Alicante
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El Hércules avanza, pero no despega. Doce jornadas después del relevo en el banquillo, los números ofrecen un matiz que invita a la reflexión. Con Beto Company al frente, el equipo alicantino ha sumado cuatro puntos más que en el mismo tramo con Rubén Torrecilla.

Sin embargo, y pese a la evidente diferencia de estilo y propuesta, la mejoría estadística no se ha traducido en el salto clasificatorio que la afición esperaba cuando se decidió el cambio de rumbo.

Company asumió el cargo en la decimotercera jornada, con el equipo instalado en una zona incómoda de la tabla y con la sensación de que el ciclo anterior había tocado techo.

Desde entonces, el balance es contenido pero estable. Cuatro victorias, seis empates y dos derrotas. Dieciocho puntos de 36 posibles que, sin ser brillantes, mejoran los 14 que había logrado su antecesor en idéntico número de encuentros.

Números aceptables, pero insuficientes para hacer olvidar el mal arranque de curso. El Hércules es décimo y continúa mirando con catalejo tanto la zona de promoción como el descenso.

Está más lejos del peligro que cuando se produjo la destitución de Torrecilla, pero tampoco ha conseguido engancharse al vagón de los aspirantes al ascenso.

La etapa de Torrecilla se cerró tras doce jornadas en las que el equipo perdió seis partidos, ganó cuatro y empató dos. Aquellos 14 puntos sobre 36 posibles, unidos a una dinámica irregular y a la pérdida de confianza en determinados momentos clave, precipitaron su salida.

Fue una decisión dolorosa, no solo por el vínculo emocional con el extremeño, sino porque venía de lograr un ascenso que devolvió la ilusión a Alicante.

Con Company, el equipo ha ganado en brillantez, en ocasiones, y en orden competitivo. Empata más, pierde menos, concede menos situaciones de descontrol. El equipo transmite una sensación de mayor equilibrio, aunque ese ajuste no se haya traducido todavía en una escalada firme en la clasificación.

Las dos derrotas sufridas en este nuevo ciclo han llegado, además, en el Rico Pérez, donde el Hércules aspiraba a construir una fortaleza sobre la que apoyarse para alcanzar la fase de ascenso.

En el apartado ofensivo, la mejora es ligera pero apreciable. El Hércules del técnico valenciano ha marcado 15 goles en estos doce partidos, cuatro más que en el mismo tramo con Torrecilla. Hay más presencia en área rival, mayor insistencia por bandas y una percepción de que el equipo genera más volumen de ocasiones, aunque no siempre con la eficacia deseada.

Defensivamente, el balance es casi idéntico. Catorce goles encajados, uno más que en la etapa anterior. La diferencia, por tanto, no está en la retaguardia, sino en la producción ofensiva a pesar de la reestructuración que ha sufrido la plantilla en el mercado de invierno.

A nivel clasificatorio, el contraste también es moderado. Torrecilla dejó al equipo a un punto del descenso y a cinco de la promoción. Con Company, el Hércules está a cinco de la zona roja y a cuatro de los puestos que permiten pelear por el ascenso. Se ha ampliado el colchón respecto al peligro, pero el objetivo ambicioso continúa a una distancia que exige una racha más contundente y sostenida.

El diagnóstico es evidente. Hay mejoría, pero insuficiente. El cambio de entrenador ha estabilizado al equipo, ha reducido la sensación de vulnerabilidad y ha incrementado la puntuación media. No ha provocado, sin embargo, el giro que convierta al Hércules en un candidato firme y reconocible.