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Una entrevista arranca la segunda novela de Marta Pérez Carbonell, la autora que la crítica compara con Javier Marías y de la que alabaron su "espléndido debut". La autora, que vive en Alicante, viaja con esta obra a la Italia que creó estrellas como Sofia Loren y Claudia Cardinale para hablar de memoria: "Todo lo que no es presente es ficción".

Desde el balcón del restaurante Teselas, con el Mediterráneo enfrente, la autora se sitúa en el inicio de su libro con una actriz que repasa su vida ante un amigo periodista. En Mañana seguiré viva (Lumen) la vida de la protagonista tiene "muchas cosas ocultas, como una hija con la que no tiene relación" y diversos aspectos que mezclan eventos reales con la pura invención.

La autora explica que, aunque el escenario es histórico, los personajes principales son fruto de su creatividad. "Ella es inventada, su director también", afirma, destacando que esta elección le otorgó "la libertad también de hacer como ficción" dentro de un marco de realidad.

Uno de los pilares centrales de la novela es la naturaleza de los recuerdos. Pérez Carbonell sostiene una tesis clara: "Todo lo que no es presente es ficción", argumentando que cualquier mirada al pasado está inevitablemente teñida por la imaginación.

Para la escritora, el acto de recordar es un proceso de manipulación involuntaria. "La memoria es absolutamente traicionera", asegura. Y por eso añade que es imposible acceder a un "recuerdo cristalino" de nuestra propia infancia o pasado.

En la trama, el periodista Lorenzo intenta capturar la esencia de la actriz Linda Rams, pero ella cuestiona esa posibilidad. "¿Qué van a entender?", se pregunta el personaje en el libro. Por eso defiende que "en el pasado todos son sombras y solo podemos novelar el recuerdo".

Marta confiesa que la novela es, en gran medida, "una rememoración de la fantasía de esa época", más que de la época real en sí misma, y que sus cineastas retrataban con comedias como Pan, amor y fantasía, en las que se reconocía la miseria de la posguerra.

Esta conexión con Italia nace de sus propios viajes por el sur, Florencia, Roma y Venecia. Para dar forma definitiva a la historia, la autora realizó un viaje a Capri con el primer borrador bajo el brazo. "Me fui a Capri como una excusa, fue una excusa buenísima", admite risueña sobre su visita al hotel Punta Tragara.

En el lobby de dicho hotel, vivió un momento casi mágico al ver la que terminaría siendo la imagen de su libro. "Esta foto que hoy es la portada estaba enorme encima de un sofá. Yo dije: 'Bueno, aquí se ha cerrado un círculo'".

Incluso recurrió a una pequeña travesura para conocer la habitación donde imaginaba a su protagonista. "Le dije [al recepcionista] que estaba pensando regalarle a mis padres un fin de semana en esa suite y que si me la podían enseñar", relata con humor.

Esa estancia en la isla le permitió ajustar detalles geográficos y sensoriales. Por ejemplo, "reescribí la descripción de esos limoneros porque en persona era una cosa tan exuberante" que sentía que debía reflejarlo mejor en el texto.

Finalmente, Pérez Carbonell vincula esta necesidad de ficcionar el pasado con su propia relación con Alicante, ciudad que considera su "casa" y que ha idealizado como su "ciudad de la infancia".

Aunque nació en Salamanca y vive en Estados Unidos, su marido es alicantino y su hija ha nacido aquí, reconoce que el Mediterráneo y su luz impregnan su obra. "No es casualidad que las dos novelas que he escrito las haya escrito volviendo a este lugar", concluye sobre su vínculo emocional con la costa alicantina.