Alicante

La Policía Local de Elche ha detenido a un menor de 16 años por amenazar a su madre con una catana. Ante la llamada de la progenitora al 092, varias patrullas de desplazaron al domicilio y los agentes averiguaron por el testimonio de la mujer que los hechos se produjeron cuando intentó persuadir a su hijo de que recibiese asistencia psicológica para tratar su problema de drogodependencia y ataques de ira.

En ese momento, presuntamente, el menor esgrimió una espada japonesa, se acercó a ella y la amenazo reiteradamente. Según relató la víctima, no era la primera vez que mostraba agresividad o producía daños materiales en casa. Gracias a la intervención de la novia del joven, que lo distrajo, la madre pudo avisar a la policía y finalmente tranquilizarlo, consiguiendo que soltara la catana.

Los agentes informaron de la existencia de más espadas de este tipo en la habitación donde se encontraba el menor, tomando las medidas de precaución oportunas. Acto seguido, al hablar con él, éste reconoció los hechos, lo que motivó su arresto, traslado al centro de salud y la intervención de las catanas.

Otros precedentes

Este suceso, que por suerte ha quedado en un susto para la familia del menor, recuerda a otros precedentes de heridos por catana, un arma presente en muchas viviendas. Hace dos semanas, en Medina del Campo (Valladolid), un hombre fue detenido tras agredir con una catana a otro en la mano, que tuvo que ser intervenido de urgencia en el hospital comarcal. 

Por otro lado, hace solo cuatro días, la Policía Nacional detuvo en El Tarajal (Ceuta) a los autores de un robo en una nave industrial donde agredieron a un joven con una catana en la cabeza y tuvo que precisar de asistencia sanitaria. 

Aunque uno de los precedentes más mediáticos, y que más conmoción causó, tuvo lugar en Murcia en el año 2000 cuando José Rabadán, un joven de 16 años, mató con su catana a sus padres y a su hermana, con síndrome de Down. 

Con su detención y condena, a ocho años, el primer delito grave juzgado con la nueva Ley del Menor, se especuló sobre el uso de estas armas y sobre el motivo del crimen, que él mismo contó en el documental que produjo y emitió DMax en 2017“No fui yo, fue mi cuerpo, pero no yo. Me sorprendió mi propio acto. Sólo quería volver a mi cama para que no me viera, pero mi espada bajó, bajó sola”, asegura en el documental. Rabadán vivía entonces en Cantabria con su mujer y su hija.   

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