Alicante
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No era este el escenario que imaginaba el Lucentum hace apenas unos meses. Ni el club, ni la plantilla, ni la nueva propiedad mexicana que aterrizó en Alicante con la intención de impulsar un proyecto diseñado para mirar hacia arriba.

Sin embargo, la deriva de la segunda vuelta ha llevado al equipo alicantino a una situación límite en Zamora, a una última jornada convertida en un examen de supervivencia competitiva.

El conjunto de Rubén Perelló se jugará este viernes entrar en el playoff de ascenso a la ACB después de haber permanecido durante toda la temporada en posiciones de promoción. Noveno clasificado, el HLA Alicante conserva una mínima red de seguridad gracias al triunfo de la primera vuelta, ya que el Zamora necesita derrotarle por más de ocho puntos para arrebatarle la plaza.

El problema para el Lucentum no es solo verse obligado a jugarse la temporada en 40 minutos. El problema es cómo ha llegado hasta aquí. El equipo llegó a ocupar posiciones de privilegio durante buena parte del campeonato y en enero firmaba un balance de diez victorias y tres derrotas que invitaba a pensar en un final de curso ambicioso, incluso con factor cancha favorable en las eliminatorias.

Pero el paso de las semanas fue desgastando al equipo hasta convertir la ilusión inicial en un clima de ansiedad y dudas. Las tres victorias en los últimos ocho partidos han abierto una grieta que parecía impensable hace apenas un mes. El Lucentum ha perdido solidez, confianza y continuidad justo cuando la competición entraba en su fase decisiva.

"Sería muy cruel quedarnos fuera del playoff en la última jornada después de haber estado todo el año dentro, pero esto es el deporte", reconoció este jueves Rubén Perelló, afectado por la situación. El técnico balear admitió que el vestuario llega tocado a la cita decisiva.

"El equipo está tocado, porque lo podíamos haber cerrado antes –la clasificación–, pero ahora nos lo jugamos todo a 40 minutos", explicó el entrenador, que apeló al carácter competitivo de sus jugadores en el momento más delicado del curso.

La sensación es que el mercado invernal, pensado para elevar el techo competitivo del equipo, acabó alterando equilibrios que habían funcionado durante la primera vuelta. La llegada de refuerzos debía representar un salto cualitativo para consolidar al Lucentum entre los aspirantes al ascenso, pero el efecto terminó siendo mucho más cercano a una involución que a una mejora.

El equipo perdió fluidez, rotación y estabilidad en el juego mientras aumentaban las urgencias y la presión alrededor de un proyecto obligado a justificar la inversión y las expectativas generadas desde México.

Porque la mirada del nuevo propietario también estará puesta en Zamora. El aterrizaje empresarial en Alicante vino acompañado de un mensaje inequívoco. El Lucentum debía volver a convertirse en un aspirante serio al ascenso. El playoff era el mínimo exigible. Ahora ni siquiera eso está garantizado.

El partido también puede condicionar el futuro inmediato del banquillo. Perelló tiene contrato, pero el director deportivo, Armando Guerrero, ya dejó claro semanas atrás que las decisiones se tomarán en función de los objetivos alcanzados y del rendimiento final del equipo.

Pese a todo, el entrenador rechaza cualquier tentación conservadora.

"Hay que ser valientes"

"Tenemos una final a 40 minutos y con el average positivo. Será un partido muy emocional y hay que ser valientes", afirmó. "Si especulamos con los ocho puntos estamos muertos".

El Lucentum afronta así una noche incómoda e inesperada. Una final que hace unos meses parecía imposible de imaginar y que ahora amenaza con convertir una temporada diseñada para crecer en una decepción difícil de explicar.