J. Meseguer
Alicante
Publicada

Theresa Zabell (Ipswich, 1965) es una de las figuras más influyentes de la vela española. Doble campeona olímpica y referente en la defensa de los mares a través de la Fundación Ecomar, ha dedicado parte de su trayectoria a navegar y a promover un océano más sostenible. Con motivo de su participación en iniciativas vinculadas a The Ocean Race, conversamos con ella sobre el creciente protagonismo de la mujer en el mundo de la vela, los retos que aún persisten en el ámbito náutico y la evolución de la vela olímpica desde sus éxitos en Barcelona 1992 y Atlanta 1996 hasta la actualidad.

Mariana Lobato y Sarah Stone ganaron hace unos días la primera The Ocean Race Atlantic y Francesca Clapcich ha sido segunda, a menos de nueve minutos de la victoria. ¿Qué le dice este resultado sobre el nivel que están alcanzando hoy las mujeres en la vela oceánica?

Bueno, lo que me dice es que las mujeres ya están al mismo nivel que los hombres. El hecho de que la mitad de la tripulación ganadora y la patrona de la segunda tripulación sean mujeres es algo que todas tenemos que celebrar, y es una noticia estupenda.

Clapcich, además, ha sido la única mujer al frente de un barco como patrona en esta flota. ¿Cree que estamos ante una nueva generación que ya no siente que tenga que pedir permiso para ocupar este espacio?

Absolutamente. Es que la realidad es que las mujeres ya no tenemos que pedir permiso. Llevamos muchos años diciéndolo, pero realmente, cuando llega el momento, a veces había algún que otro impedimento, o por parte nuestra o por parte de los que tenían que confiar en nosotras. Y muchas veces los que tienen que confiar en nosotras son hombres y quizás no sea tan fácil. Pero ya hemos llegado a ese momento en el que ser hombre o mujer, para ser patrón o patrona de un barco oceánico como aquí, en The Ocean Race, realmente es indiferente.

The Ocean Race Atlantic, además, ha establecido tripulaciones 50-50: 50% hombres y 50% mujeres. ¿Cree que llegará algún momento en el que ya no será necesario imponer la igualdad mediante ese reglamento?

Sí. De hecho, en otros ámbitos de la vida lo hemos visto. Hemos tenido que poner cuotas para poder dar ese empujón y poder llegar. Una vez que ya hemos llegado, yo creo que la mujer ha demostrado de sobra que no necesita las cuotas, que ya se gana su presencia por derecho propio, y las cuotas prácticamente dejan de existir. Quizás sea bueno dejarlas, un 50-50 o un 60-40, para que las mujeres, en un futuro, podamos proteger también el espacio de los hombres.

Usted fue pionera hace más de 30 años al ponerse al frente de tripulaciones masculinas. ¿Cómo recuerda esa experiencia?

Yo la recuerdo con muchísimo cariño. Ahora, realmente, cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de lo valiente que fui, porque ponerte al mando de un barco con una tripulación de 12 hombres, o más adelante con una tripulación de 17 hombres, era algo que se salía totalmente de la caja, de la normalidad. Conté con una tripulación, o con unas tripulaciones, realmente excelentes, que me apoyaron muchísimo. El armador, Toni Tió, me apoyó muchísimo y, allí dentro del barco, se creó una total normalidad. Esa fue la mejor noticia. Fuera del barco es cierto que la noticia no siempre era el resultado, y eso que ganamos todo. La noticia era, más bien, que había una mujer al frente de un barco de hombres.

Viendo hoy estos barcos y The Ocean Race Atlantic, ¿alguna vez se ha quedado con la sensación de que le habría gustado correr una regata como esta? ¿Qué cree que habría aportado aquella Teresa Zabell?

