En el interior de la provincia de Alicante están pasando de los moldes de plástico a programar robots humanoides como los que se hacen virales por sus bailes. Así está trabajando el Instituto Tecnológico AIJU, que ha dado un paso de gigante al desarrollar y validar una arquitectura de software capaz de conectar un robot físico con su gemelo digital y un operador humano en tiempo real.
Este logro, enmarcado en el proyecto de I+D dual (civil y militar) ROCCA junto a otros seis centros españoles, busca enviar la habilidad de un especialista a escenarios peligrosos o inaccesibles sin arriesgar vidas humanas. Sin embargo, a pesar de la relevancia de esta innovación gestada en tierras alicantinas, el equipo investigador huye de las falsas expectativas.
Los vídeos virales de autómatas bailando o haciendo acrobacias en redes sociales han creado una percepción distorsionada sobre el estado real de esta tecnología. "La gente ve que los robots realizan una serie de tareas o movimientos en la televisión o en TikTok y se cree que eso es sencillísimo, que al robot le dices 've a este sitio' y lo hace, pero no es así", advierte Dioni Cartagena, investigador del departamento de Energía y Fabricación Avanzada de AIJU.
El especialista alicantino enfatiza que la mayoría de demostraciones públicas ejecutan rutinas preprogramadas que vienen de serie en las plataformas comerciales. "Si tú quieres que, en vez de hacer esas cosas, el robot abra una botella de agua o repare una lavadora, tendrás que enseñarle a hacerlo todo, incluso caminar", recalca Cartagena, señalando que la programación debe realizarse desde cero.
Frente al entusiasmo de empresarios que sueñan con un "trabajador mecánico" capaz de alternar múltiples tareas en la fábrica, la realidad técnica en la planta es mucho más pragmática. "En el estado en el que están, todavía distan muchísimo de ser la mitad de útiles de lo que la gente se piensa; de hecho, un robot humanoide es bastante más inútil que un brazo robótico industrial", sentencia el investigador.
Cartagena recuerda que mantener erguida una máquina bípeda exige un gasto tremendo de recursos. "Simplemente el hecho de mantenerse en pie, de caminar sin tropezarse o evitar obstáculos ya es un gran esfuerzo de entrenamiento", explica. Por ello, para la labor cotidiana en pymes, el centro alicantino suele recomendar "un simple brazo robótico o un cilindro, con el que lo van a hacer mucho mejor y más barato".
A la dificultad técnica se une el factor económico, ya que un modelo comercial básico oscila entre 20.000 y 30.000 euros, y supera los 50.000 o 60.000 euros en cuanto se incorporan manos articuladas prensiles. "Tener un humanoide moviéndose por la planta para distintas labores se podría conseguir ahora con mucho entrenamiento, pero no es algo que sea rentable. Al final lo que manda es el dinero", subraya Cartagena.
¿Dónde estriba entonces el verdadero valor del avance conseguido en Alicante? La clave reside en la teleoperación inmersiva en entornos de alto riesgo, como zonas con contaminación ambiental, escenarios de desastre o el frente de combate.
"Se trata de evitar que las personas tengan que desplazarse físicamente a esos puntos. Para conseguirlo, estamos trabajando en la conexión entre el robot real, el gemelo digital y el operador", detalla Cartagena sobre el proyecto ROCCA. AIJU no fabrica la estructura física de la máquina, sino el software de comunicación que permitirá controlar distintas marcas comerciales a distancia.
Con un horizonte de desarrollo a cuatro años, la meta operativa fijada en Ibi es sumamente concreta: "Queremos que este robot en concreto se dedique a reparar drones de uso civil o dual", revela el técnico, estimando entre un año y año y medio el tiempo de entrenamiento necesario. El operador podrá guiar las manos del robot mediante dispositivos hápticos de captura de movimiento o aprendizaje por demostración.
Este avance cobra una dimensión especial al considerar la trayectoria del centro tecnológico alicantino. Fundado hace cuatro décadas como Instituto Tecnológico del Juguete para nutrir a las empresas del antiguo Valle del Juguete, AIJU ha sabido evolucionar en paralelo a la industria regional. Del plástico y los moldes ha dado el salto a la energía limpia, la ergonomía laboral y la robótica asistencial.
Además, el trabajo desarrollado en Ibi se coordina en red con otros centros de la Comunidad Valenciana, como Inescop en Elda, que trabaja en la programación de perros robóticos con brazo incorporado. "Buscamos utilizar la robótica para colaborar con el trabajador en tareas repetitivas o de gran esfuerzo, no para sustituirlo", concluye Dioni Cartagena.
