Zaragoza cuenta todavía con negocios de barrio que sobreviven frente a las grandes superficies. Entra en juego la cercanía y el ser capaces de convertirse en parte del día a día del barrio al margen de los servicios que se ofrezcan. También en pleno centro de la capital.
A pocos metros de la Puerta del Carmen se encuentra Talleres Abío, que continúa lo que ha acabado por convertirse en una tradición familiar desde el corazón del sector de la mecánica. Un negocio que se remonta a la década de los 80 del siglo pasado.
Lorena Abío (48 años) y Pablo Sánchez (41) abren la persiana cada día en la calle Sacramento. Ella, como gerente. Él, comercial de cara al público y jefe de un equipo de mecánicos muy joven.
"No tenemos redes sociales, somos básicamente el boca a boca de la Zaragoza tradicional", cuenta Lorena.
Los orígenes del taller se remontan a entre 1984 y 1985 en la calle Ventura Rodríguez del barrio de San José. Fue ahí donde Carmelo Abío, padre de Lorena, abrió el primer establecimiento.
En 1995 se produjo la mudanza. "A base de mucho esfuerzo se le fue quedando pequeño", explica Lorena.
Ella y Pablo tomaron las riendas del negocio tras el fallecimiento de Carmelo aunque, apuntan, han tratado de seguir su legado: "Lo que le hacemos a nuestro coche es lo que le tenemos que hacer al coche de los clientes. Y la honestidad, sobre todo la honestidad".
Quienes van al taller lo hacen desde casi siempre. Tanto es así, relatan, que han pasado los coches de abuelos, padres y nietos.
"Nos gusta ser un comercio de barrio, de estar aquí. Saber que los vecinos también pueden contar con nosotros para otras cosas. El que te mande un compañero de trabajo o un vecino", valoran.
"Somos una familia"
La evolución del negocio ha tenido una "fina línea" entre lo laboral y lo personal. Pablo Sánchez llegó a trabajar con Carmelo Abío durante más de 15 años y siguió adelante tras su fallecimiento junto a Lorena.
"Somos una familia por la herencia que dejó mi padre y por las horas que pasamos juntos cada día. Pablo acaba de tener un hijo y es como mi sobrino, y cualquier historieta de nuestros trabajadores nos la tomamos como si fuesen hermanos pequeños", resalta Lorena.
"Hay mucha gente que aún hoy me dice Carmelo. Esa familiaridad nos gusta seguir llevándole, aunque no sea la misma sangre la que corra por nuestras venas", añade Pablo.
En su caso, el relevo generacional y la falta de mano de obra cualificada no ha sido un problema. Cuentan con otros dos mecánicos de 23 y 22 años, Víctor y Ayoub, "de los perfiles que, cuando los ves, te chocan en la juventud".
A ello se suma la experiencia del propio Pablo, "más de 22 años" y bagaje dentro del mundo del tuning, una de sus pasiones. "A todos les encantan los coches, aparte de trabajo es hobby", subraya Lorena.
Costes
El aumento del precio de los materiales y los componentes sí repercute negativamente. "Se lleva mal, lo que utilizamos se va comprando un poco sobre la marcha porque al principio no sabes cuando te viene un coche si es una avería o una revisión general", declara.
Con todo, no han subido ni el precio de su mano de obra ni el de productos como el aceite. "Hemos repercutido una mínima parte de todas las cosas que nos han subido a nosotros, entendemos que ahora es un esfuerzo mayor tener un coche, porque encima la gente no puede cambiárselo", insisten.
En relación con los cambios en el sector y la movilidad eléctrica, "el futuro se ve un poco más complicado". "Mucha gente dice que los coches son más caros, luego está el renting, que ahí ya no podemos estar", resumen.
Por otro lado, la clientela más mayor se va perdiendo, aunque entra "mucha gente nueva". "Un taller como el nuestro, en el centro, cada día hay menos, de una forma u otra seguiremos luchando y aquí estaremos", concluye Lorena.
"La electricidad es para la lavadora", bromea Pablo. Eso sí, confirma que ha conseguido la certificación para poder manipular los vehículos eléctricos. "No me apetece nada", ironiza.
