Empieza mayo y abre La Horchatería Azul. Esa es la señal no oficial en la ciudad de Alicante de que empieza el verano y para las hermanas Mari Ángeles e Inma Sorribes de que llega aún más trabajo. "Mucho trabajo y muchas sonrisas en 95 años", es el planteamiento que han llevado adelante durante generaciones, ahora mismo ya cuatro.
Todo empezó en 1930. Esa es la última fecha que tienen confirmada con documentos, ya que durante años marcaron que era 1942. "Pero mi hermano Ale, que es muy sentimental y le gustan mucho las cosas de la historia familiar", recuerda Inma, "se puso a rebuscar entre los papeles de mi padre, que había fallecido hace cuatro años, y se encontró que en realidad estaba de alta desde 1930".
La fecha podría ser aún anterior porque saben que el negocio se llegó a llamar La Casita Azul. Así se lo contó su abuelo cuando eran pequeñas y se lo confirmaron a uno de sus más veteranos clientes que aún recordaba esa denominación. El sencillo nombre era literal, el local abierto en el 32 de la calle Calderón tenía solo la planta baja (y seguramente una puerta azul, como aún se estila en Santa Cruz).
El paso del tiempo y la voluntad de aprovechar el espacio fue lo que permitió que de aquella casita azul se pasara al edificio que existe ahora y en el que siguen a pie de calle, casi un siglo después. Y volver la vista atrás obliga a hablar de Alejandrina Candela y Manuel Sorribes, el matrimonio que abrió un negocio que entonces no estaba tan especializado como ahora.
"Mi abuela Alejandrina hacía jarabe de horchata y jarabe de cebada que lo iba vendiendo a los negocios en botellas de cristal para que la gente añadiera agua", recuerda Inma. Así que el negocio que se ha convertido en una parada obligatoria para el que quiera probar la horchata no la vendía en sus inicios allí porque lo que se podía tomar eran cafés, churros y chocolate.
"Abrían a las seis de la mañana para vender el café a los trabajadores que iban al puerto o a las Cigarreras", explican ahora las hermanas, completando cada una la frase de la otra cuando se trata de los recuerdos familiares. Una pequeña cafetería que, además, estaba abierta durante todo el año.
¿Quién lo transformó? Eso fue obra de María y Manolo, sus padres: "Ellos fueron los que lo hicieron grande". Ella se encargaba de atender en una barra en lo que ya había cambiado la forma de desayunar, en lugar de cafés o chocolates, horchata.
Su lema, 'El cliente siempre tiene la razón'. Y así lo aplicaba María con una sonrisa. Manolo, en el almacén, preparaba la horchata y tenía un carácter fuerte porque siempre que salía "enviaba a alguien a la mierda", aseguran risueñas recordándole.
La constancia en el trabajo y la calidad de sus productos son las bases que les han permitido construir un icono en la hostelería de Alicante. Un local reconocido en guías como la Repsol y que presume de lucir un Solete.