El 13 de octubre es una fecha destacada en Zaragoza. La Ofrenda de Frutos llena la ciudad de folclore, música popular y trajes regionales.
Aunque se trata de un acto más íntimo y personal que la Ofrenda de Flores, este año ha reunido a más de 3.700 participantes en la capital aragonesa.
Detrás de esta tradición hay muchas horas de trabajo, esfuerzo y dedicación, además de numerosas historias personales que contribuyen a mantener viva una de las costumbres más arraigadas de las fiestas del Pilar.
Una de ellas es la de Leire, una joven procedente de Valladolid que este año ha acudido a la Ofrenda de Frutos acompañada de su abuela.
Para ambas ha sido la primera vez que han podido completar juntas la jornada, después de que el año pasado tuvieran que cancelar sus planes debido a un accidente de la abuela.
"Hoy es el primer año que venimos juntas, porque el año pasado mi abuela tuvo un accidente y no pudimos hacer la ofrenda. Le prometimos que, si este año podíamos, pues veníamos", ha contado la joven.
Tras aquel contratiempo, abuela y nieta decidieron intentarlo de nuevo este año y han viajado desde Valladolid hasta Zaragoza para cumplir con su promesa a la Virgen y realizar la ofrenda en familia.
Una experiencia que Leire no descarta repetir en los próximos años: "Hemos venido desde Valladolid para llevar a cabo la ofrenda en familia y cumplir con esa promesa. No descarto volver en los próximos años" ha señalado la pucelana.
Ofrenda de Frutos
La Ofrenda de Frutos ha reunido este martes, 13 de octubre, a más de 3.700 participantes en Zaragoza.
Detrás de este acto hay muchas horas de trabajo, esfuerzo y dedicación para mantener viva una de las tradiciones más arraigadas de las fiestas.
Si algo caracteriza a la Ofrenda de Frutos es la combinación de belleza, tradición y solidaridad. Las distintas casas regionales participan en este acto luciendo sus trajes típicos y aportando productos de sus tierras, al ritmo de canciones que llenan de color y alegría las calles de Zaragoza.
Los alimentos entregados durante la celebración se destinan posteriormente a distintas entidades sociales, que los distribuyen entre las personas más necesitadas.
De este modo, esta tradición tan arraigada en las Fiestas del Pilar se convierte, año tras año, en una muestra de generosidad y compromiso con quienes más lo necesitan.
