La culpa, los cuidados de personas dependientes y, de forma central y descarnada, el duelo perinatal. Estos son las bases de la novela El intervalo, la primera que escribe Aurelio Serrano. Este abogado se lanza a la literatura para hablar de un tema tabú, la muerte al final del embarazo.
Sentado en una céntrica cafetería de Alicante, Aurelio se va abriendo poco a poco al igual que hace con el lector que se adentra en su debut literario. Y a pesar de la crudeza del relato, aclara de inmediato que "no es autoficción". Sin embargo, Serrano admite que la historia nace de una necesidad muy íntima: "Contar o escribir sobre un dolor propio".
Se trataba de un sufrimiento que, tras doce años de silencio, ya no estaba en fase aguda, sino que era "un dolor ya sordo, bastante enquistado por el paso del tiempo". Para salir de ello, Serrano recurrió a la escritura como una herramienta de desgarro frente a la violencia del dolor. "Creo que explica bastante bien de dónde viene mi necesidad de romper un silencio de doce años", confiesa el escritor al referirse a la motivación detrás de su obra.
El origen del libro fue humilde pero decisivo. Todo comenzó con un taller de narrativa de ocho horas en la escuela Club Renacimiento de Murcia, impartido por los escritores Miguel Ángel Hernández, Leonardo Cano y Ginés Sánchez. El cuento final de 900 palabras que Serrano redactó para el taller no solo le gustó, sino que terminó ganando un premio de narrativa.
"Eso me motivó e hizo que pensara que podía salir algo interesante de ahí", relata el autor. El impulso le llevó a completar varios cursos de narrativa y a rescatar aquel relato del cajón para convertirlo finalmente en la novela que hoy ve la luz.
Uno de los mayores retos de Serrano fue enfrentarse al proceso de ficcionalizar una vivencia tan cercana. "Yo tenía muy claro que quería escribir sobre ese dolor, pero necesitaba ficcionar la historia", señala, añadiendo que "la historia de un dolor la puedes ficcionar, el dolor no: el dolor está o no está".
Estructuralmente, el autor buscó que la historia empezara in media res. Siguiendo el consejo de comenzar "tan cerca del final como puedas", optó por dosificar la información, mostrando al inicio solo la punta de un iceberg de secretos. Esta técnica, sumada a una gran abundancia de diálogos, otorga a la obra un carácter marcadamente visual.
El proceso de escritura, no obstante, estuvo plagado de bloqueos creativos que escondían un trasfondo emocional. Serrano confiesa que le aterraba el dolor que se producía a sí mismo "removiendo" el pasado, y el daño que podía causar a su entorno. "Hablar de mi dolor implicaba utilizar el dolor de otras personas muy importantes para mí", confiesa.
Serrano tuvo que tomar decisiones difíciles por una cuestión de respeto y honestidad con el lector. "Llegué a la conclusión de que si quería contar la historia, tenía que contarla sin pedir permiso a nadie", afirma con firmeza, reconociendo el gran coste personal que le supuso: "Yo no había tomado nunca Lexatin hasta que empecé a escribir esta novela".
El momento cumbre de esta catarsis llegó el 1 de mayo del año pasado, cuando el autor le entregó el manuscrito terminado a su esposa. "Me tomé dos lexatines, me fui a pasear por la playa tres o cuatro horas y volví", recuerda con emoción. Aunque admite que ella lo pasó muy mal leyéndola, el impacto fue sanador: "A través de la novela le dije cosas que no había sido capaz de decirle en su momento".
Casi un año después de su publicación el pasado mes de noviembre, El intervalo sigue cosechando una respuesta "inmejorable" por parte de los lectores. Serrano comparte con asombro cómo desconocidos le contactan a través de redes sociales para revelarle sus propias heridas abiertas tras sentirse profundamente interpelados por la novela.
"Escarbando sobre mi dolor, he llegado un poco a las raíces del mismo", reflexiona Serrano. Para el abogado y escritor, la ficción ha cumplido su objetivo más noble: "Ir de lo concreto a lo más universal". Y así romper el tabú de un tema tan invisible en la literatura contemporánea como el duelo perinatal.
