de las anteriores, ¿qué te llevó a dar el salto al thriller contemporáneo? ¿Necesitabas probar algo diferente?

En realidad no fue una decisión consciente. Me lo preguntan mucho porque desde fuera parece un cambio importante, pero no lo es tanto. Mi anterior novela, ‘Forjada en la tormenta’, ya era un thriller policíaco ambientado en el Japón feudal. La diferencia es que allí los investigadores eran samuráis en lugar de policías.

Lo que cambia ahora es la ambientación. Yo no escribo pensando en estrategias comerciales ni en lo que más conviene a mi carrera. Cuando aparece una historia que me obsesiona, la escribo. Y ‘Ciudad de Sal’ fue exactamente eso: una idea que empezó a martillearme la cabeza hasta que entendí que era la mejor historia que podía contar en este momento.

Portada de 'Ciudad de Sal'

La novela muestra una Costa del Sol muy distinta de la imagen turística habitual.

Porque existen dos realidades. Está la Málaga que todos conocemos: turística, luminosa y agradable para vivir. Pero también hay otra vinculada al narcotráfico, al crimen organizado y a grandes intereses económicos. Son dos mundos que conviven sin apenas tocarse. Ese contraste me resultaba muy interesante para construir la historia.

¿Y hasta qué punto esa realidad está documentada?

Mucho. Llevo quince años viviendo allí y, además, hablé con muchos profesionales que conocen esa cara menos visible de la Costa del Sol.

Cuando hablas con policías, guardias civiles o médicos de urgencias descubres que ocurren muchas cosas que la mayoría de la población desconoce. Sin embargo, la novela no pretende ser una radiografía del crimen organizado. Ese contexto me interesaba porque me permitía construir la historia de un depredador que opera aprovechando que las fuerzas de seguridad están desbordadas.

¿Hay una crítica de la situación detrás de la novela?

No especialmente. Utilizo ese contexto porque resulta útil para la historia que quiero contar. Lo que más me interesa es la construcción de personajes y el retrato psicológico.

En mis novelas la investigación sirve para captar la atención del lector, pero mi verdadero objetivo es que termine implicándose emocionalmente con los personajes.

Ángel Lobo, por ejemplo, es una persona marcada por experiencias traumáticas que lo conectan con su antagonista. Y Andréi es un hombre esencialmente bueno que ha crecido en un entorno que le ha obligado a hacer cosas terribles para sobrevivir. Me interesaba explorar qué consecuencias psicológicas tiene vivir así.

Por eso diría que la novela conecta más con obras como 'True Detective' o 'Mystic River' que con una novela criminal centrada exclusivamente en el escenario.

El escritor David B.Gil en Zaragoza.

¿Qué fue lo más difícil de investigar?

Documentarme sobre el funcionamiento interno de la Guardia Civil. Parece algo sencillo, pero no lo es. La mejor manera de hacerlo fue entrevistando a agentes y contrastando información directamente con ellos.

Sin embargo, el mayor reto fue construir el personaje de Ángel Lobo. Ángel está dentro del espectro autista y quería representarlo de forma realista. Tengo amigos autistas y siempre me ha llamado la atención que las representaciones más populares suelen exagerar determinados rasgos.

Quería mostrar a una persona verosímil, con matices, alejada de los estereotipos habituales. Como yo no estoy en el espectro, cada diálogo y cada escena suponían un desafío. Tuve que hablar con personas autistas, seguir divulgadores especializados y documentarme mucho para intentar comprender cómo procesan determinadas situaciones.

Ha sido, sin duda, el personaje más difícil de escribir de todas mis novelas.

¿Cuánto tiempo has dedicado a esta novela?

Más de tres años. Durante ese tiempo también he trabajado en otros proyectos, entre ellos una película y un cuento infantil todavía inédito.

Nunca he sido un escritor rápido. Publico cada tres o cuatro años porque necesito tiempo para desarrollar las historias.

Mientras escribías la novela también estabas trabajando en cine.

Sí. La película saldrá en octubre y cuenta la vida de Sandra Sánchez, considerada por la Federación Mundial de Karate la mejor karateca de la historia.

Ganó el oro olímpico en Tokio 2020 y tiene una historia personal extraordinaria. La conocí porque era lectora de mis novelas. Me contó su vida, se la trasladé a mi amigo y director de cine Aritz Moreno y acabamos desarrollando el proyecto.

La película está producida por Atresmedia, Netflix y Señor y Señora, se estrenará en cines con Warner y después llegará a Netflix a nivel internacional.

¿Cómo es tu relación con los lectores aragoneses?

Excelente. Mi primera visita fue en 2019, durante la promoción de ‘Ocho millones de dioses’. Participé en las ferias del libro de Huesca y Zaragoza y ocurrió algo increíble: se agotaron todos los ejemplares disponibles de la novela. Tanto es así que los de la caseta pidieron ejemplares a otras librerías porque ya no quedaban... vamos se vendió todo.

Fue una experiencia fantástica y me hizo descubrir que tenía muchos más lectores en Aragón de los que imaginaba. Por eso estoy encantado de volver.

Después de este cambio de registro, ¿seguirás explorando el thriller o volverás a la novela histórica japonesa?

Volveré a Japón, sin ninguna duda. No me imagino una vida en la que deje de escribir sobre Japón.

Respecto a Ángel Lobo, escribiré otra novela con él solo si aparece una historia que merezca la pena. Nunca me he obligado a escribir continuaciones. Mi criterio sigue siendo el mismo: contar la mejor historia que se me ocurra.

Tengo la suerte de que mis libros siguen vendiéndose muchos años después de publicarse. Eso me permite escribir con libertad y sin la presión de tener que publicar una novela cada año.

¿De dónde nace tu fascinación por Japón?

Me lo preguntan mucho y siempre respondo lo mismo: es como preguntar por qué te enamoras de una persona o por qué te gusta Metallica... Hay algo que conecta contigo de forma especial y no siempre tiene una explicación racional.

Pertenezco a la primera generación de escritores españoles que creció leyendo manga y viendo animación japonesa. Después empecé a leer literatura japonesa y nunca he dejado de hacerlo. Simplemente hubo algo en esa cultura que resonó conmigo desde muy joven.