En una semana donde ¡por fin! se han empezado a formalizar los pagos de las anheladas subvenciones a las comisiones, aletargados durante más tiempo de lo deseable, otro elemento, este realmente trascendente, se está planteando, por la puerta de atrás, a la gran familia de la Fiesta.



Cuando a finales de noviembre iniciaba esta columna semanal, lo hice hablando sobre lo que denominé el ‘cambiazo’. Es decir, la manera con la que la Federación de Fogueres ha articulado la modificación de las fechas de elección de nuestra bellea del foc, pasando de la cita primaveral vigente desde 1932, que marcaba el preludio de cada edición de les Fogueres, a ser ubicada en un anticlimático noviembre, despojada de la personalidad que durante más de 80 años ha envuelto este acto.



Pues bien, el próximo día 15, a modo de tardío Día de los enamorados para nuestra Fiesta, se celebrará una asamblea, en la que camuflado bajo la urgente propuesta para aprobar el programa de actos para el ejercicio 2022/2023 -no me nieguen la urgencia, cuando no tenemos claras las fiestas de este año-, en realidad se esconde una de las modificaciones más trascendentes, y al mismo tiempo arbitrarias de las últimas décadas.

Pero con ser grave el mismo, lo realmente censurable es la manera con la que el órgano rector ha escondido el mismo, como si albergara la modificación, semana arriba o abajo, del concurso de paellas. Hasta ahora, uno recuerda que cuando se planteaban modificaciones sustanciales, estas se ofrecían como un anteproyecto, dando un plazo para que las comisiones pudieran plantear alternativas, e incluso disponiendo un turno de intervenciones a favor o en contra de manera procedimental.

En una palabra, proporcionando la debida seriedad y permitiendo que los pros y contras de este cambio puedan ser escuchados por los representantes de las distintas comisiones. En esta ocasión no va a ser así, aunque bajo manga se haya realizado la debida campaña, y unas comisiones en líneas generales casi sin capacidad de reacción, ya lo han asumido como hecho consumado.



Al margen de la extravagancia del cambio, que para solucionar contingencias eventuales en materia de bellezas, se va a cargar la temperatura emocional y tradicional de nuestras Hogueras, lo que se dirime aquí es la absoluta falta de respeto a la Asamblea, privándola del necesario procedimiento y debate que tal decisión comporta. Como siempre, las formas lo son todo, y aquí han fallado de manera estrepitosa.



Lo he dicho ya en diversas ocasiones ¿Si algo ha funcionado durante décadas, para que cambiarlo? ¿Nos inventamos nuevas ocurrencias, para cubrir la emotividad que rodea todo el ciclo que culminaba en la elección como preludio primaveral de la cercanía de la Fiesta? Una modificación, además, que resulta muy difícilmente reversible una vez se apruebe.



Pero no se preocupen, que en la programación de mayo aparece un nuevo conejo sacado de la chistera. Nada menos que una “Fiesta Homenaje al Fuego” (sic) ¿Volverán los ecos de aquella olvidable Cabalgata del Foc que creó y mantuvo Tomás Valcárcel contra viento y marea, hasta que abandonó el mando de nuestras hogueras?



En el fondo, no es más que una triste metáfora de ese ‘neovalcarcelismo’ lleno de fantasía versallesca que se ha adueñado de las fiestas desde hace unos años, que por mucho que agobie, antes o después tendrá su fin. Lo malo será el estado de nuestro Sant Joan cuando este se disipe.