La conmoción internacional por la sustracción del Tesoro de Villena ha traspasado las fronteras de la arqueología para reabrir una herida histórica sobre la custodia y seguridad de los grandes tesoros de España.
Gabriel García Atiénzar, catedrático en la Universidad de Alicante y uno de los mayores especialistas en estas piezas, cataloga a EL ESPAÑOL este asalto como "el robo del siglo" por la trascendencia de la colección.
"El Tesoro de Villena como conjunto arqueológico tiene un valor incalculable", destaca el catedrático, insistiendo en que reducir la pérdida al mero peso del metal precioso, 1,7 millones de euros, es un grave error de perspectiva.
"Más allá de los 9,7 kg de oro, más allá de las botellas de plata, más allá de las piezas de hierro, más allá del ámbar, es un conjunto que explica qué es la Edad del Bronce en España y en el continente europeo".
La magnitud del conjunto desaparecido es tal que García Atiénzar no duda en compararlo con los iconos absolutos de la cultura española. "El Tesoro de Villena es a la Edad del Bronce lo que la Dama de Elche a la época ibérica, o lo que el Guernica a la historia contemporánea".
Científicamente, este conjunto es el reflejo de las complejas sociedades del bronce tardío, en torno al 1300 antes de nuestra era. "El Tesoro de Villena se mueve en el mundo cultural de La Odisea", cita aprovechando el tirón de la película de Nolan, "es el mundo de los reyes de La Odisea lo que está reflejándose".
La suntuosa vajilla y los ornamentos servían para consolidar la autoridad de las jefaturas prehistóricas de la región. "Es al final una vajilla de oro en la cual las élites manifiestan su poder a través de los banquetes".
La exhibición de la riqueza era fundamental para el control social. Consta de "un conjunto de 28 brazaletes de oro a través de los cuales las élites expresan y manifiestan al resto del conjunto de la sociedad su posición privilegiada".
El tesoro de Villena es una prueba más de la conexión en la Edad de Bronce de las élites que gobernaban en territorios del continente europeo durante la prehistoria, uno de los temas que abordó en el Marq la exposición Dinastías con fondos prestados de 21 museos de 7 países. ¿Cómo se abordarán los préstamos entre entidades ahora?
Atiénzar cree que, de haberse custodiado en la capital, el Estado le daría un trato de máxima distinción. "Estoy convencido de que el Museo Arqueológico Nacional le dedicaría una sala exclusiva a este conjunto, igual que a la Dama de Elche".
Y esa mención toca uno de los puntos sensibles sobre el reparto del patrimonio. La ciudad con el doble patrimonio de la Humanidad, por el palmeral y el Misteri, no ceja en su empeño de tener el busto ibérico, aunque sea temporalmente.
Pero el no se mantiene firme desde Madrid. Ahora, con el robo a Villena ese planteamiento será más difícil. Y pese a ello, "la voluntad de que vuelva de manera temporal se mantiene", como reiteran fuentes municipales de Elche a este medio.
Centralizar los tesoros
Atiénzar defiende "que el patrimonio debe exhibirse y exponerse en el territorio al cual pertenece". Y eso que "la permanencia del Tesoro de Villena en Villena cuando fue descubierto en 1963 fue una excepción en la norma".
Una regla que recogía "que este tipo de conjuntos acabasen en el Museo Arqueológico Nacional, que acabasen centralizados en la capital del Estado".
La excepcionalidad del caso de Villena la atribuye a la audacia de un hombre clave. "Eso solo se explica gracias a la figura de José María Soler, la figura máxima de la historia y la arqueología de Villena".
Soler, doctor honoris causa por la Universidad de Alicante, tiró del hilo de los rumores de unos obreros en 1963 hasta descubrir el depósito en el que se encontraba el tesoro ahora robado. "Él consiguió que se quedase, lo cual es un mito que muy pocas localidades y provincias conseguían en aquella época".
Vaciar la historia
El profesor advierte de las consecuencias de despojar a las comunidades de sus señas de identidad. "Si no, al final acabaría todo en Madrid, o en Londres, o en el Louvre o en Berlín, dejando al resto de los territorios vaciados de nuestra historia". Una tendencia aceptada entre los científicos y especialmente en países que se consideraban expoliados durante el colonialismo.
Este 2026 los expolios son otros, los robos. "Desgraciadamente, se ha robado también en Badajoz y en Albacete en museos del patrimonio arqueológico", un tema por el que el experto transmite la preocupación que ha compartido con otros colegas.
García Atiénzar matiza que la vulnerabilidad no se debe a la negligencia de los centros locales. "Los museos para estar abiertos deben cumplir unos mínimos de seguridad que en los casos mencionados se cubrían sobradamente; pero, claro, frente a gente especializada, poco se puede hacer", concluye.
