Aragón ha conseguido desactivar la 'bomba' del deshielo. La histórica cantidad de nieve acumulada hacía temer una gran avenida con la subida de las temperaturas, pero lo peor, confirman desde la Confederación Hidrográfica del Ebro, ya ha pasado.
María Luisa Moreno, jefa de Hidrología y Cauces de la CHE, asegura que el hecho de que no haya habido lluvias intensas ha sido clave. Especialmente tras el calor de la última semana, con unos 35 grados impropios para un mes de mayo.
Para desencadenar una fusión acelerada tiene que haber precipitaciones "largas" en el tiempo con acumulados de entre 50 y 100 litros por metro cuadrado, pero más allá de alguna tormenta muy localizada, esta primavera no las ha habido y los vecinos de la ribera han podido respirar tranquilos.
La propia Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) confirmaba hace escasas semanas que este mes de abril había sido el más cálido de la serie histórica, 30 días "muy secos" en los que llovió hasta un 50% menos de lo normal.
Todo esto ha hecho que la fusión haya sido gradual.
La particularidad de este año, explica Moreno, ha sido la gran cantidad de nieve que se acumuló entre finales de enero y mediados de febrero. La gráfica superaba, por mucho, los valores medios de la serie 2002-2025. "Pasamos de un año con niveles por debajo de lo normal a uno excepcional en cuestión de dos o tres semanas", agrega.
El pasado mes de febrero, el Ebro dio ya un primer susto. El río entró con 7,56 metros de altura en la provincia de Zaragoza, pero la avenida no pasó de ordinaria y los daños se centraron, principalmente, en la agricultura.
Alcaldes y trabajadores del sector primario temían lo peor con varias motas dañadas o, directamente, rotas, pero esta vez no ha habido que correr.
Evolución a la baja
En torno a la mitad de la reserva de nieve de la cuenca se almacena en el Pirineo aragonés, un punto que ha estado especialmente vigilado en los últimos meses.
Los acumulados históricos llegaron un mes antes de lo habitual y en cantidades superiores, pero la ausencia de precipitaciones ayudó a que el problema no fuera a mayores.
Los cauces pirenaicos tuvieron caudales más altos, pero al no haber grandes lluvias no se registraron avenidas significativas.
Ahora, ese manto "excepcional" ya no llega ni siquiera a notable y está incluso por debajo de la media.
Este martes, el Ebro arrastraba 95 metros cúbicos por segundo a su paso por Zaragoza, con menos de un metro de altura y una tendencia descendente. Tampoco hay nada que apunte a un cambio a corto plazo.
El último parte de nieve de la CHE augura una tendencia a la baja en la demarcación del Ebro, con unas reservas de menos de 500 hectómetros cúbicos que lejos quedan de los más de 2.000 que se alcanzaron en el pico de la temporada.
Qué se puede esperar
El comportamiento de la primavera ha sido especialmente beneficioso para el territorio, ya que el deshielo paulatino ha permitido rellenar los acuíferos y mejorar y humedecer el suelo.
Los embalses siguen aún así en unos porcentajes altísimos. De media, están al 88,9% de su capacidad, con 6.808 hectómetros cúbicos que se sitúan 13,2 puntos por encima de los últimos cinco años.
"No pueden estar más llenos. Se deja un pequeño porcentaje por si hubiera una precipitación muy intensa con el objetivo de que haya capacidad de gestión", explica la jefa de Hidrología y Cauces de la CHE.
Tradicionalmente, en primavera, los consumos agrícolas no son muy altos por las lluvias. En todo caso, las épocas de máxima demanda de la campaña de riego -los meses de junio, julio y agosto- parecen estar más que garantizadas.
"No puede haber más agua. Los embalses han quedado llenos y los suelos, bastante saturados. Problemas no va a haber, aunque sí podríamos tener una mayor demanda si vienen meses especialmente secos o con temperaturas muy altas. Cada año, la media va superando al anterior", afirma.
