Elche

La victoria del Elche en el derbi autonómico ante el Villarreal dejó numerosas noticias positivas para la entidad franjiverde. Además de los puntos, la apertura de una brecha considerable sobre el descenso y la confirmación de que el trabajo del nuevo entrenador, Francisco Rodríguez, va por el buen camino, el partido añadió una celebración personal para el portero Edgar Badía, uno de los héroes del ascenso.

El barcelonés de 29 años, celebró a lo grande su partido número 100 en la entidad ilicitana. Además del triunfo, Badía, asentado de nuevo en la titularidad, blindó de nuevo su portería por segunda ocasión en tres jornadas.

Edgar Badía, es un tipo peculiar que se escapa del estereotipo habitual de los porteros alocados y excéntricos. El barcelonés es universitario, empresario, cinéfilo, viajero y tenista frustrado, entre otras muchas cosas, ha logrado echar raíces en tierra pantanosa, ya que la portería del Elche había sido territorio inestable en los últimos años.

Ya se pone a la altura en volumen de partidos disputados de otros grandes porteros de la entidad, como Miguel Recio, Emilio Esteban, Vidal, Patxi Iru o Willy Caballero, entre otros. Y todo solo en tres años, lo que confirma su enorme regularidad bajo los palos.

Fichaje de invierno

Badía llegó al club en el mercado de invierno de la temporada 2018-19 tras el descenso y desaparición del Reus y desde su incorporación fue titular en la portería del Elche, a excepción del tramo final de la pasada temporada y el inicial de la presente. Edgar Badía llegó al equipo avalado por sus buenas temporadas en el conjunto catalán y por su enorme bagaje en las selecciones inferiores de España (campeón de Europa y bronce Mundial).

Solo la falta de centímetros le cerró la puerta del Barcelona, en un primer momento, y después del Espanyol, donde llegó a debutar con el primer equipo. Lluís Planagumà, entonces director de la cantera blanquiazul, decidió apostar por Pau López para el filial y el primer equipo. Y Badía tuvo que hacer las maletas y viajar al filial del Granada.

Posteriormente se le abrieron las puertas del Reus, cerca de casa. Y no lo dudó. Con el equipo tarraconense ascendió a Segunda y se consolidó en la categoría hasta que llegó la debacle económica y su salida, en el mes de enero, al Elche, que estuvo rápido y atento a la desintegración del Reus para llevarse a uno de los principales valores.

El barcelonés fue pieza clave del Elche que se asentó en Segunda División de la mano de Pacheta y también determinante para lograr el heroico ascenso a Primera, culminado en Girona. También sostuvo al equipo en el peor momento de la pasada temporada en Primera, en la que se convirtió, con diferencia, en el mejor jugador del equipo durante dos tercios del campeonato.

También tuvo sus momentos delicados y de cierto ostracismo, como cuando Fran Escribá, anterior entrenador, decidió relegarle a la suplencia tras encajar tres goles en Huesca (3-1) en beneficio de Paulo Gazzaniga, ya en el tramo decisivo del curso.

Los últimos partidos y el milagro de la permanencia los vivió desde el banquillo, así como el inicio del presente campeonato, en el que el preparador valenciano apostó por el recién llegado Kiko Casilla. Tuvo que esperar al mes de noviembre, en un partido en Mallorca (2-2), para recuperar la titularidad. Y ya no la soltó. El portero que alternaba de niño el pádel con el fútbol y soñaba con ser una figura del tenis mundial ya es leyenda de la portería del Elche. 

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