Alicante

El abuso sexual infantil no es un tema menor. Es una lacra silenciada que sufren 1 de cada 5 menores en España y que se podría prevenir concienciando a las víctimas y su familia directa. Eso es lo que defiende Patricia Cardona (Palma de Mallorca, 1973), autodenominada sobreviviente de este tipo de violencia tras sufrir un calvario que casi le lleva al suicidio. Actualmente es la promotora de un taller (gratuito) "para conocer las claves para proteger a tu hijo o hija" y que imparte este sábado, 16 de septiembre, a las 19 horas a través de este enlace web para todas aquellas personas que estén interesadas. 

Hablamos con ella antes de que marche a Bruselas, donde tiene previsto reunirse con los representantes parlamentarios de varios eurodiputados españoles en el marco de la propuesta de reglamento europeo para prevenir y combatir el abuso sexual de menores online (CSAR, por sus siglas en inglés), una ley que pretende evitar este tipo de abusos en Internet, que por desgracia también están a la orden del día.

Recién cumplidos los 50 años, ha estado 30 años silenciando los abusos que sufrió, nos cuenta por teléfono desde La Haya (Holanda). "La primera vez que rompí mi silencio fue en abril de 2019 en un evento de poesía donde leí los poemas de los abusos que sufrí para saber si le daba asco a la gente, si me iban a repudiar", avanza esta ingeniera en telecomunicaciones. Entonces ella ya estaba yendo a terapia y su psicólogo no veía con buenos ojos que se "expusiera tanto". Para su sorpresa, hubo gente que le dio la enhorabuena por su valentía e incluso hubo quien se atrevió a confesarle que también eran víctimas de abusos. El camino hacia la "sanación" ya no tenía vuelta a tras. Desde entonces, cada vez que lo ha hecho público "he perdido amigos y familia por contarlo".

Porque, queremos verlo o no, los abusos sexuales a menores está a la orden del día. Solo unos datos: un 44,7% de los abusos sexuales cometidos hacia menores de edad en España se producen entre los 13 y los 16 años, aunque la edad media en la que los niños y las niñas comienzan a sufrir abusos es muy temprana, a los 11 años y medio. Además, el 78,9% de los casos las víctimas son niñas y chicas adolescentes, y el 84% de los abusadores son conocidos, en mayor o menor grado, por los niños y las niñas, según Save the Children tras analizar 394 sentencias judiciales de abusos sexuales cometidos hacia la infancia entre 2019 y 2020, correspondientes a 432 víctimas. 

Los abusos que tuvo que soportar Patricia responden a este patrón. Dos amigas de su madre abusaron de ella cuando tenía 13 y 14 años. Más tarde, un familiar abusó verbalmente y con voyerismo, explica pero, a diferencia de los contactos físicos, esto no los supo identificar como abusos hasta que no tenía 44 años y leyó un informe de UNICEF al respecto. También en el colegio, donde el profesor de Educación Física les ordenaba a ellas y ellos, en el vestuario "a quitarse las bragas y los calzoncillos, pero entonces yo lograba esconderme en el baño". Incluso en la actualidad, cuando "un amigo vino a mi casa hace un año a arreglarme una lámpara y se aprovechó de mí, me abrazó y me tocó los pechos y yo no quería y pensé que me había vuelto a pasar".

Patricia sí contó, a diferencia de la mayoría de los niños que sufren esta lacra, lo que le habían hecho los amigos de sus padres cuando era adolescente. Se lo dijo a su madre, pero "no tenía herramientas y me dijo que lo que mejor podía hacer era callarme; y así estuve 30 años". Su vida continuó y, sin darse cuenta, la fue construyendo "sobre arenas movedizas, con autoestima por los suelos, desarrollé un eccema de origen nervioso en cuero cabelludo y vulva y nunca nadie se preocupó, pensaban que era una adolescente estresada", se lamenta. El eccema de la cabeza le duró hasta los 38 años. 

Ataque de pánico  

Cuenta Patricia que, no fue al psicólogo por primera vez hasta los 36 años, y no fue para ayudarle a resolver este trauma. Fue porque en la oficina donde trabajaba un compañero había asesinado a cuchillazos a otro y ella lo llevaba especialmente mal, por lo que su novio de entonces le sugirió que visitara a un profesional. "En esa terapia conté por primera vez que durante uno de los abusos sexuales sentí placer y me dijo que era totalmente normal porque la mente va por un lado y el cuerpo por otro porque fue abuso como un suave, pero lo dejamos ahí", señala.  

