Zaragoza
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Luis Zueco es ingeniero industrial; pero su trayectoria profesional, los últimos 20 años, ha transcurrido entre el papel y la pluma.

Once novelas publicadas, varios reconocimientos literarios, más de 400.000 lectores, traducido al portugués, italiano y hasta polaco; el zaragozano hizo bien en dejar su puesto de trabajo en una multinacional, para embarcarse en el fascinante mundo de la literatura.

Zueco acaba de presentar su última novela: 'El Juicio, la inquisición contra Goya', y su parada en Zaragoza fue, cómo no, en el Patio de la Infanta de la Fundación Ibercaja, donde actualmente está la exposición 'Goya. Interludio'.

El maestro de la novela histórica, vuelve con una envolvente intriga a través de uno de los episodios más desconocidos y fascinantes de la vida de Goya, y reflexiona sobre el arte como instrumento para cambiar la historia.

La nueva novela de Luis Zueco nos presenta al artista desde una perspectiva poco conocida. Un hombre valiente, comprometido que denuncia las injusticias de su época y lo arriesga todo por cambiar la sociedad y hacerla más libre.

Luis Zueco con su libro en la exposición 'Goya. Interludio'. E.E

Acabas de empezar una gira que va para largo, unos cinco meses por toda España.

Luis Zueco: Sí, cinco meses. Hicimos las cuentas: 65 citas y 20.000 kilómetros. Además de un viaje a Canarias, pero eso no lo cuento dentro de los 20.000 kilómetros. O sea, que sí, muy intensa. Esta semana tenemos cinco citas: Zaragoza, Salamanca, Valladolid, Ávila y Borja el sábado.

Vuelves a casa, a Borja. Se suele decir que nadie es profeta en su tierra, ¿tú cómo lo llevas?

¡Muy bien! (ríe) En Aragón en general, y en Zaragoza también muy bien. La verdad es que estoy contento, siempre me han tratado muy bien desde el principio.

Cuéntanos sobre tu nueva novela, El Juicio. ¿De qué trata y cómo vamos a descubrir la personalidad de Goya en ella?

Goya vivió muchos años y tuvo una vida muy compleja y apasionante, con muchos reinados y vicisitudes. Llevaba mucho tiempo dándole vueltas a la idea de una novela sobre Goya y la encontré precisamente con el arranque: el 7 de febrero de 1799 se publica en Madrid un anuncio de un libro, Los Caprichos de Francisco de Goya. Él ha pagado la publicación, financiado todo el proceso y pagado el anuncio en primera página, algo totalmente inusual. Lleva trabajando en ellos muchísimo tiempo, quizás 6 u 8 años. Es un trabajo muy especial para él. Sale a la venta y en menos de dos semanas lo retira voluntariamente del mercado. Me dije: "¿Qué ha pasado aquí?". ¿Por qué hace esto con un trabajo personal que le apasionaba? Ahí es donde arranca la novela, con un misterio.

Ese misterio parece estar relacionado con la Inquisición, que tiene sus más y sus menos con la obra de Goya.

En esta época la Inquisición ya no es lo que era; es una institución bastante anacrónica que se ha intentado abolir varias veces. Se preocupa más de que no haya contagio de las ideas revolucionarias de Francia que de temas puramente de fe. Es una institución de capa caída que debería desaparecer, pero sigue siendo útil para el poder político. Cuando la Inquisición se entera, cuando alguien denuncia a Goya por el material casi subversivo de Los Caprichos, sabemos que está en peligro y van a por él. En la novela hay un segundo caso; no es la primera ni la última vez que la Inquisición va a estar detrás de Goya.

¿Le afectó personalmente? Porque él tenía una posición privilegiada.

Le afecta mucho porque él se creía a salvo. Es el primer pintor de cámara, es amigo de los Reyes, trata con Godoy, con los ministros, con gente muy importante. Cree estar en otro plano, pero lo que publica es muy peligroso y no está a salvo.

Solemos tener la imagen de Goya como pintor de corte y de los reyes. Sin embargo, en Los Caprichos vemos una faceta más reivindicativa y crítica con la sociedad.

Durante el día pintaba esos grandes cuadros de corte, muchísimos, porque tenía un éxito tremendo y todo el mundo se peleaba por tener un retrato de Goya. Pero por la noche se encerraba en su casa y dibujaba con total libertad lo que le preocupaba, lo que quería que cambiara, lo que quería denunciar. Es un artista que experimenta, que tiene una gran conciencia social y política. No le gusta la sociedad que ve y quiere que cambie. Se arriesga muchísimo con Los Caprichos. De hecho, Los desastres de la guerra y Los disparates no se publican en vida de Goya; ya sabe lo que le pasó con Los Caprichos y no se va a atrever de nuevo. Es un personaje que realmente se la jugó.

Mencionas la importancia de ver Los Caprichos no como láminas sueltas, sino como una obra completa.

