María José Alonso, funcionaria de profesión, es una de las miles de personas que cada día sufre los retrasos de la alta velocidad en sus propias carnes. De lunes a viernes va a trabajar de Zaragoza a Calatayud en el tren de las 7.36 y, por lo general, vuelve en el de las 15.26.
Los problemas, dice, no son cosa de una o dos semanas, aunque, tras el accidente de Adamuz, han empeorado considerablemente.
Como ella, son muchas las personas que van a Calatayud a diario por motivos laborales. "Hay militares, médicos, profesores, gente que trabaja en los juzgados… Nos juntamos un grupo muy variado", cuenta.
Ella tiene la suerte de tener un horario de entrada flexible que le ayuda a sobrellevar los retrasos, aunque si esta situación persiste asume que tendrá que buscar una alternativa.
Sobre todo teniendo en cuenta que, aunque tendrían que llegar a las 8.00, ahora lo están haciendo a las 8.30 o incluso las 8.45, si bien las mayores demoras se están produciendo a la vuelta.
El viaje dura habitualmente 24 minutos. En los últimos días han sido 28 o 30, pero el problema no está tanto en el trayecto sino en que, muchas veces, el tren no llega a su hora o, directamente, no aparece por la estación.
"Hoy por megafonía nos ha avisado de que se había roto la máquina. Hay gente que ha tenido que irse en bus, otros en coche… Lo que no entiendo es que se diga que los problemas son por las limitaciones de velocidad. Si fuera así, los trenes llegarían todos los días a la misma hora, pero cada vez es a distinta. Cada día es una lotería", lamenta.
A esto se une la falta de información en la propia estación. "Se nota que el personal también está sufriendo. Tenemos que ir mirando la aplicación de Adif para saber cuándo llega el tren", añade.
En su opinión, esto "no puede seguir así" mucho más, por lo que confía en que "pronto" se dé con la solución.
Además, al margen de los retrasos, advierte de que hay gente que se está teniendo que quedar en tierra cuando "luego, los trenes van vacíos", otro problema que viene repitiéndose desde hace meses y al que, hasta ahora, nadie le ha puesto solución.
