Alicante
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Encontrar una vivienda digna y a un precio razonable se ha convertido en una carrera de obstáculos para miles de familias en España. La falta de oferta, el encarecimiento constante de los alquileres y la presión en las grandes ciudades y zonas turísticas han tensado un mercado que deja fuera a cada vez más personas.

Alquileres que suben más rápido que los salarios, pisos que duran horas en los portales inmobiliarios y jóvenes que retrasan su emancipación no son ya una excepción, sino la norma. En este contexto, la estabilidad en el alquiler se ha vuelto casi tan valiosa como el precio.

Por eso, la Ley de la Vivienda introduce una medida clave para los inquilinos: si tu vivienda está en una zona de mercado residencial tensionado, puedes acceder a una prórroga extraordinaria del contrato de hasta tres años.

Tres años más de alquiler

La Ley 12/2023, de 24 de mayo, por el derecho a la vivienda, refuerza la protección del inquilino en aquellas zonas donde los precios del alquiler se han disparado y el acceso a la vivienda se complica.

En estos casos, el contrato puede prorrogarse de forma extraordinaria durante un máximo de tres años, siempre en las mismas condiciones.

Según explican desde el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, "esta prórroga extraordinaria busca ofrecer estabilidad a los hogares que viven en zonas donde el mercado presenta claros desequilibrios entre oferta y demanda".

No se trata de una renovación automática indefinida, pero sí de un colchón temporal que evita mudanzas forzadas por subidas de precio o falta de alternativas.

Esta prórroga se suma a las ya existentes en la legislación. Los contratos de alquiler cuentan con una prórroga obligatoria de cinco años si el arrendador es persona física, o de siete si es una empresa, y una prórroga tácita posterior de tres años más. La novedad es este refuerzo específico para las zonas tensionadas.

Límites al alquiler

La ley también pone el foco en uno de los grandes miedos del inquilino: las subidas de la renta. Durante la vigencia de un mismo contrato, el alquiler no puede incrementarse por encima de los índices oficiales establecidos, lo que busca frenar aumentos desproporcionados año tras año.

En las zonas tensionadas, este control cobra especial importancia, ya que es donde más se ha acusado la escalada de precios. El objetivo es claro: evitar que la renovación del contrato se convierta en una amenaza para la economía familiar.

La normativa refuerza además otras garantías que afectan directamente al día a día del alquiler. Si la vivienda se vende, el nuevo propietario debe respetar el contrato vigente. Las garantías adicionales a la fianza quedan limitadas, y los gastos de gestión inmobiliaria pasan a ser asumidos por el arrendador.

Todo ello reduce las barreras de entrada y los costes iniciales, uno de los principales frenos para quienes buscan alquilar, especialmente jóvenes y familias con ingresos ajustados.