Pedro Piqueras tiene un flechazo declarado con Altea, uno de los pueblos más bonitos de la provincia de Alicante, conocido por sus calles empedradas, sus casas blancas y una gastronomía donde brillan arroces tradicionales como el 'arròs amb fessols' (arroces con habichuelas).
El periodista recientemente jubilado vive en una urbanización a las afueras del municipio, donde se instaló tras dejar los informativos. Lo contó en una entrevista en la televisión autonómica À Punt, en la que reconoció estar enamorado de la localidad.
Piqueras lleva más de tres décadas ligado a Altea. En esa misma conversación explica que descubrió la zona hace 35 años, gracias a unos amigos, y que desde entonces siempre ha vuelto, hasta convertirla en su lugar de descanso.
En À Punt, Piqueras define Altea como "la definición de la tranquilidad o disfrutar de la vida" y como un "pueblo precioso". Para él, una de sus grandes virtudes es que "las cosas siguen siendo como eran hace 35 y seguramente hace 60 y hace 80 años".
Esa sensación de pausa, de vida mediterránea sin prisas, es precisamente la que convierte al municipio en uno de los destinos más atractivos de la Costa Blanca, también para quienes buscan una segunda residencia tras una vida profesional intensa.
Calles blancas y cúpulas azules
Tal y como recoge Turismo de la Comunitat Valenciana, Altea es una de esas localidades que se quedan en la memoria por su imagen icónica: fachadas blancas, detalles azules, buganvillas y un casco antiguo que parece diseñado para pasearlo sin mirar el reloj.
El recorrido más habitual empieza en el Conjunto Histórico del Baluarte y Recinto Renacentista de la Villa, donde todavía se conservan restos del pasado fortificado.
A partir de ahí, el paseo se convierte en una cadena de rincones fotogénicos, miradores y calles empedradas.
Uno de los grandes símbolos del municipio es la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Consuelo, con su cúpula de tejas azules y blancas, que ha hecho que Altea sea conocida como la "cúpula del Mediterráneo".
Vistas de Altea.
Mar, calas y escapadas
Más allá del casco antiguo, el municipio combina costa y montaña con mucha facilidad. Turismo de la Comunitat Valenciana destaca sus playas de grava y bolos, con nombres tan reconocibles como Mascarat o la playa de la Olla, donde incluso se puede llegar a un islote nadando o en kayak.
Y para quienes prefieren el interior, el entorno ofrece opciones potentes: desde la Serra Gelada hasta la sierra de Bernia, con rutas de senderismo como la del Forat de Bernia, que termina en un mirador espectacular sobre el mar.
Gastronomía
La cocina alteana nace de su tradición pesquera y de la huerta, y por eso el pescado, el marisco y las hortalizas marcan el recetario local. Turismo de Altea lo resume con claridad: "Altea ha sido un pueblo que ha subsistido a base de hortalizas y pescado".
En ese recetario popular, transmitido en muchas casas casi de memoria, destaca uno de sus platos más típicos: el 'arròs amb fessols' y su versión 'l’arròs amb fessols i polp', dos arroces con habichuelas muy ligados a la identidad del municipio.
Arroz con verduras
Y si hay un clásico social que no falla, ese es la paella. Porque en Altea, como señala Turismo de Altea, "en muchas casas la paella es todo un rito un domingo a medio día", con su 'picaeta' previa y la comida compartida alrededor de la misma en el mismo recipiente.
