En una provincia como Alicante, con una fuerte tradición inversora ligada al sector inmobiliario y al ahorro familiar, cada vez son más las mujeres que asumen la titularidad y gestión de viviendas, herencias o activos empresariales.
En España y en Europa la presencia de mujeres en la gestión de activos y en la toma de decisiones financieras está en auge.
Según recientes informes sectoriales, las mujeres controlan aproximadamente un tercio de los activos financieros globales y se espera que esta proporción aumente hasta entre el 40% y el 45% hacia 2030, reflejando un crecimiento más rápido de su riqueza en comparación con la media mundial.
Sin embargo, este creciente protagonismo no siempre se traduce en confianza o en un camino claro para planificar y gestionar el patrimonio.
Al respecto, Carmen Pérez-Pozo Toledano, abogada, CEO y fundadora de Grupo Pérez-Pozo, afirma que "muchas mujeres jóvenes que comienzan a tomar el control de sus bienes e inversiones expresan dudas sobre cómo estructurarlo de forma eficiente, cuándo es el mejor momento para tomar decisiones o qué herramientas utilizar para proteger su futuro financiero".
Las mujeres tienden a abordar la gestión patrimonial con un enfoque más prudente y orientado al largo plazo.
Esta forma de planificar suele priorizar la estabilidad, la diversificación y la protección de los objetivos personales y familiares frente a estrategias de alto riesgo o de corto plazo.
"Este enfoque más conservador, lejos de ser una limitación, puede favorecer resultados más estables en el tiempo y una mejor protección frente a imprevistos", señalan desde el Grupo Pérez-Pozo.
Desde Grupo Pérez Pozo insisten en que consolidar la independencia financiera femenina pasa por asumir una visión estructurada y consciente del propio patrimonio.
Para ello, consideran fundamental comenzar por un análisis exhaustivo de la situación económica personal, identificando con claridad los activos, pasivos, ingresos y gastos antes de diseñar cualquier estrategia de inversión o planificación.
A partir de ese diagnóstico, recomiendan fijar objetivos concretos a corto, medio y largo plazo, ya sea alcanzar la independencia financiera, adquirir una vivienda, garantizar la educación de los hijos, planificar la jubilación o estructurar un legado.
Definir metas claras permite que las decisiones económicas no respondan únicamente a impulsos puntuales, sino a un proyecto coherente en el tiempo.
Asimismo, defienden la importancia de diversificar con criterio, combinando distintos instrumentos financieros que equilibren seguridad y potencial de rentabilidad de acuerdo con el perfil de riesgo de cada persona.
Esta estrategia, bien diseñada, contribuye a proteger el patrimonio frente a la volatilidad y a maximizar las oportunidades de crecimiento.
La planificación sucesoria ocupa también un lugar central en esta visión integral. Anticipar la transmisión de bienes y derechos no solo evita conflictos familiares, sino que permite optimizar la carga fiscal y dotar de estabilidad al entorno familiar, concluyen desde la firma.
