Publicada

La carpintería, como tantos otros oficios tradicionales, se ha visto obligada a reinventarse para no perder comba en la actualidad. La situación es extrapolable al mercado en Aragón, pero también fuera de la Comunidad, con un fuerte problema de relevo generacional y a la hora de encontrar mano de obra cualificada.

En Zaragoza, José Javier Rutia (37 años) forma parte de la carpintería José Rutia junto a sus hermanos. Se trata de un negocio fundado por su abuelo hace cerca de 80 años y que ahora gestiona la tercera generación de la familia.

Cuentan con tres tiendas en la capital aragonesa, los barrios de San José, el Actur y el centro, además de un taller en La Puebla de Alfindén, el particular centro logístico de sus encargos.

“Mi padre está prejubilado, sigue trabajando, también lógicamente con sus merecidos descansos porque no fue al colegio, no tuvo oportunidad de estudiar y lleva trabajando desde niño”, cuenta.

Él y sus hermanos han seguido la tradición familiar, aunque el negocio ha cambiado. En la actualidad, prestan servicios para profesionales y particulares.

El buen momento de la empresa no les exime de sufrir el resto de problemas que atañen a su sector. Sobre todo, cuenta Rutia, en lo relativo a la búsqueda de personal preparado para el intenso día a día de este tipo de negocios.

“Es un tema recurrente que nos afecta. Es muy complicado encontrar gente joven. En su día yo tenía amigos que tenían claro que no querían estudiar y se metían a un grado, echaban currículums en un polígono y cogían a uno u otro”, continúa.

Rutia opina que hoy, entre los jóvenes, hay menos “ganas” de trabajar. “La gente joven, y no tan joven, que hemos cogido, tiene unos estándares de trabajo, de horarios, de sueldo, que si no se cumplen pues no vienen a trabajar, vuelven a casa de su padre y ya está”, añade.

“Lo mismo”, dice, “contratas a alguien y al día siguiente tiene un resfriado y se coge la baja”. “Cosas que en otras generaciones eran un poco impensables”.

La formación con la que acceden al mercado laboral, según Rutia, se queda corta de entrada. En la carpintería, los aprendices reciben otra capa de conocimientos por parte de los más veteranos.

“Sirve más el interés en aprender. Al final, cuando unos años tienes persistencia, ganas, te puedes convertir en oficial. Tenemos oficiales que no tienen nada que envidiar a nadie con cualquier carrera, uno bueno cobra mucho dinero a final de mes, pero eso viene de una carrera de dedicación al oficio”, insiste.

Taller de la carpintería en La Puebla de Alfindén E.E.

Para Rutia, ha cambiado del mismo modo el acceso al trabajo y está más reglado. En su caso, dio sus primeros pasos en la carpintería con 14 años.

“Mi hermana por ejemplo tiene hijos y ya no lo vemos con esos ojos, somos más precavidos, creo que va todo un poco de la mano”, detalla.

Tecnología

Las innovaciones tecnológicas suponen un alto coste para la empresa, pero ayudan a paliar la falta de personal. Ha sido un cambio “drástico”.

“Ayudan mucho a mejorar el proceso, lógicamente en detrimento de un trabajo más artesanal, más manual. Lo cierto es que ya no se demandan tanto ese tipo de trabajos donde el carpintero podía dejar su huella, eso ha pasado a un segundo plano”, comenta Rutia.

La subida general de los costes ha afectado a la carpintería “como a absolutamente todo el mundo”: “Sube la luz, sube el gasoil, suben las materias primas, sube todo”.

“Lo que podría haber sido un mayor ingreso por un crecimiento de los márgenes se ha visto absorbido por esa subida”, apunta.

Esta situación no les ha frenado a la hora de seguir invirtiendo “constantemente” en el negocio y los precios han subido “lo menos posible”.

No obstante, sí se trata de una barrera de entrada para quienes acceden al sector. “Lo van a notar más que nosotros, que tenemos infraestructura y recorrido”, concluye.