Alicante

Al norte de la provincia de Alicante, en la localidad de Calpe, se encuentra uno de los símbolos de La Marina Alta y de toda la costa alicantina: El peñón de Ifach. Esta gigantesca mole calcárea, de 332 metros de altura, cuenta con el reconocimiento de parque natural desde 1987

Múltiples historias son las que circulan sobre la terreta alicantina. La 'Cara del Moro' sobre el monte Benacantill, la leyenda sobre la cala del Gosset en Dénia, el origen del término alicante, o incluso Benidorm tiene una historia para explicar de donde procede su nombre. En el caso de Ifach, la tradición marinera de la zona y las sirenas sacan el lado más mitológico del gigantesco peñón

El peñón de Ifach visto desde Calpe Diego Delso Wikipedia

La historia cuenta que en un tiempo lejano, la costa de Calpe era el reino de una colonia de sirenas, que habían llegado hasta allí maravilladas con el clima mediterráneo y la cálida temperatura del mar. El principal oficio de las sirenas era engañar a los peces para que cayeran bajo las redes de los pescadores calpinos. Este era el acuerdo al que llegaron estas criaturas marinas con los marineros de la zona. A cambio de paz y tranquilidad, las sirenas los ayudarían a capturarlos.

Pero un día, la envidia de un malvado genio hizo que este quisiera terminar con la paz del Mediterráneo. Y empezó a perseguir a las sirenas, a las que tenía atemorizadas con la amenaza de que si se acercaban a algún pez, este a través de un hechizo las convertiría en piedra y quedarían para siempre sumergidas en el agua

Las sirenas por miedo a que el terrible genio cumpliera la promesa, comenzaron a esconderse y a no salir de su guarida. Por lo que, tampoco podrían ayudar a los marineros a capturar a los peces, faltando así a su palabra. 

Los pescadores, ajenos a las amenazas del genio, empezaron a pensar que las sirenas estaban burlándose de ellos, y que posiblemente estaban trabajando para los pescadores de alguna localidad cercana. Entonces, un grupo de los pescadores cargados con puntiagudas lanzas de hierro se lanzó al mar con el objetivo de acabar con la vida de estas. 

El dios del mar

Las sirenas eran criaturas valientes, pero ante la amenaza de un enemigo doble, pensaron que lo mejor era pedir ayuda al ser más poderoso del medio acuático: Neptuno, dios de los mares de la mitología romana

El rey Neptuno escuchó la llamada de las sirenas y acudió en su ayuda. Para darles protección, les ofreció los servicios de un genio bueno que él tenía a su servicio. Este genio que conocía muy bien de lo que era capaz su adversario, sabía justo lo que tenía que hacer para amedrentarlo. Una mañana el aliado de Neptuno se acercó hasta el genio malo para advertirle de que debía dejar en paz a las sirenas, puesto que estaban bajo la protección del rey de los mares. 

Pero el malvado no creyó las palabras de su contrapuesto, y siguió asustando a las sirenas. Por lo que un día, Neptuno cargado de furia, le otorgo el poder de la 'petrificación' al genio bueno para que este acabara con el enemigo. El genio malo al darse cuenta de que su vida corría peligro, intento salir del mar.

Sin embargo, no pudo hacerlo porque cuando estaba a punto de escapar, el aliado de Neptuno lo hechizó, y así quedó petrificado para siempre en la costa de Calpe, con forma de roca gigantesca, donde las sirenas pudieran descansar sobre él. 

Se dice además, que cuando la niebla invade el peñón de Ifach es porque el envidioso genio está tratando de escapar

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