Amadeo Espinosa, de 60 años, es la tercera generación de una familia de fontaneros con un fuerte arraigo en Zaragoza. Tanto es así que abrieron su establecimiento, hoy llamado Reformas y Fontanería Espinosa, en 1942.
Espinosa entró al negocio hace ahora 36 años, en 1990. Fue justo después de acabar la carrera de Ingeniería Técnica, según explica en una conversación con EL ESPAÑOL DE ARAGÓN. 10 años después, con el año 2000 y la entrada del milenio, su padre "se hizo un poco al lado" y él asumió del todo las riendas.
"Es una fontanería de barrio, que ahora tiene más cosas particulares, de obras. Hacemos muchas averías de vecinos, instalaciones, baños completos, algún piso. Si tengo para elegir, elijo", cuenta.
Actualmente forman la empresa 5 personas: 3 fontaneros, 1 ayudante y el dueño. En caso de necesidad, recurren a cuadrillas de subcontratas.
Espinosa tiene claro que "no se trabaja de la misma manera" que hace casi 40 años. Han cambiado los materiales, las necesidades de los clientes y el propio flujo de trabajo para los profesionales.
Uno de los principales cambios pasa por la dificultad para encontrar profesionales, como sucede con otros oficios tradicionales. "Lo vamos capeando como podemos", lamenta desde la "sinceridad".
Hay quien "dice que sabe ciertas cosas, pero no controla nada". Falta, en definitiva, "profesionalidad", paciencia y tiempo de formación.
"Viene gente poco preparada porque en dos años de Formación Profesional no te sale un oficial. Ya no hay aprendices que se tiraban aquí 3 o 4 años hasta que podías mandarlo a un sitio. Ahora hay una carencia total", comenta.
"El día a día te forma", continúa, "pero llevar herramientas un poco buenas" también ayuda. A falta de personal, sirve por tanto hacer "una buena inversión" en materiales, aunque son parches en comparación con la magnitud del problema, sin aparente solución a corto plazo.
"Esto se va a prolongar mucho tiempo, desde luego", opina Amadeo. La situación, dice, es extrapolable a la construcción, la carpintería y los demás oficios más tradicionales.
Inmigración
Buena parte de esos puestos de trabajo acaban recalando en la población inmigrante. "No es que vengan formados del todo, sino que son valientes para atreverse con cosas que igual desconocen", subraya.
Espinosa apunta la percepción social como otro de los argumentos que llevan a esta falta de efectivos. "Nadie quiere trabajar de fontanero ni de albañil, la gente se limita a estudiar sus carreras, es un poco mi punto de vista personal", relata.
Nuevas generaciones
¿Los jóvenes acuden menos a los fontaneros? Amadeo Espinosa tiene claro que su perfil de clientes "son gente más bien mayor". "Los chavales si les pasa cualquier cosa intentan resolverlo todo con un tutorial de YouTube", afirma.
Si el asunto va a mayores, no les queda otro remedio. "Solo me llaman cuando tienen un problema de verdad y no saben salir del bache", concluye.
