España necesita fontaneros. Según datos de ThePower Education, el país arrastra un déficit de 25.000 profesionales en un sector cuya empleabilidad ronda el 90%.
Sin embargo, encontrar trabajadores preparados no siempre resulta sencillo. "Hay gente poco preparada porque en dos años de FP no te sale un oficial", sostiene Amadeo Espinosa, fontanero zaragozano con 36 años de experiencia.
A sus 60 años, Espinosa representa la tercera generación de una familia dedicada a la fontanería en Zaragoza. El negocio abrió sus puertas en 1942 y hoy se conoce como Reformas y Fontanería Espinosa.
Él se incorporó en 1990, tras terminar Ingeniería Técnica. Diez años después, su padre "se hizo un poco al lado" y le dejó al frente del negocio. Desde entonces, ha trabajado en todo tipo de encargos, desde averías vecinales hasta instalaciones y reformas integrales de baños.
"Es una fontanería de barrio, que ahora tiene más cosas particulares, de obras", explica en una conversación con EL ESPAÑOL DE ARAGÓN.
Actualmente forman la empresa 5 personas: 3 fontaneros, 1 ayudante y el dueño. En caso de necesidad, recurren a cuadrillas de subcontratas.
Espinosa tiene claro que "no se trabaja de la misma manera" que hace casi 40 años. Han cambiado los materiales, las necesidades de los clientes y el propio flujo de trabajo para los profesionales.
Uno de los principales cambios pasa por la dificultad para encontrar profesionales, como sucede con otros oficios tradicionales. "Lo vamos capeando como podemos", lamenta desde la "sinceridad".
Hay quien "dice que sabe ciertas cosas, pero no controla nada". Falta, en definitiva, "profesionalidad", paciencia y tiempo de formación.
"Viene gente poco preparada porque en dos años de Formación Profesional no te sale un oficial. Ya no hay aprendices que se tiraban aquí 3 o 4 años hasta que podías mandarlo a un sitio. Ahora hay una carencia total", comenta.
"El día a día te forma", continúa, "pero llevar herramientas un poco buenas" también ayuda. A falta de personal, sirve por tanto hacer "una buena inversión" en materiales, aunque son parches en comparación con la magnitud del problema, sin aparente solución a corto plazo.
"Esto se va a prolongar mucho tiempo, desde luego", opina Amadeo. La situación, dice, es extrapolable a la construcción, la carpintería y los demás oficios más tradicionales.
Inmigración
Buena parte de esos puestos de trabajo acaban recalando en la población inmigrante. "No es que vengan formados del todo, sino que son valientes para atreverse con cosas que igual desconocen", subraya.
Espinosa apunta la percepción social como otro de los argumentos que llevan a esta falta de efectivos. "Nadie quiere trabajar de fontanero ni de albañil, la gente se limita a estudiar sus carreras, es un poco mi punto de vista personal", relata.
Nuevas generaciones
¿Los jóvenes acuden menos a los fontaneros? Amadeo Espinosa tiene claro que su perfil de clientes "son gente más bien mayor". "Los chavales si les pasa cualquier cosa intentan resolverlo todo con un tutorial de YouTube", afirma.
Si el asunto va a mayores, no les queda otro remedio. "Solo me llaman cuando tienen un problema de verdad y no saben salir del bache", concluye.
