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El derribo del antiguo edificio de Correos en Zaragoza no podrá continuar hasta nuevo aviso. Así lo ha decretado el Gobierno de Aragón hasta que se resuelva el expediente que determine si el edificio debe ser catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC), un proceso que podría demorarse hasta un máximo de dos meses, según la ley de Patrimonio Cultural.

Una noticia que llega tras las reivindicaciones de los vecinos de Joaquín Costa de Zaragoza, así como de asociaciones Patrimoniales, que defienden que el edificio debe ser declarado como BIC. Eso sí, la paralización de los trabajos llega varios días tarde, pues desde este mismo lunes las máquinas comenzaron a derribar el edificio.

De hecho, este ya muestra signos de los trabajos, con parte de la estructura que ya ha sido demolida. Aunque las afecciones, si se decide que la infraestructura debe ser protegida, serían menores.

Según han informado a este diario desde el Gobierno de Aragón, se ha tomado la decisión de paralizar los trabajos hasta que se resuelva el expediente. Una vez que se conozca que el edificio debe ser protegido o no, los trabajos podrán continuar en caso de que este no sea catalogado (con cualquier tipo de figura que requiera protección) y cumpliendo así "con lo que establece la normativa".

Una obra representativa de los años 70

El edificio de Correos fue proyectado por el arquitecto madrileño José Luis González Cruz (nacido en 1935), quien trabajó para la Dirección General de Correos y Telégrafos y desarrolló una amplia producción en Madrid durante las décadas de los 60, 70 y 80. "Es una obra de plenitud de este arquitecto, de su etapa más productiva y madura", explica a EL ESPAÑOL DE ARAGÓN Jesús Martínez, historiador. Aunque no lo califica como "una joya", sí lo define como "una obra muy representativa y de calidad de los años 70, que tampoco sobran".

Arquitectónicamente, el edificio mantiene "un diálogo temporal" con la estación del Portillo, "levantada en la misma época". Ambos comparten, según el historiador, ese aire característico de los años setenta. Eso sí, sobre el debate de si el edificio es brutalista o no (estilo arquitectónico muy valorado y actualmente dificil de encontrar), Martínez confirma que "sí tiene toques brutalistas, como el uso del hormigón armado visto y esa rotundidad formal, pero no es puramente brutalista".

Pero ello no justifica su desaparición. El inmueble también incorpora elementos cerámicos y un muro cortina de cristal, lo que lo convierte, a su juicio, en "un edificio formalmente rico y complejo". En cualquier caso, resta importancia a las etiquetas: "No podemos pensar que solo por ponerle un nombre a un edificio ya tiene valor o deja de tenerlo".