Con 43 años, recuerda, le dio su primer ataque de pánico: "Yo pensé que me iba a suicidar", relata Cardona, también actriz con formación en arte dramático en Nueva York. "Estaba en la oficina supertriste sin ningunas ganas de nada y una de las veces que salí del baño una voz me dijo que me iba a matar, que me iba a quitar la vida, como si mi mente no estuviera dentro de mi cuerpo", rememora. Llamó a su médico y le ofreció un número concreto anti suicidios para que llamara. A continuación, llamó a una amiga "que vino corriendo, me salvó la vida y me llevó a hospital y mis amigos hicieron turnos para no dejarme sola".

Sus pensamientos suicidas, que intentos reales, aclara, no acabaron ahí. "Me ha llegado a dar tanto asco mi cuerpo durante la terapia cuando me iba despertando recuerdos", avanza, "que no podía ni ducharme porque no podía tocarme, era horrible, ni afeitarme las piernas y con pensamientos suicidas muy fuertes; de hecho, tenía un cuchillo de cocina muy afilado y le tuvo que decir a mi novio que se lo llevara", confiesa.

Desde entonces, la terapia ha estado presente en su vida con una asignatura pendiente que por fin ha resuelto con éxito: su madre. "He estado más de 5 años sin hablar con ella y ella no lo entendía, se sentía muy culpable. He estado sanándome y trabajando el perdón y el día de mi cumpleaños, el pasado 8 de septiembre, ella me mandó mensajes muy bonitos y la sentí cambiada de verdad y hemos vuelto a tener relación", comenta entre lágrimas. "Estoy muy contenta y le dije lo que hacía, darles herramientas a los padres, las que ella no tuvo, para evitar que a otros niños y niñas les pase lo que le pasó a ella, y que tan caro está pagando.

En ese proceso de perdonar no tiene previsto pedir justicia. "Uno de mis abusadores ya falleció, la amiga de mi madre, alguien que cuando la veía o cuando olía ese perfume -que estaba muy de moda entonces- me moría al traerme todo el recuerdo", y la verdad es que ya habrían prescrito estos delitos y yo estoy poniendo el foco en mi sanación", responde esta activista que forma parte de BraveMovement, "un movimiento mundial centrado en los sobrevivientes que lucha por poner fin a la violencia sexual infantil".

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El taller

En su web pone que es la creador de "L.A.B.O.R., un método de 5 pasos que empodera a los padres para que protejan a sus hijos, amplíen su zona de confort y sean testigos de cómo crece su confianza en este tema".

En el taller del sábado abordará cuestiones como "enseñar a tu hijo a decir 'no' ante un posible abuso" o la identificación de los tipos de abusos "con y sin contacto físico". A este respecto, esta el verbal que pasa por o decirles obscenidades a los niños "o explicarles como chupar un pene cogiendo una zanahoria". "También contarles detalles de tu vida sexual a un niño, a veces lo disfrazan de educacional porque no es educacional enseñarle a niño a masturbar o hacer felación". 

Otro típico es el examen médico "tipo ‘deja que te mire’". El exhibicionismo, "ponerte desnudo delante de los niños, que es muy diferente que te vea cuando sales de la ducha, a llevarlo al terreno sexual", sería otro tipo de abuso. Otra forma es exponerlo al sexo, mostrarle fotos o vídeos pornográficos; o hacerle posar. 

"Y luego están las bromas, que hay que cortarlas de raíz, que a mí me ha pasado. Tipo ‘menudas tetas le están creciendo a tu hija’ que a veces dice un familiar que incluso da palmadita en el culo o agarra de los testículos al adolescente a plena luz del día en una comida familiar", avisa. "Ahí estás diciendo al niño que eso está bien, que se lo pueden hacer otras personas y que das en cierto modo permiso a que lo haga en privado". 

Cuenta esta experta que en sus talleres encuentra a sobrevivientes, "casi todas mujeres con una vida aparentemente, normal, exitosa, con hijos, maridos... pero por dentro, eran por ejemplo deportistas y guapas para llenar ese vacío que te dice que no vales, que eres tonta, que no se note lo que te ha pasado". 

Por último, avisa a las madres y padres de es costumbre entre ellos dar por hecho de que "a mi hijo no le va a pasar" porque "va a un buen colegio" o porque "esto solo pasa en otras países" y que si al final pasa, "seguro que me lo cuenta". Y sí que pasa, más de lo que creemos, aunque nos incomode verlo, y también se puede prevenir si sabemos cómo.