Las balizas V16 llegan para marcar un antes y un después en la seguridad vial. Desde el pasado 1 de enero, estos dispositivos reemplazan definitivamente a los tradicionales triángulos de preseñalización de peligro, con el objetivo de reducir atropellos y mejorar la visibilidad en caso de avería o accidente.
Se trata de una pequeña baliza de color amarillo, equipada con conectividad y capaz de emitir una luz intermitente de alta intensidad visible en 360 grados durante, al menos, 30 minutos. Funciona con pila o batería, con una vida útil mínima de 18 meses.
Según indican desde la DGT, el dispositivo debe guardarse en la guantera y puede activarse en segundos sin necesidad de salir del vehículo. Basta con colocarlo, preferiblemente, en el techo del coche. En ese momento, la baliza se conecta a la plataforma DGT 3.0 y transmite la ubicación en tiempo real para alertar al resto de conductores.
La implantación de las balizas V16 no ha estado exenta de polémica. A lo largo de los últimos meses han circulado numerosos mitos sobre su funcionamiento, especialmente en lo relativo a la privacidad y al uso de los datos que generan estos dispositivos conectados.
Algunos conductores temen que cualquiera pueda localizarlos si activan una baliza o que delincuentes puedan utilizar esa información para cometer robos u otros delitos, especialmente en zonas aisladas o durante desplazamientos nocturnos.
Para despejar dudas y analizar tanto las ventajas como los riesgos del sistema, desde EL ESPAÑOL de Alicante hemos hablado con el ingeniero de seguridad especializado en protección de correo electrónico en Check Point Software, Rafael López,
Cómo funcionan
Según explica López, las balizas V16 incorporan una tarjeta SIM que, al activarse, comunica la incidencia a la plataforma DGT 3.0. Se trata de un sistema diseñado para mejorar la movilidad y la seguridad vial, compartiendo información sobre averías en tiempo real con distintos organismos y aplicaciones de navegación.
El ingeniero subraya que la conexión con la DGT está cifrada y que no se transmiten datos personales del conductor ni la matrícula del vehículo.
Sin embargo, advierte de que la propia filosofía del sistema plantea retos desde el punto de vista de la ciberseguridad.
"Con una búsqueda de fuentes abiertas, vamos a poder mapear y dibujar qué balizas hay activas", señala.
Esa visibilidad podría ser utilizada por la delincuencia para prácticas fraudulentas, como la aparición de grúas no autorizadas o la planificación de robos en determinados entornos.
López defiende la necesidad de adoptar una mentalidad preventiva. "A mí es que me gusta mucho pensar como los malos, porque cuando piensas como ellos te adelantas a lo que pueden hacer", afirma.
En este sentido, alerta sobre el riesgo de que algunos fabricantes soliciten datos personales o matrículas durante el registro del dispositivo.
Un posible ciberataque a estas empresas podría comprometer la privacidad de los usuarios si esa información se cruzara con los datos de localización de la DGT.
Qué se podría mejorar
Desde su punto de vista, la solución pasa por reforzar la protección de la conexión y limitar el acceso a la información por zonas geográficas.
López cuestiona que sea necesario que cualquier usuario pueda ver una baliza activada a cientos de kilómetros de distancia.
Ante posibles fraudes, recomienda aplicar el sentido común. "Si de pronto de manera mágica nos aparece una grúa que nosotros no hemos llamado, obviamente va a ser pirata", advierte. En estos casos, aconseja comprobar siempre con la aseguradora y contactar con la Guardia Civil.
Pese a las críticas, el ingeniero considera que el sistema es positivo y mejora la seguridad de las personas en carretera. Para explicarlo, distingue entre 'safety', la seguridad física, y 'secure', la protección de los datos.
"No todo de fábrica sale perfectamente seguro, es que es imposible", concluye. El reto, señala, está en encontrar el equilibrio entre la funcionalidad del dispositivo y la privacidad del usuario, una cuestión que seguirá sobre la mesa a medida que la tecnología avance.
