Zaragoza
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Ocho jóvenes zaragozanos de 18 años recién cumplidos tenían previsto regresar a casa este sábado tras unos días en Tarragona. Tenían todo bien planeado para que nada fallara, pero lo que no hubieran imaginado es que el caos ferroviario que provocó la dana les iba a dejar tirados durante 17 horas en la estación, teniendo que dormir en el suelo o en sillas.

Su billete fijaba el horario de regreso a Zaragoza para el sábado a las 17.15 para llegar a Delicias a las 21.10, pero unos minutos antes ya percibían que algo iba a fallar. “Cuando llegamos, en todas las pantallas ponía circulación interrumpida por causas meteorológicas. Nadie decía nada y las megafonías solo decían que no nos subiéramos a las vías”, cuenta Claudia, una de las afectadas.

Desde entonces, todo fue incertidumbre y ausencia de respuestas y soluciones por parte del personal de la estación. “Íbamos a ‘Atención al Cliente’ y la señora nos decía que no había tenido tiempo para comunicarse con Circulación, cuando no estaba haciendo nada, que la estaba mirando todo el rato”, insiste esta joven.

A partir de las 19.00, la circulación comenzó a restablecerse, pero su tren seguía sin hora de salida, ya que partía desde Barcelona, que se encontraba bajo la alerta roja por las tormentas.

Grupo de jóvenes de Zaragoza en la estación de Tarragona E. E.

Durante la espera, conocieron a un grupo de chicas de Madrid que tenían que coger el mismo tren para hacer transbordo en Delicias, y a quienes tampoco se les daba ninguna respuesta. De hecho, visto el panorama, reservaron una noche en Zaragoza, aunque al final la pasaron todos juntos en la propia estación de Tarragona.

En medio de la tarde, hubo un momento de tensión cuando corrió el rumor de que habían salido algunos autobuses hacia Zaragoza, pero no se les había comunicado nada, ni por megafonía. Mientras, los padres empezaron a organizarse por si había que salir con varios coches a buscarles.

3 de las jóvenes tiradas en la estación de Tarragona E. E.

Pasaron las horas, la noche ya era profunda en Tarragona y estos zagales seguían sin noticias de su tren. Ya a medianoche, desde la estación, que garantizaron que no les iban a dejar en la calle, trataron de localizar algún taxi que les llevara a Zaragoza, pero no encontraron los suficientes para todos. “Ninguno quería hacer tantos kilómetros. Nos ofrecieron un bus que iba hasta Caspe, pero el conductor dijo que a Zaragoza no iba porque el tacógrafo no le daba”, explica la joven.

Ante ello, ya no les quedó más remedio que buscar el lugar más cómodo posible –tenían toda la estación para ellos–, y esperar que les dieran un hueco en el primer tren posible. Y el “milagro” llegó. Sobre las 8.00, les dieron por fin un billete para un AVE a Zaragoza, y a las 10.00, 18 horas después de la hora de salida del tren, llegaron a la capital aragonesa tanto este grupo de jóvenes como las chicas de Madrid, que aún tuvieron que esperar a mediodía para coger un bus.