Alicante
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La educación canina ya no tiene por qué limitarse a enseñar al perro a obedecer órdenes. En Happy Guau defienden una forma de relacionarse con el animal que también pasa por descubrir sus capacidades, compartir nuevas experiencias y encontrar actividades que permitan disfrutar juntos de la convivencia.

Desde EL ESPAÑOL de Alicante hemos hablado con el adiestrador Claudio Gutiérrez Rodríguez, fundador de Happy Guau junto a Alicia Giménez Niñoles, también adiestradora. La filosofía del proyecto queda patente en el día a día de sus instalaciones en San Vicente del Raspeig, donde una clase de detección deportiva permite comprobar cómo los perros aprenden, estimulan sus capacidades y disfrutan de una actividad junto a sus dueños.

Claudio lleva alrededor de 12 años dedicado al adiestramiento canino y Alicia se incorpora al proyecto hace 5 años. Happy Guau comienza trabajando principalmente la obediencia básica y la modificación de conductas problemáticas, pero con el tiempo da un giro hacia disciplinas como la detección deportiva, el mantrailing o búsqueda de personas, y las rutas con perros.

Más allá del cuidado

El objetivo es cambiar la manera en la que las familias se relacionan con sus animales. "Buscamos a gente que quiera ir más allá de pasearlo y lanzarle la pelota", explica Claudio.

Por eso, Happy Guau plantea actividades que permiten estimular capacidades naturales del perro y, al mismo tiempo, reforzar el vínculo con su familia. Actualmente, sus grupos reúnen de forma habitual a unas 30 personas en detección, alrededor de 20 en mantrailing y entre 10 y 35 participantes en las rutas de senderismo, dependiendo de la época del año.

Detrás de esta filosofía hay una idea clara, y es que muchas veces el propietario desconoce hasta dónde puede llegar su perro. "Tu perro es mucho más de lo que tú piensas y puede hacer cosas mucho mejores y más divertidas de las que crees", señala.

Disfrutar del animal

Uno de los principales mensajes de Claudio es que los problemas de comportamiento no deberían convertirse en el centro absoluto de la relación entre el animal y su familia.

Un perro reactivo, miedoso o agresivo puede acabar asociado únicamente a situaciones negativas, como paseos tensos, preocupación por encontrarse con otros animales o clases centradas exclusivamente en corregir aquello que hace mal. Para el adiestrador, esa dinámica termina haciendo que la familia vea al perro como una carga.

Por eso considera importante introducir actividades que permitan recuperar la ilusión y descubrir otras facetas del animal. "Puedes hacer cosas con tu perro aunque no sea perfecto", defiende.

Semanas decisivas

En cachorros, las consultas más habituales están relacionadas con las necesidades dentro de casa, la destrucción de objetos y las mordeduras a manos y pies. En adultos aparecen con frecuencia la agresividad hacia personas u otros perros, la ansiedad por separación, los tirones durante los paseos o el miedo a salir a la calle.

Una de las cuestiones a las que más importancia concede es la socialización temprana. Claudio explica que existe un periodo especialmente sensible, que sitúa aproximadamente entre las primeras semanas de vida y las 12-14 semanas, en el que el cachorro aprende a relacionarse con personas, perros, ruidos y diferentes entornos.

El problema aparece cuando el animal permanece en casa hasta completar todo el calendario de vacunación y se enfrenta por primera vez al exterior cuando esa etapa ya ha terminado. Para el adiestrador, el cachorro puede encontrarse entonces ante un mundo completamente desconocido y responder con miedo.

También insiste en que la genética influye. Como ejemplo, habla de dos de sus propias labradoras, hermanas de camada y criadas en las mismas condiciones, pero con comportamientos muy diferentes ante personas y otros perros.

La conexión con el animal

Para Gutiérrez, detrás de esa relación existe además una conexión emocional especialmente intensa. La define como algo "brutal" y asegura que el perro es capaz de percibir de inmediato cómo se encuentra la persona con la que convive.

"Tu perro lo sabe todo de ti, te conoce mejor que tú", afirma el adiestrador, que explica que el animal puede detectar incluso al entrar por la puerta si su dueño está triste o emocionalmente "destrozado".

Esa conexión también puede influir en la forma en la que el perro responde ante determinadas situaciones.

Gutiérrez sostiene que "el miedo se huele por las hormonas" y explica que la inseguridad del guía puede trasladarse al animal a través de la tensión de la correa. Por eso, considera fundamental que el trabajo no se centre únicamente en el animal, sino también en cómo la persona interpreta y afronta lo que sucede durante el paseo.

Alicia, adiestradora de Happy Guau. Paula Casado

Prevenir el abandono

Para Claudio, la educación canina comienza incluso antes de que el perro llegue a casa. La familia debe valorar qué animal encaja con su estilo de vida y asumir desde el principio el tiempo y esfuerzo que requiere.

El adiestrador relaciona además los problemas de comportamiento con una parte importante de los abandonos. Por eso reclama más responsabilidad antes de adquirir o adoptar un animal y considera necesario endurecer los controles de acceso a la tenencia de perros.

Su planteamiento es directo porque convivir con un perro implica asumir una responsabilidad durante toda su vida. "Falta esa parte de conciencia, saber que un perro es una responsabilidad para toda la vida, va a costar dinero, y mucha gente no está dispuesta a eso", sostiene.

Para Happy Guau, la educación no consiste únicamente en conseguir que un perro obedezca órdenes. Se trata de comprender quién es el animal que vive en casa, ofrecerle herramientas para desenvolverse en el mundo y construir una convivencia en la que tanto el perro como su familia puedan disfrutar.