Seguro. Vaya, me habría encantado formar parte de una tripulación de The Ocean Race, de The Ocean Race Atlantic, de The Ocean Race Europe o de todas. Lo que pasa es que, cuando yo dejé la vela olímpica, realmente no tenía un paso más en ese momento, porque no había tripulaciones para mujeres y no confiaban en las mujeres. Con lo cual, me reinventé por otro lado, fuera de lo que es la vela de alta competición. Una vez que te has reinventado y tienes tus responsabilidades en otros ámbitos, es muy difícil soltarlas, volver y decir: ‘Ahora me voy en un barco durante un mes, dos meses, tres meses o a dar la vuelta al mundo’. Fue una oportunidad perdida, pero, por otro lado, también tuve el inmenso privilegio de pillar justo el momento en el que la vela olímpica femenina empezó a existir y el final de mi carrera para poder ir a los Juegos Olímpicos.

¿Qué significa para usted que Alicante vuelva a convertirse en el kilómetro cero de una de las grandes regatas de la vela mundial?

Para mí significa que España sigue estando en el mapa de las grandes competiciones deportivas en general y de la vela en particular. Los grandes eventos de vela, como The Ocean Race, tienen que servir para actuar como un imán para el deporte de la vela. La realidad es que tenemos que conseguir que muchas más personas naveguen en España para tener esa gran base, que algunas vayan subiendo en el escalafón y que tengamos españoles navegando en The Ocean Race y en todas las máximas competiciones.

En los últimos cinco Juegos Olímpicos, España ha conseguido siete medallas de vela, frente a las once de los cinco Juegos anteriores. En cuanto a los oros, han sido cuatro frente a ocho. ¿Cómo interpreta estos datos una doble campeona olímpica como tú? ¿Qué factores crees que explican estos resultados?

Una cosa que hay que tener en cuenta es que, en los cinco anteriores que acabas de mencionar, está incluido Barcelona. En Barcelona participamos en diez categorías, igual que ahora, y España ganó cinco medallas de esas diez. Es decir, cumplimos el 50% de las posibilidades, lo cual es altísimo. Cuatro de esas medallas de Barcelona fueron de oro y solamente la restante fue de plata. Por lo tanto, si quitamos Barcelona de la ecuación, posiblemente estemos más igualados. De todas formas, lo que a mí me parece un milagro es que España, en prácticamente todos los Juegos Olímpicos desde Montreal 76, esté en un cajón del podio, sea el primero, el segundo o el tercero. Con el número de personas que navegan en España, que sigamos ganando medallas olímpicas en vela me parece que tiene muchísimo mérito.

¿Qué más iniciativas considera que sería bueno tomar para incrementar la presencia femenina en la vela de alta competición?

Pues que muchas niñas naveguen. Cuando hay muchas niñas que practican un deporte, algunas, lógicamente, irán subiendo hasta arriba y se irán apasionando por ese deporte. Las que tengan más talento y más ganas de sobresalir llegarán hasta arriba. Para que las niñas lleguen arriba necesitamos prácticamente lo mismo que para los niños: que muchos practiquen ese deporte.

¿Qué le diría a una niña que quisiera probar el deporte de la vela?

Yo le diría que el deporte de la vela es un deporte maravilloso. Estás en contacto con la naturaleza y, además, la vela es una de las mejores escuelas para la vida. Lo que aprendes en un barco de vela no lo vas a aprender en ningún otro sitio: ni en la escuela, ni en la universidad, ni en una escuela de negocios. Así que, ánimo y a probarlo.

¿Qué hemos ganado al tener equipos españoles en ediciones previas y qué perdemos al no tener uno en esta competición?

Perdemos mucho, porque a los españoles que seguimos la regata y que estamos apasionados por ver cómo va la competición nos encantaría poder estar allí, empujando por un equipo nuestro. Por eso, yo animo a todos a que realmente hagamos un esfuerzo entre empresas, instituciones y deportistas para que, en la próxima edición de The Ocean Race, haya una tripulación española que nos pueda representar.