En Alicante hay un equipo de fútbol diferente al resto. Un club que ha hecho del balón un refugio para sus jugadores. Migrantes y refugiados de países e historias diferentes que encuentran en el deporte un espacio inclusivo para romper fronteras.
Es miércoles y a las 18:30 h los jugadores del CEAR CF de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado van llegando a cuentagotas al polideportivo Inmaculada para preparar la temporada 2026/2027.
Pero también para encontrarse con compañeros convertidos en amigos, hacer deporte, mejorar su español y despejar la mente.
El último que llega saluda a todos sus compañeros antes del partido amistoso. Están de buen humor porque han ganado sus dos partidos de Copa y llegan con buenas sensaciones de cara al próximo inicio de la Liga Vistahermosa en octubre, la mayor competición amateur de la provincia con 110 equipos.
Este proyecto pionero de integración social a través del fútbol lo forman refugiados procedentes principalmente de África que han visto su vida amenazada por la guerra o por las condiciones de su país. También hay un refugiado de Ucrania y voluntarios españoles y latinoamericanos que completan el equipo.
Desde su modesta creación en 2019, fraguada en la conmemoración del Día Mundial de las Personas Refugiadas, el proyecto ha ido evolucionando y hoy lo forman alrededor de 17 jugadores.
Su entrenador, Sergio Clemente, asegura que esta actividad "les viene fenomenal porque, al fin y al cabo, ya no es solo un equipo de fútbol, sino que llegan a ser amigos y quedan fuera del equipo".
"Se ayudan para temas de trabajo o cursos. En CEAR tienen cursos y talleres, y los que vienen de CEAR informan al resto sobre lo que pueden hacer y las facilidades que tienen. Les viene muy bien estar integrados en el equipo de fútbol, no solo en el terreno deportivo, sino en toda su vida", apunta.
Equipo pionero
El de Alicante fue el primer proyecto dentro de todos los centros de CEAR y su éxito motivó la creación de sus clubes hermanos en Málaga, Valencia, Madrid y Gran Canaria, que reúnen a más de 100 jugadores semanalmente.
El entrenador Sergio Clemente (izquierda) con su equipo.
Clave de su éxito es la combinación de personas refugiadas con voluntarios. "Si no fuera así, no terminarían de integrarse del todo. Hablarían entre ellos en su idioma, y así aprenden el castellano, porque el resto de personas voluntarias son españoles, argentinos o de Chile", explica Clemente.
La plantilla que resulta de este crisol es tremendamente multicultural, con jugadores de Senegal, Costa de Marfil, Malí, Uganda, Marruecos, Sudán, Guinea, Ucrania, España, Argentina o Chile. Pero también han vestido esta camiseta personas de Estados Unidos o Bélgica.
La edad media es de 24 años, hacen el mismo recorrido hasta el campo cada fin de semana desde diferentes municipios como Alicante, San Juan, El Campello o San Vicente.
Jugadores
Youssouf es uno de sus futbolistas y lleva un año y medio jugando en el equipo. Llegó a Canarias huyendo de la guerra de Malí hace dos años tras un viaje interminable en una patera en la que el motor no funcionaba bien y casi se queda a medio camino.
Los jugadores del CEAR CF durante un entrenamiento.
"Si no me equivoco, lo que está escrito en mi papel es que tengo 28 años y tres meses. Nos mandaron a Madrid, luego a Cataluña y luego aquí", explica como buenamente puede en castellano.
"Estamos bien, jugamos siempre con el equipo, disfrutamos y nos vamos. El equipo me ayuda mucho a conocer más gente, a hablar bien y a buscar trabajo", señala.
Soumane, de 23 años, también ha encontrado en el fútbol una vía de escape tras salir de Guinea debido a la falta de empleo y a un problema de salud que no podía tratar por falta de dinero.
Tras recibir ayuda económica de un amigo en Senegal, abordó una patera en la que pasó una semana de travesía hasta Canarias antes de ser trasladado a la península.
"Tenía miedo al agua. En la patera no había buena comida, solo comíamos cuscús. Estuvimos 7 días en la patera", recuerda Soumane, quien lleva dos años viviendo en Alicante, en el barrio de Virgen del Remedio, en un pequeño piso compartido con un amigo.
"El equipo me ayuda para hablar español y para conocer a más gente. Pero no puedo trabajar porque aún no tengo papeles. Estoy esperando", dice este defensa antes de saltar al campo.
El partido está a punto de empezar y se va apurado. El balón aún no ha echado a rodar, pero, quizás por primera vez en mucho tiempo, ya van ganando.
