Zaragoza
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El incendio de Orés ha obligado a sacar a 700 personas de sus casas. El fuego les hizo salir corriendo y prácticamente con lo puesto, terminando, en muchos casos, en el polideportivo o el Casino de Ejea de los Caballeros.

La capital de las Cinco Villas se ha convertido en el epicentro de la solidaridad y los trabajadores de Cruz Roja, en los ángeles de la guarda de los afectados por el fuego.

Jacob Ansó, presidente de la Asamblea Local de Cruz Roja, reconoce que se han vivido horas muy difíciles.

Los primeros desalojados llegaron tranquilos, pero con los de Uncastillo, que no esperaban que el incendio llegara hasta sus puertas, hubo momentos de inquietud.

"Tenían muchas preguntas, estaban alterados", explica.

Aunque hubo gente que pudo irse con familiares y amigos, otros volvieron a hacer noche en el polideportivo, reconvertido en albergue. Solo allí había por la tarde unas 50 personas.

En estos casos, cuenta Ansó, lo primero es que la gente se tranquilice: "Una vez que están asentados se cogen sus filiaciones. Se pide nombre, apellidos, alergias, intolerancias, si necesitan medicación... Se intenta ver cuál es el control que hay que llevar sobre ellos y se les proporciona un kit de higiene para que estén cómodos".

Además, a los niños se les lleva la ludoteca o a la piscina para que estén entretenidos.

"Los mayores lo único que quieren es estar con la gente de su pueblo hablando para tener la cabeza ocupada", añade.

Por suerte, el pabellón está acondicionado, así que, al menos, las altísimas temperaturas de estos días no son un problema.

La previsión es que estas personas pasen allí las próximas horas, aunque en estos casos hay que ir "momento a momento" y no se pueden hacer demasiadas previsiones.

"Vamos organizando las comidas y cenas conforme va avanzando el día", cuenta el presidente de la Asamblea Local.

En esta lucha no están solos, ya que hasta Ejea se han desplazado voluntarios de numerosos puntos de la provincia de Zaragoza y la de Huesca.

En el polideportivo estaban por la tarde unas 20 personas de Cruz Roja, mientras que en el Casino había otra veintena.

"Estábamos todos ya preparados por si había que desalojar la residencia de Uncastillo. Es un centro bastante grande, con encamados y muchas personas en sillas de ruedas. Cuando nos han llamado del Cecopi hemos subido directos para sacar a toda la gente, pertenencias, documentación, medicaciones y todo lo que hacía falta para bajarlos a la residencia de Zaragoza", señala.

En estos momentos tan duros, la atención psicosocial es también vital.

"Muchas veces basta simplemente con mirar a la gente para ver cómo están", completaba.

Los voluntarios confían en que no haya que evacuar más pueblos, pero si hace falta, volverán a estar allí.