Es un libro. Esto es muy importante porque mucha gente no lo sabe. Estamos acostumbrados a ver una estampa colgada en un museo, pero no debería ser así. Es una serie, un conjunto hecho para verlo como un libro. En Zaragoza, en la biblioteca de la Universidad, tenemos una primera edición con anotaciones manuscritas de la época. También he estado en la Real Academia de San Fernando en Madrid viendo los cobres originales. Me he llegado a comprar una quinta edición del siglo XIX para sumergirme todo lo posible y entender este gran proyecto donde hace una denuncia fascinante y muy crítica de la sociedad.

Goya denunciaba lo que no le gustaba a través del arte. ¿Crees que el arte sigue siendo hoy tan reivindicativo como entonces?

Sí, claro que reivindica. El arte no es solo pintura, es escultura, es música... tiene ese poder porque es un lenguaje universal. Goya lo supo utilizar muy bien. Los desastres y Los Caprichos son preocupantemente modernos. Todavía hoy, cuando hay denuncias de guerra, se utilizan imágenes de Los desastres de Goya. Cuando se quieren criticar ciertos aspectos sociales, se usan imágenes de Los Caprichos. Sigue siendo actual porque es el primer artista moderno que abre el arte a la libertad y a nuevas formas.

Sin embargo, no son obras "bellas" en el sentido tradicional.

Los Caprichos no son bonitos. No cogerías una imagen de Los Caprichos para colgarla en el dormitorio de tu casa. Son incómodos, duros y a veces dan miedo. Ese es el gran cambio que hace Goya. Hasta entonces el arte se medía por la belleza; Goya demuestra que el arte no tiene por qué ser bello, lo que tiene que tener es un mensaje para reinterpretar la realidad.

Zaragoza y el Gobierno de Aragón se están preparando para reivindicar la figura del pintor con la vista puesta en el bicentenario de 2028. ¿Crees que se va por buen camino?

Sí. Aunque faltan dos años, no es tan lejano. Goya es un personaje que sitúa a Aragón en el mapa, es uno de los mayores artistas de la historia universal. Todo lo que se haga creo que es poco. El bicentenario va a ser una fecha muy importante y vamos a disfrutar de un año Goya en el 28 maravilloso. Me alegro de poder aportar mi granito de arena, porque Goya es un personaje al que la gente cree conocer, pero realmente no conoce bien.

A veces no se le relaciona lo suficiente con su tierra. En tu novela, además de Goya, ¿aparecen otros personajes aragoneses?

Sí, porque además de ser de Fuendetodos y vivir muchos años en Zaragoza, en la novela tiene un papel fundamental su mujer, Josefa Bayeu, otra aragonesa. También reivindico a sus hermanos, Francisco y Ramón Bayeu, grandes pintores de la época. Aparecen Félix de Azara y, sobre todo, su hermano José Nicolás de Azara, embajador de España en París y amigo personal de Napoleón. También sale Martín Zapater. La novela no es solo Goya, hay muchos otros personajes aragoneses muy importantes dentro de la trama.

Hablemos un poco de ti. Llevas una larga trayectoria con 11 libros publicados, pero ¿cuando empieza tu inquietud por la literatura? ¿cuándo surgió el deseo de ser escritor?

De siempre. Escribí una novela con 13 años en mi colegio en Borja; la escribí a máquina y la encuaderné, eran casi 300 páginas. Siempre lo había tenido en mente. Me gustaban las ciencias, estudié ingeniería y trabajé de ingeniero, pero luego quise estudiar Historia, no para ser profesor, sino porque quería escribir y quería formarme, obtener las herramientas para moverme en diferentes épocas. Una vez que lo vi claro y publiqué la primera novela en 2011, ya no paré.

Cuando dejaste la ingeniería para escribir, ¿qué te dijo tu entorno? ¿Pensaron que te habías vuelto loco?

Cuando dejé la ingeniería sí, porque era plena crisis, después de 2008. Dejaba un trabajo seguro en una multinacional en Madrid. Pero luego lo vieron bien rápido; ya tenía una edad, 30 años, no era un crío y les dije: "Creo que esto va a suceder". Y así fue.

Para terminar, ¿qué es lo peor y lo mejor de la profesión de escritor?

Lo peor es el tiempo que estás solo. Puedes estar un año encerrado escribiendo y esa soledad a veces se hace dura; no le puedes contar la historia a nadie porque la tienes en la cabeza. Y por otra parte, los viajes de promoción, porque me cuesta mucho separarme de mi hija pequeña. Por eso esta promoción la hago con ella; nos vamos juntos, lo organizamos y así sí puedo hacerlo.

¿Y lo mejor?

Lo mejor es cuando te leen, porque escribes para eso. Lo más bonito es cuando alguien viene y te dice que se ha reenganchado a la lectura gracias a tu libro. Gente que llevaba años sin leer o gente mayor a la que le haces compañía. Ahí te das cuenta de que tu trabajo sirve para algo, que no es solo vender libros, es otro nivel.