El descenso del Real Zaragoza a Primera RFEF no solo es un duro golpe para los aficionados. También es "todo un varapalo" para los bares de la ciudad.
Por el momento, la sensación entre los establecimientos es una mezcla de "tristeza, decepción e incertidumbre" ante lo que está por venir. Así lo asegura a este diario el gerente de la asociación de Cafés y Bares de Zaragoza, Luis Femia, quien avanza que el impacto "va a ser seguro negativo".
Eso sí, señala que todavía es "pronto" para calcular cómo afectará a los locales de hostelería la nueva situación deportiva del equipo. "No tenemos la información de cómo será el alcance de todo esto. Es una situación totalmente nueva", declara.
"Al final el fútbol es algo muy social, se suele compartir y ver con amigos o con familia en los bares. Lógicamente, cuantas más competiciones de primer nivel hay en un equipo local, más impacto genera", afirma Femia. Ahora, "con una desafección entre los aficionados" los bares y restaurantes se mantienen a la espera de cómo afecta, entre otras cosas, "las suscripciones del propio canal de la Liga en muchos establecimientos porque dependerá un poco del nivel de clientela y de si, finalmente, se sigue televisando", añade.
Otro de los puntos que avanza el gerente de Cafés y Bares es, además del movimiento de la afición local, "la atracción de otros equipos con las ligas profesionales". "Está por ver qué movimiento se genera de visitantes, aunque sabemos que no será lo mismo", asegura.
"Decepción"
El descenso del equipo ha sido toda una "decepción" para aquellos que sus días "grandes" siempre han dependido de una cita deportiva.
En la plaza Eduardo Ibarra, a escasos metros de La Nueva Romareda, los establecimientos confirman que este descenso supone "un gran impacto" para la hostelería.
Y este jarrón de agua fría se suma, en el caso de estos locales, a todo un año de pérdidas que alcanzan hasta el 30% en comparación con años anteriores.
¿El motivo? Las obras del nuevo estadio y la 'mudanza' al estadio modular de equipo y aficionados ya han hecho mella en estos bares que, desde hace muchos años, se han hecho los agostos solo con los fines de semana de partido.
"Llevamos ya un año sin el campo y, quieras que no, se ha notado mucho", cuenta Carlos Jarrín, dueño del local Cervecería Tramsburgo. Asegura que en la plaza "siempre se trabaja mucho, incluso cuando no hay partido", aunque esto no ha impedido que se haya dejado notar el cambio de estadio. No digamos ya, lo que está por venir.
"Todo depende de si se televisa o no, porque ahora mismo es lo que nos ha estado salvando. Si el partido se da por la tele mucha gente seguirá viniendo", explica Jarrín. Eso sí, "ya no es fútbol profesional y esto va a tener un impacto en todo lo que rodea al deporte", asegura.
En su caso, solo un año de obras ya ha supuesto "un 30% en pérdidas y reducir la plantilla". "Antes éramos cinco camareros fijos y dos para reforzar los días de partido, ahora solo somos cinco", detalla.
"Todos tenemos fe en que el Real Zaragoza vuelva a segunda y a primera. Lo esperamos de verdad", afirma el dueño del local.
