Zaragoza es una de las ciudades más históricas de España. Con más de 2.000 años de antigüedad, la capital de Aragón esconde miles de secretos debajo de sus piedras.
No es extraño, por lo tanto, que con las obras y el movimiento de tierras, salgan a la luz restos de la rica herencia de civilizaciones que han dejado su huella a lo largo de los siglos.
Es de hecho, lo que ha sucedido con los trabajos del Huerva, el Coso o la plaza San Miguel. Aunque también sucede en otras obras más pequeñas, pero que al tener que llevarse a cabo en el corazón de la ciudad revelan la historia de años atrás que permanecía oculta.
Es lo que ha sucedido en el Tubo de Zaragoza. Una zona que este mismo viernes se ha declarado Bien de Interés Turístico de Aragón por considerarse uno de los espacios más emblemáticos y con mayor tradición de Zaragoza.
En este punto de la ciudad hace unos meses se declaró en ruina el edificio número 12-14 de la calle de los Estébanes, tras derrumbarse parte de la fachada trasera.
El Ayuntamiento, de forma subsidiaria, comenzó las tareas de estabilización del edificio, que presentaba una degradación severa sobre todo por el tipo de materiales estructurales, compuestos en su mayoría por madera. Tras esto, los trabajos continuaron con la demolición casi total de la infraestructura.
Y, durante este periodo, han salido a la luz unas bodegas que pertenecen a la época de construcción original del edificio. "Son de finales del siglo XV y principios del XVI", señala José Luis Ona, arqueólogo e historiador.
Detalla que se trata de unos yacimientos cuya presencia "ya se sospechaba" y que, además, "es posible que sea más grande de lo que se ve ahora".
El arqueólogo explica que se trata de una bodega típica de Zaragoza, en aquella época, "de ladrillo, con arcos y como otras que ya se encontraron en su día".
Se trata de un tipo de infraestructuras que "se solían construir en la parte baja de las casas, entre la cimentación". Según Ona, suelen ser las partes más antiguas que se conservan de los edificios del Tubo y se construían "tanto en casas modestas como en palacios y formaba parte de prácticamente todos los edificios de aquella época", asegura.
Estas bodegas de la Edad Media y están muy relacionadas, "pese a que pueda parecer extraño", con el cultivo y la elaboración del vino.
"Hasta el siglo XIX, en el término municipal de Zaragoza se cultivaba mucha vid y era prácticamente toda para autoconsumo de los vecinos", cuenta Ona. De ahí que cada edificio tuviera su bodega propia, ya fuera construida en el siglo XVI, XVII o XVIII.
¿Y cuál sería su valor? Por un lado, depende de cada edificio. "Es consustancial al edificio y cada una tiene el valor de la antigüedad. Solo hay bodegas de este tipo en construcciones antiguas de Zaragoza, que han ido conservándose cada vez menos", explica.
Confirma que a lo largo de este último siglo se han destruido muchas con la renovación de las viviendas. "Se han tirado muchos edificios antiguos para construir nuevos y, evidentemente, en ese proceso de destrucción-construcción, las bodegas han ido desapareciendo", lamenta.
Por otro lado, también tienen un valor histórico y arquitectónico "bastante interesantes". Según Ona, las bodegas eran, dentro de la vivienda, unas estancias especiales y con una carga de valor etnográfico.
"Muchas veces el edificio, la fachada, el interior se ha renovado, mientras que la bodega se ha mantenido como era desde el comienzo. Por ejemplo, en este edificio de Estébanes 12-14 ocurre así. La bodega que ha aparecido es una típica del XVI mientras que la fachada antigua de ese mismo siglo se reformó a finales del XIX", concluye.
Otros descubrimientos
Las excavaciones realizadas en el Coso, entre la Plaza de España y la calle de Espartero, permitieron descubrir fragmentos de la muralla romana que rodeaba Caesaraugusta, la Zaragoza antigua.
A tres metros de profundidad, se encontró una galería de hormigón que databa de principios del siglo XX, pero a mayores profundidades, los arqueólogos hallaron vestigios de la muralla romana, así como estructuras medievales de los siglos XIV y XV.
En la plaza de San Miguel, las excavaciones desvelaron materiales cerámicos y metálicos de épocas romanas, así como fragmentos de huesos del cementerio medieval de la Parroquia de San Miguel.
Sin embargo, no se encontraron estructuras completas ni tumbas.
La zona del río Huerva, en el centro de Zaragoza, ha sido también un punto caliente de descubrimientos arqueológicos. Durante las excavaciones, se encontraron enterramientos islámicos que podrían datar del siglo XI, pertenecientes a un cementerio asociado a un antiguo arrabal en la margen derecha del río.
